
Representación de la Epifanía en la localidad navarra.Foto: Sonia Senosiáin
EN una tierra de paso entre las primeras sierras pirenaicas y la depresión del valle del Ebro, en el margen izquierdo del río Aragón, se asienta el municipio de Sangüesa. Su paisaje presenta la vegetación propia de la zona media de Navarra, donde las choperas son las únicas formaciones arbóreas espontáneas. Su origen y desarrollo -el de la localidad- va unido a la situación geográfica que ocupa, una encrucijada natural de caminos entre la ribera y la montaña, que ha favorecido el paso de distintos caminos o rutas a lo largo de la historia.
Actualmente, Sangüesa la Vieja se identifica con la localidad de Rocaforte, emplazada sobre un promontorio rocoso. Esa zona está llena de numerosos resquicios romanos y desempeñó un papel fundamental en la defensa de la cristiandad contra los musulmanes durante el siglo X.
Dos siglos después, el Camino de Santiago propició el nacimiento de Sangüesa la Nueva, en la llanura del territorio. Rápidamente, se convirtió ésta en una villa muy importante de la Ruta Jocobea. Se fue conformando alrededor del puente y del Palacio Real de Sancho Ramírez, situación de la actual ciudad.
Vista su historia, ésta también destaca por ser una localidad con una riqueza natural sobresaliente. En el término de Sangüesa se encuentra el paraje conocido con el expresivo nombre de Entrambasaguas, porque en él confluyen los ríos Irati y Aragón. Antes de desembocar en el Aragón, el Irati engrosa su caudal con las aguas de los ríos Erro, Urrobi, Areta y Salazar.
Zona de aguas en la que se han producido gran cantidad de riadas. No en vano, las crecidas del río Aragón tienden a inundar los edificios que descansan en sus orillas. En 1430, la Reina Blanca de Navarra otorgó a la población ciertos privilegios de mercado, como la reparación de los daños sufridos por una importante inundación. La pujanza económica y social atrajo, durante la Edad Media, a comerciantes, peregrinos y artistas; prueba de este esplendor es su rico patrimonio artístico.
Sangüesa ha sido siempre uno de los principales centros mercantiles de la montaña, ya que recibía a numerosas embarcaciones gracias a sus caudales fluviales. Asimismo, por ella pasaban los rebaños procedentes de los valles de Salazar y Roncal hacia las Bárdenas Reales. Éstas son un paraje natural semidesértico, cuyos suelos han sido erosionados por el agua y el viento, circunstancias que han creado formas sorprendentes como barrancos, mesetas o cerros solitarios.
A principios del siglo XX, con la creación del ferrocarril El Irati, hoy desaparecido, se mejoró la comunicación con Pamplona. Aquel tren era conocido como el Escachamatas y fue uno de los pioneros en tracción eléctrica y vía estrecha del país.
El espectáculo de las almadías Se conservan datos desde el siglo XIV del transporte de troncos por el río Aragón. Cuando todavía no existía el transporte moderno, la madera utilizaba los ríos formando almadías, una especie de balsas de troncos unidos entre sí. Esta actividad se llevó a cabo hasta los años 50, cuando se construyó el pantano de Yesa. A partit de 1971, la bajada de almadieros se considera un acto de folklore navarro.
Los viajeros deberán cruzar el puente metálico que hay sobre el río Aragón si quieren conocer la ciudad. Tras superar el río, se toparán con uno de los mayores tesoros románicos que tiene: la iglesia de Santa María la Real. En ella, se pueden apreciar escenas en relieve de animales monstruosos, leyendas y los estamentos de la ciudad medieval, entre otras cosas. A los propios elementos de interés, se le une la proximidad a lugares de atractivo histórico y paisajístico de primer orden, como el embalse de Yesa, el castillo de Javier, el monasterio de Leyre y los valles pirenáicos.
Tanto los edificios civiles como las iglesias y conventos evocan épocas de esplendor y descubren una ciudad ligada a sus tradiciones. Sangüesa, ciudad de arte e historia, celebra con singularidad la festividad de los Reyes Magos, uno de los cinco autos sacramentales de España y el único de Navarra. Se trata de una representación centenaria, escrita en verso hacia 1900 por el padre capuchino José de Legarda para exaltar la epifanía.
El cortejo de los reyes a caballo, sus pajes y un gran gentío se dirigen por las calles de la ciudad. Al final del recorrido, les espera el portal de Belén con sus santos personajes y con sus pastorcillos. >m.o.m.
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