
VITORIA. La vida sigue igual en el universo baskonista. Otra victoria insulsa con idénticos ingredientes. Nada nuevo con respecto a lo padecido ante el Menorca o el Lietuvos Rytas en espera de que rivales más rutilantes y dotados de otro pedigrí determinen la verdadera medida de esta plantilla.
El Baskonia clama por el regreso de sus lesionados. La conclusión ya es evidente. Entre que faltan piezas determinantes para el engranaje, algunos elementos no dan un paso adelante y, básicamente, el sacrificio colectivo en defensa brilla por su ausencia, su estado actual dista mucho del que sería el deseable a estas alturas de la película.
Con independencia del forastero de turno que aparezca por el Buesa Arena, el sufrimiento permanece inalterable. Jugando con fuego de forma sistemática por culpa de su tibieza atrás, viviendo casi siempre del inagotable talento que anida en su plantel y, sobre todo, encomendado a la magia de Prigioni, el futuro se presenta incierto. Con más sombras que luces.
El timonel argentino volvió a erigirse en el brazo ejecutor baskonista. Un partido que tenía muy mala pinta ya dentro del último cuarto (74-73) lo convirtió por sí mismo en un aparente paseo triunfal, algo que a la postre no fue tal pese a lo que se deduzca del holgado marcador. Y todo gracias a la descomunal inspiración de un jugador en permanente estado de gracia a la hora de dirigir y martillear el aro visitante.
El TAU, que se movió siempre a impulsos, despertó a tiempo de su pronunciado letargo. Su falta de consistencia, especialmente atrás, estuvo a punto de costarle muy caro. Mientras el combinado de Spahija no corrija esos desajustes y eleve varios decibelios su intensidad, que por momentos parece de patio de colegio, corre el riesgo de pasarlas canutas ante cualquiera.
debilidad al descubierto Menos mal que enfrente estaba un grupo tierno y sin referencias interiores de peso. El Polaris Murcia evidenció en Vitoria por qué ha ganado únicamente un partido a domicilio. Fuera de su guarida, no tiene las garras afiladas para dar el susto en una pista tan compleja.
Cosido con alfileres y privado de sus mejores cancerberos defensivos (Mickeal y Vidal), el conjunto vitoriano tardó muy poco tiempo en destapar su fragilidad. A raíz del segundo cuarto, reaparecieron las últimas pesadillas. Hussein encontró en el banquillo algún peón de lujo (Robles y Kammerichs) para discutir la hegemonía local.
Triguero se autoeliminó de la cita de forma absurda, pero el argentino y Lou Roe -dos cuatros muy móviles- no defraudaron su confianza y pusieron patas arriba el recinto alavés. Risacher, un veterano ya de vuelta, también provocó innumerables quebraderos de cabeza y enrojeció los mofletes a más de uno. Pese a ello, el TAU reaccionó a tiempo a base de calidad. Ese brusco manotazo en la mesa le permite asegurar el tercer puesto y seguir la estela de los primeros.
La ascendencia de Prigioni en el juego es cada vez más espectacular y, a la vez, preocupante. El albiceleste ve el baloncesto como nadie -que se lo pregunten por ejemplo a Planinic o Rakocevic, más pendientes de hacer la guerra por su cuenta- y se halla en estado de gracia. Sus triples estratosféricos, sin obviar la ayuda de Muoneke, lideraron ese racial parcial de 16-3 que abortó cualquier conato de rebelión (90-76). Con el equipo al completo, la visita del Aris debe ser un punto de inflexión.
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