En un rincón semioculto
Forman parte de mis recuerdos de infancia y juventud las sobremesas aquellas de las excavaciones arqueológicas en las que, de la mano de Zoilo Calleja, repartíamos ejemplares del Cancionero alavés del que nos lanzábamos a cantar una tras otra las melodías de Donnay, Aranburu, Iradier y otros. Uno de los momentos cumbre era cuando arrancábamos con aquello de En un rincón semioculto de la cámpiña alavesa hay un humilde molino de bella rusticidad, dos molineros ancianos y una nieta a quien adoran tranquilas pasan las horas escuchando al molino cantar …. Era El Molino de Legardagutxi.
Desde que vivo en La Puebla, uso con frecuencia el tren y veo a diario las ruinas del molino aquel en un rincón que cada vez es menos semioculto, acosado por el tren y la nueva N-I, sintiendo cada vez más cercano el desarrollo de Jundiz. Hace unos días, aprovechando el tiempo que estas fechas nos ofrece, pasé frente a la depuradora de Crispijana, crucé bajo la autovía y me acerqué a las ruinas en pleno safari fotográfico.
Todavía se aprecia el arco por el que salía el agua una vez aprovechada su energía, la situación de la puerta de acceso, las paredes este y oeste y parte de la estructura interior del molino. Eso sí, todo rodeado de zarzas, maleza, ortigas y hiedras que hacen prácticamente invisible lo que queda de este y de muchos otros molinos que en su día fueron centro de actividad y vida.
Cuando volvía para casa, sentí cierta pena por el asunto. Y es que muchas veces nos preocupamos por las cosas espectaculares, por las que dan rendimiento e imagen y nos olvidamos de estas pequeñas cosas que lejos de ser insignificantes encierran muchos significados y muy cercanos además.
Cuando se nos llena la boca hablando de la recuperación del Zadorra, de sus riberas y de su propia historia como eje vital de la Llanada, no deberíamos olvidar espacios como éste, en el que aún estamos a tiempo de salvar lo que queda y, como se dice ahora, ponerlo en valor, tan cerca de Vitoria como está y tan olvidado. Algún día alguien tendrá la ocurrencia de salvarlo y para entonces ya no habrá más que un montón de piedra bajo los matojos.
Javier Vegas
El envejecimiento
Las estadísticas confirman un gran aumento de la población mayor de 65 años. Va acumulando una bolsa poblacional tan importante que la gestión de las instituciones más cercanas -Ayuntamiento y Diputación- debe volcar una cuantía importante presupuestaria para hacer frente no sólo a los escasos ingresos de parte de esos ciudadanos, sino a necesidades de otro tipo que este colectivo demanda.Nuestros mayores tienen inquietudes como la búsqueda de conocimientos. Todo esto debe hacer que las instituciones se planteen como prioridad la atención a esta serie de reivindicaciones de unas personas que a lo largo de su vida han aportado al crecimiento de esta sociedad y que ahora, como es lógico, reclaman sus réditos.