
Kristin Armstrong pedalea hacia el oro olímpico.Foto: efe
vitoria. "¿Si tengo algo que ver con Lance Armstrong? Soy estadounidense, como él, compartimos apellido y me llamo Kristin, como su ex mujer". La simpática respuesta se descolgaba de la boca de Kristin Armstrong en 2005, minutos después de cazar la medalla de bronce en el Mundial de crono de Madrid. Armstrong. Su apellido era un estruendo. Leña seca para una biografía ardiente ligada al mejor ciclista estadounidense de todos los tiempos. Pero la respuesta de Kristin fue un cortafuegos. Papel mojado. Armstrong no tenía nada que ver con Armstrong. Su bronce se quedó en una anécdota, casi como su oro un año después en Salzburgo. Arco iris descolorido. Ocurre que Armstrong, la ciclista, no lo contó todo. Se guardó un pedazo de su historia que la hubiese equiparado al astro de Texas. Porque Kristin obvió que ella también, como Lance, fue triatleta antes que ciclista y que una grave enfermedad, una osteoartritis en la cadera que le diagnosticaron en 2001, le obligó a dejar de correr y de nadar para enfrentarle en la soledad de un garaje de Boise (Idaho) a una bicicleta, a la que decidió subirse. Tampoco habló Kristin a los periodistas de su espartana disciplina, de su convicción en el método, equiparable a la que llevó a Lance a retar al invierno helado de Alpes y Pirineos antes de acometer su primera asalto al Tour. El método, "el secreto" guardado en el bolsillo al que hacía referencia la estadounidense horas antes de comenzar su participación en los Juegos de Pekín en los que ayer culminó una carrera deportiva con un oro en la crono femenina que arrancó hace 28 años en una piscina de alguna parte de Italia, donde había sido trasladado su padre, Bill, coronel en los Marines, al que también siguió a Japón antes de regresar a Estados Unidos para ingresar en la Universidad de Idaho.
Allí, en Idaho, en la pequeña Boise en la que recaló después de graduarse en la universidad encontró Armstrong el pasado mes de enero el lugar ideal para preparar la crono de los Juegos de Pekín. Su visión era un trazado calcado al de la crono olímpica. Tiene nombre: Bogus Basin Road. Un circuito de 14 millas que se eleva hasta los 3.500 pies y que es hermano gemelo del que había memorizado la norteamericana en diciembre en su reconocimiento al trazado chino. Le había llevado hasta allí su celo profesional y el consejo de Connie Carpenter-Phinney, hasta ayer, dueña del único oro femenino que ha dado el ciclismo estadounidense. La atrapó Carpenter en la crono Juegos de Los Ángeles de 1984 en la que batió a Rebecca Twigg por menos de una décima de segundo. Ganó, sin duda, porque en febrero de aquel mismo año había estudiado cada metro del trazado, cada curva, cada descenso, cada subida. Como Armstrong, que en diciembre lo grabó todo en un GPS y buscó en su hogar de Idaho el circuito que más se asemejase al de Pekín, el de Bogus Basin Road. Hizo surco en aquel asfalto. Lo interiorizó. Lo hizo suyo, como el oro que se colgó ayer por delante de Emma Pooley y Karin Thurig, que completaron un podio al que no se subió, por un segundo, por un detalle, Jeannie Longo, la ciclista eterna.
© DIARIO DE NOTICIAS DE ÁLAVA
Avda. Gasteiz 22 bis 1ª Oficina 13 · Vitoria - Gasteiz · ÁLAVA ·
Tel 945 163 100 · Fax Administración
945 154 344 · Fax Redacción 945 154 346
Oficina Comercial Calle Portal del Rey, 24 (Esquina calle Paz). Tel 945 201000. Correo electrónico oficinacomercial@noticiasdealava.com
Enlaces patrocinados:
Limpieza |
Alquiler de coches |
Viajes |
Tatuajes |
Decoración |
Peluquerías |
Pintores |
Muebles de cocina |
Casas rurales |
Apartahoteles |
Pisos e inmobiliarias |
Disfraces |
Agencias de publicidad |
Electrónica |
Disfraces |
Agencias de publicidad |
Cirujanos y cirujía estética |
Restaurantes |
Guarderías |
Gimnasios |
Informática |
Bancos |
Trabajo |
Hosting |
Hoteles en Vitoria |
Iberia |