Diario de Noticias de Álava

Javier González de Durana, Director de Artium y próximo responsable de Tenerife Espacio de las Artes

"Cuando el museo nació, Vitoria no tenía nada; hoy existen Artium, Montehermoso, Krea... en algo habremos ayudado"

A mediados de julio dejará su puesto al frente de Artium para afrontar un nuevo reto, la puesta en marcha del centro Tenerife Espacio de las Artes (TEA). Javier González de Durana despedirá así siete años en los que ha encabezado el equipo que hizo nacer al museo alavés

Carlos González enviar a un amigo imprima este texto texto normal texto medio texto grande

Vitoria. Está relajado. Se le nota nada más verle. Sabe que su ciclo en Vitoria ha llegado a su fin después de siete años, "el 20% de la vida laboral de cualquiera", dice. Habla con pasión de su futuro en Canarias, la misma con la que defiende su labor en la capital alavesa. El Reina Sofía estuvo a punto de ser su nueva casa hace unos meses, aunque al final será TEA quien le reciba. "Otra vez a empezar de nuevo, eso me gusta", apunta.

Lo primero, ¿por qué?

Porque tengo una clara percepción de haber acabado la tarea para la que se me contrató. Cuando se me llamó hace siete años, el trabajo a realizar estaba bien definido: primero, idear el museo; segundo, organizarlo; tercero, habilitar las herramientas físicas y humanas para abrirlo y seguir camino; cuarto, inaugurarlo, haciendo que en ese momento ya se intuyera la línea que se quería llevar; y quinto, lanzar el museo hasta adquirir una estabilidad y una proyección importantes. Eso ha llevado siete años. Ya el año pasado, cuando pusimos en marcha el Plan Estratégico 2006-2009, yo empecé a sentir esta sensación de fin de ciclo. Llegamos a un momento en el que el museo funcionaba de una manera muy armónica y sólida, con lo que yo me podía relajar, estar de viaje, acudir a ferias, congresos... Pero justo en ese momento es cuando empecé a sentir la sensación de inquietud. El cuerpo me pedía enfrentarme a nuevos retos. La calma museística no me parece interesante. Es bueno para mí y para el museo que no siga. Artium necesita un nuevo director o directora que consolide lo andado y ofrezca aire nuevo.

Y ahí empezó a buscar.

Sí. El año pasado empecé a otear otras posibilidades. Apareció la posibilidad del Reina Sofía, me presenté y quedé finalista. A raíz de eso, en Tenerife se dieron cuenta de que yo me quería mover y me invitaron a que me presentarse al concurso para dirigir TEA.

Con su marcha se abre el melón de la sucesión, por decirlo de alguna manera. ¿Cómo se debería afrontar el relevo?

Bueno, eso es competencia del patronato de Artium. Se puede optar por el nombramiento directo, por el concurso público o por la promoción interna. Los tres son legítimos, pero defiendo el sistema del concurso por dos motivos fundamentales. El primero, porque aporta a la legitimidad institucional la que ofrece el sector artístico, los colegas del sector. El segundo, porque Artium ha sido uno de los que en su día alentó la redacción del Código de Buenas Prácticas asumido por el Ministerio de Cultura, documento que apuesta por este sistema como el mejor.

¿Teme que el sucesor desmonte el equipo nacido hace siete años y que casi no ha variado en este tiempo?

El Plan Estratégico de Artium ha sido elaborado por todos los que trabajamos aquí. ¿Puede haber una especie de fundido en negro? Sería una perdida de tiempo y una muestra de desconfianza hacia el equipo un tanto preocupante. Espero que la persona que venga aporte cosas nuevas, pero no creo que ni el elegido dé un salto en el vacío ni las instituciones estén por la labor de hacer giros bruscos.

¿Tiene su lista de preferidos?

No. Y creo que no debería formar parte de un hipotético jurado. Si me retiro, ya está, no puedo condicionar más el futuro. De hecho, ahora, de cara a decisiones de compras y proyectos he dejado de tomar decisiones porque no quiero interferir. Artium es un museo muy atractivo para muchos profesionales, tanto para los que ya trabajan aquí como para otros de fuera. Lo único que quiero es que, más allá de los nombres, se elija el mejor proyecto posible.

En su marcha sigue habiendo voces muy críticas con la labor del director del centro.

Este museo ha estado sometido a requerimientos numerosísimos y de muy distinta factura desde el primer día, como si un museo fuese una fórmula mágica. Se nos ha pedido, al mismo tiempo, que generásemos turismo pero que fuésemos rigurosos y científicos, que atendiéramos a los artistas locales pero que trajésemos artistas internacionales y que Artium fuera bandera de vitorianismo y alavesismo más allá de las fronteras del territorio, que fuéramos muy populares pero que fuéramos exigentes, que atendiéramos a los vecinos más cercanos y sus intereses urbanos pero que viajásemos al extranjero... Se nos han pedido tantas cosas y tan incompatibles entre sí que lógicamente hay descontentos. Ante todo eso, mi actitud ha sido tirar por la calle del medio. Es decir, no casarme con nadie y defender nuestro proyecto de museo de forma honesta. Y eso lo hemos logrado y así se reconoce fuera de Álava. Luego hay discrepancias que pivotan sobre tonterías, sobre si vivo aquí o si no he pasado por la galería de alguno... eso son memeces. Fuera de aquí somos percibidos como un museo modélico. De hecho, en Tenerife me han pedido que haga lo mismo que en Vitoria después de analizar muchos museos del Estado.

Con la experiencia que dan estos siete años, ¿cuál es el punto fuerte del museo?

El equipo humano. Esto es algo que hemos perseguido desde el principio, que Artium fuese autosuficiente en la producción cultural, que hubiera un material cultural alavés merecedor de ser compartido y que esa alta calidad no dependiese de otros agentes de fuera. El 85% de lo que se ha mostrado aquí es producción alavesa, aunque eso no nos haya dado repercusión mediática. Lo que pasa es que lo que llama la atención es el fuego artificial, no la labor constante aunque silenciosa. El modelo del museo basado en el espectáculo banal tiene un costo en el futuro.

¿Y el gran debe?

Esa visibilidad mediática generadora de tirón turístico. Ni lo hemos querido ni lo hemos podido conseguir, aunque eso nos haya hecho estar un tanto ocultos.

En el plano personal, ¿qué considera que ha aportado?

Darle cuerpo físico y cultural a la suma de actividades que hemos desarrollado, y explicar que todo lo hecho responde al objetivo de fortalecer el espíritu cívico y social a través de la herramienta del arte. También he hecho mis pequeñas aportaciones en forma de exposiciones y publicaciones, añadiendo mi particular acento.

¿Qué se le ha quedado en el tintero, por decirlo así?

De las cosas importantes, ninguna. He tenido la fortuna de contar el apoyo con los patronos y he luchado mucho por defender nuestro presupuesto, evitando que no se rebajase ni un ápice, algo que espero que se mantenga en el futuro.

Eso sí, se va sin que nadie se haya llevado medio millón de euros a casa. ¿Son situaciones que afectan a la imagen de los museos en general?

No. Lamento que Guggenheim se vea implicado en una historia tan triste. A Vidarte ya le he mandado un abrazo por lo que le están haciendo pasar. Pero eso es algo puntual, que no nos afecta, que hace sufrir a un museo que debe poner unos mecanismos de control más exigentes. Pero ellos sabrán cómo lo hacen. De todas formas, también te digo que el Guggenheim no es el modelo de museo que a mí me gusta. No me gusta que tengan tan poca autonomía de gestión y de programación, no me gusta que esté tan orientado a la industria del entretenimiento del consumo fácil y rápido, me gustaría que tuvieran tensión interna sin depender tanto de Nueva York, y me gustaría también que tuviera mayor implicación con el territorio. Es decir, lo que se decía en un principio que iba a ser Guggenheim. Tiene una visibilidad enorme, mucha más que nosotros, pero no el mismo reconocimiento del sector artístico que tiene Artium.

Sin dejar del todo el centro bilbaíno, cuando usted llegó a Vitoria se criticaba un día sí y otro también el edificio diseñado para Artium poniendo como contra-ejemplo el Guggenheim, algo que siete años después puede que se haya relajado pero no ha desaparecido. ¿El inmueble ha sido una rémora?

El edificio es como es, es la máquina que tenemos, hay que trabajar con ella y punto. En términos operativos, la funcionalidad interna es bastante buena, de notable alto. Es verdad que externamente es un edificio un tanto duro, adusto, seco y por lo tanto que genera un cierto rechazo visual, sobre todo en comparación con el Guggenheim. Pero es lo que tenemos y con lo que hemos trabajado, incluso suavizando un tanto su imagen con distintos elementos. ¿Ha sido una rémora? A tenor de lo que se sigue diciendo siete años después, parece que sí.

¿Cuando se marche a mediados de julio dejará una ciudad que ha evolucionado mucho o poco desde que usted llegó?

Ha evolucionado bastante. Sin querer apuntarnos ningún mérito, a nuestro paso, no por nosotros pero sí a nuestro paso en Vitoria antes de Artium nadie hubiera imaginado un cúmulo de actividades culturales contemporáneas como las que existen ahora; nadie hubiera imaginado que iban a pasar las exposiciones y artistas que han acudido, era impensable. Pero al hilo del tirón de Artium, aunque algunos lo pongan en duda, el centro cultural Montehermoso ha pegado un gran subidón. ¿Hasta qué punto el Ayuntamiento no ha facilitado eso por mimetismo con nosotros? ¿Hasta qué punto Krea no existe también por un impulso que Artium comenzó? Es decir, cuando este museo nació, Vitoria no tenía nada. Al cabo de siete años, está Artium, está Montehermoso, está Krea, está... En algo habremos ayudado.

¿Se va de una ciudad que se sigue considerando a sí misma un pequeño pueblo?

No. La de Álava es una sociedad muy desarrollada en muchos aspectos. Es complicado sorprender a Vitoria, entre otras cosas porque es una ciudad muy madura y tolerante. Hay cosas que nosotros hemos propuesto que creíamos que iban a causar polémica pero que Gasteiz ha sabido entender y comprender con una tranquilidad impresionante. Y eso es gracias a que no es un pueblo, todo lo contrario.

Decía la consejera Miren Azkarate la semana pasada que Javier González de Durana puede ser un gran embajador del País Vasco en Tenerife. Le pido que, de momento, haga el papel contrario y dé unas pinceladas del nuevo proyecto que va a encabezar, TEA.

Se encuentra en una situación bastante parecida a como estaba Artium en 2001. Hay un edificio en marcha, hay una colección, aunque no tan significativa como aquí, y hay una serie de personas que están trabajando sobre lo inmediato. Todo lo demás está por hacer. Lo que yo presenté al concurso es un anteproyecto que quiero mejorar y ampliar cuando tenga todo el equipo humano. Es un edificio de más de 20.000 metros cuadrados, el doble que Artium, que ha sido diseñado por Herzog y De Meuron. Está, para hacernos una idea, en la plaza de la Virgen Blanca de Tenerife, es decir, en el mismo centro. Es un edificio bastante discreto por fuera que por dentro se engrandece. La pieza más importante es una biblioteca enorme, un espacio para mil personas concebido casi como un chill out . Hay un espacio muy grande para exposiciones temporales, también está el reservado a la colección de Oscar Domínguez, un artista surrealista tinerfeño clave en la historia de las vanguardias españolas, aunque no queremos hacer un santa santorum, sino poner su obra en relación con otros. En ese punto, me interesa mucho mirar al arte en Latinoamérica y África, dos zonas con las que Canarias es puente. TEA está concebido como un lugar de pensamiento. Lo que el Cabildo no quiere es atraer más turismo. Eso les sobra.

¿No se le ocurrirá llevarse a nadie de Artium hasta allí?

Igual lo intento.

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