
nunca nadie ha oído hablar de que la bella durmiente fuera la encargada de salvar al príncipe o que resultara Caperucita Roja la que le parara los pies al lobo ayudando al fornido cazador. La sociedad está repleta de pequeños símbolos que educan desde los primeros años en unos roles que sientan las bases de una desigualdad. Sería bonito pensar que, por una vez, la chica fuera la encargada de salvar al chico de sus múltiples problemas.
Y hoy día algunos hombres quieren ser príncipes de cuentos diferentes. De esos que no se encuentran fácilmente en las librerías. Una fábula que empieza con un hombre que cuida a sus hijos y no tiene miedo de dar un buen abrazo a un amigo. Que tiene a su princesa y asume que ella puede ser la encargada de salir y que sabe que esa relación sólo será para toda la vida si se cuida cada día y se alimenta con respeto. Y que, aun así, a veces no terminará en un vivieron felices y comieron perdices para siempre. Un príncipe también valeroso porque, a pesar de que parezca protagonista de un cuento al revés, se siente orgulloso de ir a contracorriente de una sociedad que no le ha educado en esos valores sino en unos mucho más machistas.
Un hombre que es la semilla de lo que se quiere para el futuro, una sociedad más paritaria que eduque en valores de igualdad a las futuras generaciones y ponga así las primeras herramientas para derruir definitivamente el muro de la violencia de género. Una esperanza en la que trabajan desde hace muchas mujeres y una lucha a la que se unen ahora cada vez más hombres.
Y es que no se trata de un problema sólo de chicas porque ellas sean, en su gran mayoría, las víctimas. Cada vez que una persona recibe un golpe o una vejación psicológica toda la sociedad debe ser consciente de que resulta dañada ante un hecho que debería generar vergüenza.
Por ello, la gente debe dar una vuelta de tuerca y asumir que ésta es una lacra que afecta directamente a unos pocos pero incumbe a todos. Se trata de valores básicos como respeto e igualdad que se inculcan a través de la educación y, en el caso de ser ya mayores, poner voluntad para quitar prejuicios.
eduardo portilla Con esa intención se apuntó Eduardo Portilla a un curso que impartía la asociación Ongiz en colaboración con el Instituto Foral de Bienestar Social para la prevención de la violencia de género y que ahora llevará la dirección de Igualdad como concreción local del proyecto Gizonduz del Gobierno Vasco. "Yo me apunté y estuve dos años y medio de formación para reconstruirnos como hombres machistas", cuenta. "La historia nos ha marcado y se nota en cómo segregamos las labores de la casa, nos enseñan a ser más autoritarios, en cómo nos implicamos en el cuidado de los niños y en la falta de contacto físico", explica. Éstos son algunos de los rasgos que él ha descubierto que arrastraba sin saber.
Porque en la mayoría de los casos, el machismo no se reconoce más que en la labores más evidentes como en las labores de las casas, pero no en otra multitud de pequeños detalles. Eduardo, sin embargo, sabe admitir ahora que hay cosas que mejorar pero que "todo se educa". Quizás una de las cosas más complicadas sea la relación con los niños por el contacto físico y porque la opción de reducir la jornada para cuidar de ellos, en lugar de la mujer, parece imposible. "A mí me cuesta lo de contar hasta diez para no gritar alguna vez a los críos, porque no siempre vale. Es cuestión de que muchos hombres se den cuenta de que ganan estando con sus hijos", explica con la experiencia de quien redujo su jornada para dedicarse a sus pequeños.
Y aunque el machismo existe, también el hembrismo. "Alguna señora en el bus ya me ha dicho que los niños llevaban poca ropa y tenían frío y también nos debería doler que nos desautorizaran como padres", explica. En cuanto a la situación actual afirma que las cosas deben cambiar. "En nuestra generación y en los adolescentes, hay una ola difícil de la relación de posesión y el papel de la chica de víctima. En eso tiene muchos que ver la relación de desigualdad y si no se reeduca a ambas partes, esto puede acabar en maltrato", advierte. Su mensaje para el próximo martes, Día Internacional para la eliminación de la violencia contra las mujeres es claro: "Que todos nos posicionemos en contra de la violencia".
xabier odriozola Xabier Odriozola es precisamente uno de los impulsores de la asociación Ongiz, con la que Eduardo realizó el curso. Él lleva trabajando más de 20 años en grupos de hombres y, por ello, conoce la situación al dedillo. Establece tres tipos de hombres en función de su actitud: los más retrógrados, los que no se definen y aquellos conscientes de la necesidad de igualdad, pero en distintos niveles. "La violencia de género es del primer grupo, del segundo hay a veces una conformidad y, del tercero, sale poca violencia", explica para una mejor comprensión. Él asume que el principal problema que tienen los hombres para favorecer la equidad es el miedo a asumir el papel que hasta ahora han tenido las mujeres. "Los hombres, cuando perdemos los roles sexistas, es cuando ganamos. Éste es el discurso que debe transmitirse para atraer hacia la igualdad", explica.
Y por eso señala la importancia de la educación. "De pequeños nos enseñan a ser lo contrario de las chicas o a estar en su contra. No nos pueden gustar sus colores, ni auparnos iguales, ni llevar la carpeta de cierto modo. Nos identificamos con los que están encima y eso es el hombre", evidencia. Pero afirma que hay esperanza y que, por ello, es necesario que los hombres también formen parte de este movimiento. "Es importante que los hombres estén en la calle porque genera masa crítica. Algunos nos damos cuenta de que la situación actual es inaceptable y que la igualdad también es cosa nuestra. Hay opciones porque la sociedad tiende a mejorar", constata.
poldo santos Odriozola trabaja ahora junto a la dirección foral de Igualdad y el Grupo de Hombres por la Igualdad en Álava (GHIA) en la preparación de un centro que se dedique a la formación y reeducación y que se espera que eche andar esta misma legislatura. Uno de los principales responsables de GHIA, Poldo Santos, también quiere dejar claro que "es un problema de toda la sociedad. Los hombres también estamos en contra de la violencia", reivindica.
Y es que, a su juicio, el maltrato es una realidad contra la que todos deben luchar "creando una nueva forma de ser hombres". Para Poldo esto se consigue con una educación en escucha, solidaridad y respeto. "No somos más por el hecho de ser hombres. Pero se nos ha educado por nuestro género y a la mujer a adaptarse a esta relación. Se nos ha inculcado un sentimiento de superioridad, tenemos que ser fuertes, valientes, casi superhéroes. Lo que hay que pasar es a ser más sensibles", invita.
Y también tajantes porque aunque "el maltrato es una punta del iceberg muy pequeña, es algo intolerable y supone una minoría que existe y que hay que cambiar. Debe haber un cambio en los valores, en cosas que hay interiorizadas, y educar para que en las próximas generaciones haya hombres más sensibles y solidarios", espera Santos.
javier aspuru Por ello, este próximo martes el Grupo de Hombres por la Igualdad de Álava se concentrará en la plaza de Los Fueros a partir de las 13.00 horas para dar la cara y el respaldo en el Día Internacional para la eliminación de la violencia de género. Allí también estará Javier Aspuru, más en calidad de hombre que de diputado de Juventud y Promoción Social, porque es consciente que sin una participación total "no habrá una sociedad más justa e igualitaria". Por ello ha invitado a todos los hombres que trabajan en la Diputación a que den un paso al frente y se impliquen también en esa jornada tan especial. "Quiero hacerles un llamamiento porque hay que visualizar la implicación de los hombres en este problema. Y también lo hacemos con proyectos que revisen los modelos masculinos", explica.
Y es que, como asegura el diputado, ésta es un realidad de mujeres y hombres. "Hemos logrado que se visualice el problema y ahora se trata de que se implique no sólo el 50%, sino toda la sociedad", anima.
Para que un día la princesa salve al príncipe o a otra princesa, quién sabe. Porque en la actualidad la sociedad avanza y la violencia machista no supone sino un manchón intolerable en un cuento que todo el mundo desea que tenga un final feliz.
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