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Lunes, 5 de Octubre de 2009 - Actualizado a las 20:11h
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La Europa comunitaria respira aliviada tras el fin de semana, al conocerse el sí
irlandés al Tratado de Lisboa. O, cuando menos, lo hacen sus
representantes políticos, ya que entre la ciudadanía se
sigue adivinando un alarmante desinterés hacia este proyecto.
Sea como fuere, a la segunda, fue la vencida, y los irlandeses dieron
el viernes luz verde a la reforma del entramado institucional europeo,
quince meses después de que echaran por tierra el proyecto de
Constitución. El por qué de este nuevo escenario
habría que buscarlo, por tanto, en la habilidad demostrada por
los políticos irlandeses favorables al sí para
amplificar la tesis de que Irlanda no perderá poder en el seno
de la Comisión y para convertir el viento en contra de la crisis
en un vendaval a favor de la alianza europea, alimentando el miedo de
que fuera de ésta hace mucho frío. La lectura en clave de
política interna tiene también mucho que decir. El primer
ministro, Brian Cowen
, ha evitado ponerse al frente de la nave del sí
, dificultando de esta forma la tentación de la oposición
partidaria del Tratado de usar el referéndum para desgastar al
Gobierno. El cajón de sastre de los partidarios del no,
que acogía desde católicos a izquierdistas radicales,
tampoco invitaba al voto a los sectores sociales que buscan, sobre
todo, la estabilidad. Otro factor que ha podido influir es que los
defensores del Tratado de Lisboa no han hecho hincapié en el
texto del mismo, sino que han preferido elevar el debate a cuestiones
de seguridad económica y normalidad política. Esta
realidad contrasta, sin embargo, con lo manifestado por el presidente
de la Comisión Europea, Durao Barroso , quien mostró su alegría por el sí
irlandés asegurando que "cuando explicamos Europa, podemos
lograr un gran apoyo a nuestro proyecto". Ahora las miradas se dirigen
a Polonia y, sobre todo, a la República Checa. Respecto al
primero, se da por sentado que su presidente, Lech Kaczynski ,
firmará por fin, una vez desarmada su coartada irlandesa, el
acuerdo adoptado ya el año pasado por el Parlamento polaco en
favor del Tratado. El de la República Checa es ya otro cantar.
El euroescepticismo de su presidente, Vaclav Klaus , no es la
mejor garantía pero esta Europa demostraría mucha
debilidad si no lograra convencer a uno de sus miembros más
modestos.
Gracias por su comentario
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