
Foto: ARCHIVO MUNICIPAL DE VITORIA
Hacer un repaso a los miles de nombres que se han subido a su escenario o se han hecho realidad entre sus paredes gracias al cine sería imposible. Han sido tantos que la lista seguro llenaría aquellos 2.400 metros cuadrados, ocupados antaño por Electra Vitoriana, que sirvieron para construir el Nuevo Teatro de Vitoria. Hoy, cuando tanto se habla sobre su futuro, las tablas del Principal se preparan para cumplir el próximo 18 de diciembre su 90 cumpleaños. Casi nada.
La compañía Garnieri-Marchetti tuvo el honor de inaugurar el coloso en 1918. Un mes después, ya en 1919, se proyectó la primera película, Tosca . Y es que las artes escénicas y el séptimo arte han ido muy ligados durante décadas a la existencia de un inmueble que ha tenido tres grandes dueños a lo largo de su historia, ha vivido varias reformas (de mayor y menor calado) y ha pasado por momentos muy duros (como el cierre a finales de los años 20 y su truncada venta a la Compañía de Jesús para convertirse en una iglesia) y otros más agradables.
En definitiva, una historia apasionante en la que miles de vitorianos han tomado parte, que ha dejado risas, lágrimas, abucheos, reflexiones e incalculables pequeños detalles que cada uno de los que ha pasado por este lugar guarda en lo más íntimo. Un pasado que, a pesar de todo, hoy algunos siguen sin respetar, maltratando de forma pública lo que fue, es y debe ser este escenario.
En realidad, Gasteiz ya contaba con un Teatro Principal levantado en el siglo XIX, que fue pasto de las llamas el 12 de agosto de 1914. Su destrucción dejó a la capital alavesa sin un lugar bien acondicionado para acoger espectáculos importantes, como bien recoge Juan Carlos Centeno en su libro Los teatros y cines de Vitoria. Arquitectura para el espectáculo .
Aquel desgraciado suceso movió a la sociedad alavesa a impulsar varios proyectos con el objetivo de levantar otro coliseo, esta vez en la calle San Prudencio. Unos, como el llevado a cabo por Ángel Eguileta, fracasaron al dar casi los primeros pasos. El que al final consiguió su objetivo fue el impulsado por la Sociedad Nuevo Teatro en Vitoria, constituida en el Círculo Vitoriano y que consiguió reunir, gracias a la aportación popular, 385.000 pesetas para levantar esta infraestructura. Eso sí, en su realización no influyó sólo la cuestión monetaria, sino también la implicación desinteresada del arquitecto Cesáreo Iradier.
Se da la circunstancia (cosas que tiene la vida) que el primer boceto de este inmueble situaba su aforo en 1.500 localidades. Casi un siglo después, la ciudad sigue con la misma cifra en la cabeza para el futuro auditorio.
En realidad, al final se inauguró con 1.345 butacas ya que a lo largo de la construcción se realizaron determinadas modificaciones sobre los planes iniciales. Iradier plasmó en esta aventura todos sus conocimientos e influencias madrileñas de la época. Planeó un teatro a la italiana siguiendo la estructura clásica: limpio, sobrio, con una acústica excelente (¡90 años después se sigue hablando de lo mismo!) y una magnífica distribución de espacios.
Ricardo Uralde y Salustiano Mendía se encargaron de la construcción, llevando a cabo durante el proceso determinados cambios y mejoras, completando un edificio mejor incluso del previsto (fue uno de los primeros en la capital alavesa en los que se utilizó un elemento relativamente nuevo: el hormigón armado).
El 11 de diciembre de 1918, la Junta de Espectáculos dio su visto bueno al complejo, como recogía el periódico La Libertad , y ese mismo día la Banda Municipal de Música ofreció un pequeño concierto para comprobar la acústica del lugar, "ofreciendo un magnífico resultado", como plasmó El Heraldo Alavés . El día 18 llegó el gran momento de la apertura oficial y comenzó una historia que llega hasta hoy.
Momentos de cambio La década de los años 20 supuso la apertura de otros espacios, como el Teatro Príncipe, el Ideal Cinema y el Salón General, que conllevaron una alta competencia para el Nuevo Teatro. Fue una de las causas por las que la sociedad, que hasta entonces había levantado y dirigido el inmueble, decidió venderlo en 1928.
Los primeros compradores fueron los jesuitas, pero sus planes de levantar una iglesia y una casa para sacerdotes nunca vieron la luz. El escenario estuvo cerrado casi tres años, hasta que Vitoriana de Espectáculos lo adquirió, lo reformó (perdiendo unas 50 localidades) y lo volvió abrir el 7 de noviembre de 1931.
Entre las novedades que se incluyeron se encontraba una nueva cabina para la proyección de cine, actividad central durante muchos años del teatro. Eso sí, el emplazamiento no viviría muchos años de estabilidad, en lo que a su aspecto se refiere. A finales de la década de los años 40 se levantó a su lado el Gran Cinema Vesa, lo que implicó más mejoras y cambios.
La última reforma de calado fue la apertura del Iris Salón, una pequeña sala para cine de arte y ensayo construida en 1975. Para entonces, el Nuevo Teatro ya había cambiado de nombre por el de Teatro Principal.
El último impulso El final de los 70 y los años 80 marcan el declive de este escenario. El Festival Internacional de Teatro y otras actividades impulsadas desde las instituciones (sobre todo, el Ayuntamiento de Vitoria), fundamentan una programación de la que la iniciativa privada se desentiende.
El estado del inmueble es cada vez peor y ya en 1987 se encarga a Antón Yeregui un estudio para llevar a cabo una restauración de calado. Es curioso observar que en ese momento se entiende que el escenario se ha quedado pequeño para cierto tipo de espectáculos y se plantea la ampliación de las tablas, eliminando los palcos y las plateas del proscenio. Sin embargo, esto no se lleva a cabo (aunque es una posibilidad que hoy puede volver a estar encima de la mesa).
Lo cierto es que en 1990, el Consistorio, la Diputación y el Gobierno Vasco compran a VESA el Principal por unos 250 millones de pesetas y, bajo la dirección técnica de Carlos Sergnese, acometen una amplia reforma técnica y estética, dejando el aforo en unas 1.000 butacas. Las instituciones abren un proceso, además, para elegir un director del espacio que, sin embargo, acaba en fracaso.
La reapertura al público tiene lugar el 15 de junio de 1992. Desde entonces, el Principal ha seguido su camino sin excesivos problemas, aunque los planes municipales sobre la construcción de un nuevo auditorio en Lakua han abierto muchas dudas sobre su futuro, llegando a ser utilizado como arma arrojadiza por los partidos políticos.
Lo que parece claro es que el teatro seguirá con su actividad aunque sobre la mesa hay una nueva reforma que está por concretar. Demasiados interrogantes para un espacio veterano pero activo y vivo que merece respeto.
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