Editorial
Por buen camino
Circunscribir al ámbito estrictamente económico el acuerdo presupuestario que ayer llevaron a buen término en Álava PNV-EA-Aralar y los socialistas tras varios meses de negociación es reduccionista y fruto de una lectura superficial. El pacto es otro hito que apuntala los primeros pasos de la política vasca por un nuevo camino más positivo que los derroteros alambicados por los que se ha arrastrado los últimos años. No es casualidad que jeltzales y socialistas hayan sido también capaces de pactar algunas partidas en los Presupuestos Generales del Estado. Aunque se trate de diálogos estancos -entre otras cosas porque los agentes implicados son diferentes-, todos ellos nacen de un entendimiento global que propicia a su vez un clima proclive al acuerdo. El Gobierno español, el alavés, el de Vitoria e incluso el vasco -que puede ser el siguiente en aunar voluntades en torno a sus Presupuestos- están sustentados en mayorías simples. Si actúan con responsabilidad, los partidos de la oposición tienen en esas situaciones una herramienta de primer orden para reflejar su impronta en las instituciones. Y las formaciones de gobierno tiene la obligación democrática de abrir sus cuentas a las aportaciones del contrario, porque, al margen de partidismos, están en juego los recursos destinados a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. En este caso, tanto
Txarli Prieto
-que ha sabido separar la negociación presupuestaria de la tensión política que le enfrenta con los nacionalistas- como
Xabier Agirre -que ha demostrado cintura para liderar con garantías de gobernabilidad la Diputación- han cumplido los respectivos papeles. Pero además, el hecho de que se trate de un acuerdo entre diferentes tradiciones políticas demuestra que la transversalidad no es una entelequia filosófica, es una palanca con la que impulsar el desarrollo del país. También se pone de manifiesto que las diferencias doctrinales y la confrontación de proyectos alternativos no con incompatibles con la praxis del arte de lo posible. Para ello, no basta con mostrar voluntad de negociación, hay que sentarse en la mesa con espíritu de cesión. La capacidad de dialogar de los partidos que lideran las instituciones alavesas es un soplo de aire fresco en la habitación cerrada que habían dejado de herencia los anteriores equipos de gobierno.