
Tribuna Abierta
en sus últimas indicaciones, los gestores de la crisis nos dicen que el vigente supuesto de que los mercados se regulan de forma automática no es tan cierto y, por lo tanto, hay que volver a controlar parcialmente los mercados. Y hay que hacerlo urgentemente, sobre todo en aquellos que tienen un componente especulativo mayor. Nos dicen también que con el control de las burbujas, en este caso financieras, se pueden reducir los riesgos de generación de procesos de desconfianza encadenados, evitando así repetir una crisis financiera de esta naturaleza.
Así se evitarán nuevos desastres, aunque, en este caso, la crisis entra ya en la economía real, en el paro, en la reducción de los ingresos ciudadanos y en la recaudación pública a través de los impuestos. ¿Llegaremos siguiendo esta senda a un crecimiento negativo o recesión, o andaremos muy cerca? Nadie lo sabe con certeza pero es posible. Serán quizás dos o tres años para volver a recuperarnos y, ¿quedar cómo?
Vemos en las respuestas de los socialistas gobernantes cómo España busca su lugar en el G20 y acuerda con los países europeos el necesario esfuerzo económico para sostener a los bancos e incorporar en sus recursos crediticios dinero público. Mientras, los partidos de orientación derechista están de acuerdo con esta solución, pero siempre que estos recursos se destinen a las familias más desfavorecidas y a las pymes como sectores más débiles, desfavorecidos y perjudicados en la crisis. ¿Discurso inimaginable? ¿Qué ha cambiado? Puede que sin darnos cuenta los idearios de unos y de otros hayan convergido más de lo que parece y que se esté haciendo mucha dialéctica política pero sin muchas propuestas novedosas.
Ahora que se habla de refundar la economía, ¿no habría que refundar otra cosa que es la forma en la que valoramos la realidad económica y social en la que vivimos? Se escuchan diferentes opiniones de representantes de corrientes de pensamiento de izquierda que dicen que estamos tan inmersos en una economía global sin retorno que lo único que se puede hacer es ajustar algunos parámetros de un sistema vigente que creen que no funciona. No sin acierto dicen que hemos entrado en una sociedad en la que el individualismo se ha instalado fruto de un progreso económico.
Ya no nos necesitamos tanto los unos a los otros como cuando dominaba la escasez y las necesidades de apoyo mutuo en lo material eran mucho más apremiantes. Se hace necesario volver a reinterpretar las intenciones de unos y otros en una sociedad tecnológicamente mucho más desarrollada, sin escasez de medios materiales, con un deterioro ambiental, con un alto nivel de envejecimiento, muy intercomunicada y que afronta los retos del bienestar social y de la equidad global del planeta.
Se trata, seguramente, de ver el cambio no tanto en las cosas sino en los valores sociales y de revalorizar principios hoy marginales. Refundar los principios significa hacer que el desarrollo y prestigio personal no sea el referido a la posesión de bienes o poder -de cualquier tipo- sino al reconocimiento social de otros principios también residentes y emergentes en esta sociedad.
Sabemos que el individualismo y el colectivismo, arquetipos de los modos de orientar la posesión de los recursos productivos de las épocas pasadas, no son válidos para organizar la sociedad actual, en un desarrollo constructivo y sensato que nos lleve al futuro. El individualismo exacerbado y el maximizar el propio beneficio como finalidades personales o sociales nos llevan a los excesos con los que vemos emerger las crisis. Por otra parte, el colectivismo radical supone acogerse a un modelo de protección externo y aproximarse fácilmente a un espacio de dejación de la responsabilidad individual a través de la crítica fácil del que manda y de la cultura de los derechos colectivos sin obligaciones personales.
Debemos ser adultos capaces y responsables y saber crear cosas para uno mismo y para los otros con un afán de superación personal, como el valor fundamental de la herencia que nos dejó la Ilustración hace ya dos siglos. Recordemos su mensaje, Atrévete a saber para actuar .
Capitalismo y socialismo, a secas, no encajan con el espacio a construir, y los dos tienen sus puntos fuertes, pero en nuestros días no sirven. No vale con ponerse en la mitad mirando un día a un lado y otro al otro. No parece muy coherente ir por la mañana a una manifestación reivindicando derechos laborales, que está muy bien, y luego por la tarde ir a adorar a las estrellas del fútbol en el día del club contra un equipo multimillonario. Es difícil ser coherente pero es lo que más necesitamos.
La refundación no es sólo económica sino algo más. Es algo más que volver a la economía real, es volver a la coherencia y al sentido común aplicado a cada momento de nuestra vida y, sobre todo, a las decisiones, sin dejarnos llevar por lo más fácil y que a la larga revienta. ¿Quién no ha hecho cuentas de lo que valía su casa en los días de la burbuja inmobiliaria? Nos sentíamos todos tan ricos dentro de la burbuja. ¿Y ahora?
Una propuesta para refundar algo que no sea la economía, para que todo siga igual y dentro de tres años -cuando se haya olvidado este susto- aparezca la próxima burbuja, sería reordenar el prestigio de los oficios y de los modos de relación intergeneracional. Se trata de encarar una forma de vivir más austera y ecológicamente más sostenible, con una vocación de aprendizaje continuo y con nuevos modos de valoración social de las personas, haciendo de la aportación social y de la coherencia un valor importante.
Las personas apreciamos y depositamos más confianza en los individuos o profesiones que para nosotros construyen acuerdos, que indagan sobre la materia o la vida, que crean cosas para todos o solucionan problemas. Por contra no confiamos en los que trabajan para ellos solos, viven del desacuerdo o en quienes abusan de otros a través de sus competencias o poder.
Si no coinciden la valoración social de determinadas profesiones con su presencia en los medios de comunicación -lo cual es evidente-, no estaremos ante otra burbuja educativa, especulativa y comunicativa. ¿Tiene correspondencia la dedicación de tiempo a los temas sociales a través de los medios de comunicación con lo que la gente aprecia de las instituciones y personas o, por el contrario, existe una alta disociación entre ambos aspectos? ¿De qué manera el mundo de la comunicación tiende a hacer la noticia de quienes resuelven los problemas reales de la sociedad o le es más fácil recurrir al debate agrio e interminable del disenso?
Los medios de comunicación, sin duda los instrumentos de la educación masiva, son ocupados continuamente por los que viven en el desacuerdo, y en mucha menor medida por los que crean y construyen para todos. Éstos, desgraciadamente y por lo general, suelen tener que esperar a los epitafios o al reconocimiento póstumo.
La coherencia no abunda. La incoherencia es la incubadora de las burbujas, de estas pasadas y de las que vendrán. Ser coherente es muy beneficioso en lo personal y en lo social, y además nos protege de muchos conflictos muy caros, alejándonos preventivamente de las próximas burbujas.
* Aldaizea, ingeniería de Ideas
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