Ciudades visibles; la ciudad de las baldosas
Cuando el viajero llega a la ciudad de las baldosas son varias las cosas que le sorprenden. Vaya por donde vaya, ya sea caminando, en bici, en coche o autobús, el viajero pisa numerosos tipos clases y colores de baldosas. En la ciudad de las baldosas, el suelo es un muestrario y un museo. Hay baldosas antiguas, modernas y hasta futuristas. Las hay de piedras de distintos colores, piedras que proceden de lejanos lugares, piedras caras y baratas (de estas últimas más bien pocas). Las hay que hacen dibujos, las hay más funcionales. Algunas resbalan, otras hacen sonar un repiqueteo cuando las transitan los troner, los carros de compra y cualesquiera cosa que tenga ruedas.A menudo, sobre todo cuando llueve, el viajero pierde su vista en lugares más altos que el suelo y llega incluso a olvidar que se encuentra en la ciudad de las baldosas. Gracias a Dios, el viajero siempre encuentra una baldosa suelta que esconde bajo sí un pequeño lago y que al ser pisada se convierte en surtidor de agua sucia que moja a la vez que mancha zapatos y pantalones del viajero, obligándole a volver a mirar al suelo y recordándole que, en la ciudad de las baldosas, las importantes son ellas.
Tanto lo son que hasta tienen un nutrido grupo de esclavos que sin descanso se encargan de fijarlas y de reponerlas allá donde haga falta.
Y es que lo que más llama la atención del viajero es la gran cantidad de baldosas rotas que encuentra. Baldosas que sucumben al peso de los camiones y de los autobuses. Baldosas que no parece estén dispuestas a tanto peso como soportan, baldosas mutiladas que al viajero le recuerdan otra de las ciudades visitadas, la ciudad de las zanjas. Y piensa el viajero que en esto de las baldosas debiera ajustarse más el concepto de diseño aplicado, esto es, la armonía entre el uso y la visión, entre la estética y la praxis, y no poner en tantos sitios lo que no puede soportar el uso al que se dedica.
Eso tanto como prever que con seguridad habrá que abrir un día lo que ahora tapan las baldosas, dejando ya previsto el sitio por donde deban ir las zanjas cubierto con un material barato y reemplazable. Pero el viajero asume que no debe meterse en camisas de once varas, y que su misión es sólo decir lo que ve, no pretender cambiar las ciudades que visita.
Cuando el viajero abandona la ciudad de las baldosas se encuentra aún con una nueva dificultad. Debe superar las montañas que rodean la ciudad, y que son, en realidad, montañas de cascotes de baldosa.
Javier Vegas
Pivotes en la Florida
El parque de la Florida está totalmente cerrado con pivotes, que no dejan entrar sobre todo a camiones de reparto a los bares. Hace unos días, estando en la Casa de Cultura, una chica calló desmayada y al momento los responsables llamaron a una ambulancia. Como no llegaba, bajé a la calle y vi que el vehículo no podía entrar por los pivotes. Dio dos vueltas a todo el parque y por fin, parando el tráfico de Florida con mucho peligro, consiguió entrar en dirección prohibida, pero sin poder entrar hasta la puerta de la Casa de Cultura. No sé la gravedad de la chica, pero ese tiempo que se perdió pudo ser muy importante.Podían quitar los pivotes, que son además peligrosos para la gente mayor, y poner cámaras fotográficas, como las que van a poner en la calle Fueros, para poder sancionar a todo vehículo ajeno a los servicios.