
Tribuna Abierta
la quiebra económica del Deportivo Alavés alcanza unas cotas colosales e insospechadas. Nuestro histórico club, que sentimos tan próximo y que tantas alegrías nos ha dado, está herido de muerte por culpa de unos dirigentes que han burlado a los aficionados y que lo han convertido en su chiringuito particular, llevándolo a su actual estado de degradación.
Desde esta óptica puedo entender esa reacción tan humana de rasgarse las vestiduras, de agarrarse a cualquier clavo ardiendo, en un intento desesperado por detener la caída en picado de nuestro Deportivo hacia ese pozo sin fondo en el que parece encontrarse.
Lo que no alcanzo a comprender es que algunos, creo sinceramente que una minoría, se equivoquen a estas alturas del drama a la hora de exigir responsabilidades y de señalar con el dedo a los verdaderos culpables de la situación.
En los pasados días, Caja Vital Kutxa ha denegado la concesión de un crédito a un grupo de empresarios que pretendían, más bien a la desesperada, reflotar el club.
En mi calidad de antiguo presidente de la primera entidad financiera de Vitoria y Álava sólo puedo apoyar la seriedad que han demostrado la Caja, su actual presidente y sus directivos. Gregorio Rojo se ha limitado a respetar la decisión de la Comisión de Riesgos de Caja Vital Kutxa, que ha realizado un ejercicio de responsabilidad y de credibilidad que debería enorgullecer a todos sus clientes y al conjunto de la sociedad a la que sirve.
A falta de una auditoría externa e independiente que arroje luz sobre la situación real del club, leo en los periódicos que lo adeudado por los actuales propietarios asciende ya a la escalofriante cifra de 30 millones de euros, cerca de 5.000 millones de las antiguas pesetas. Una cantidad que parece estar viva porque crece y se reproduce a medida que transcurren los días. Es una situación alarmante.
Me temo que en estos momentos se ajustaría más a la realidad hablar de quiebra que de deuda. Desde esta trágica perspectiva, el sentido común -y por supuesto las autoridades monetarias- desaconsejarían, e incluso prohibirían, a la Caja ejecutar la operación que pretendía el grupo de empresarios. Máxime, cuando estos últimos no han puesto sobre la mesa un aval mínimamente suficiente para hacer viable la operación.
¿Sólo se trata de pagar a Piterman los tres millones de euros que desembolsó en su día por el Deportivo Alavés para que luego se vaya de rositas ? ¿Y qué pasa con ese agujero negro que nos quiere dejar en herencia? Que cada uno asuma sus responsabilidades.
He escuchado a algunos decir estos días que Caja Vital Kutxa podría haber dado un respaldo económico al grupo empresarial a través de la Obra Social de la entidad. Es cierto que nuestro Deportivo Alavés es un bien social y sentimental, pero ¿sería justo y conveniente conceder una ayuda a fondo perdido a los que pretenden reflotar la gestión catastrófica de los actuales dirigentes del club?
Nunca debemos olvidar que la Caja es una entidad privada con fines públicos, que se debe y responde ante sus impositores y clientes. Tampoco, que el Alavés es una sociedad anónima. Desde mi pasada experiencia puedo asegurar que la Vital lleva toda su existencia colaborando con el Alavés mediante patrocinios anuales, ayudas, financiación de carnés a los socios, etc., y, como a todos nos consta, lo seguirá haciendo.
Pero se equivoca el que piense que Caja Vital Kutxa es Nuestra Señora de Lourdes. ¿Tendría la Caja que prescindir de los apoyos que presta, a través de su Obra Social, a la formación profesional, al respaldo a los emprendedores, a su programa de viviendas de alquiler subvencionadas para los jóvenes, a su política de respaldo a los mayores, a sus inversiones en cultura y bienestar… para tratar de salvar a una sociedad herida de muerte por su irresponsable gestión? ¿No tendríamos al día siguiente a la puerta de la Caja un aluvión de empresas, sociedades, asociaciones y particulares con problemas de distinta índole reclamando el mismo trato de favor? Sería un error, un pésimo precedente, que existieran distintas varas de medir, y que premiásemos la ineficacia y los errores a costa de quienes trabajan con rigor y seriedad a pesar de todas las dificultades.
Quisiera lanzar al aire una última reflexión. Los socios del Alavés han sido estas últimas temporadas varios miles que han seguido estando con el equipo, a las duras y a las maduras, y que han sufrido cada domingo la deriva del equipo. En sus mejores tiempos, el club logró reclutar a cerca de 14.000 asociados. Los clientes de la Caja son más de 200.000, que residen mayoritariamente en Álava. Me gustaría saber cuántos de ellos estarían de acuerdo en que se destinara su dinero para tapar la nefasta gestión del Alavés.
Siguiendo el mismo motivo de reflexión, me atrevería a preguntar -con independencia del cariño y aprecio que tenemos a nuestro Deportivo Alavés-, ¿el fútbol profesional, ese fútbol que paga cantidades desorbitadas e injustificadas, es el mejor ejemplo para nuestros jóvenes? ¿Es el mejor ejemplo de escala de valores para nuestra sociedad y para nuestra juventud?
Estoy convencido de que existirán diversas respuestas a estas preguntas -todas ellas respetables-, pero me da la sensación de que hay que buscar muchos argumentos, que yo no encuentro, para destinar dinero de las instituciones públicas y privadas con el que dar carpetazo al cúmulo de despropósitos de la anterior gestión del Deportivo.
Me he decidido a escribir estas líneas por convicción personal. Como mi propia experiencia me ha enseñado, a todos a quienes nos ha tocado estar al frente de instituciones o entidades nos hubiera gustado que alguien saliera en nuestra defensa cuando realizamos actuaciones amparadas en el secreto profesional. Como ocurre en este caso, no es fácil para el presidente, directivos y empleados de Caja Vital Kutxa salir en su propia defensa y pronunciarse sobre cuestiones económicas y financieras que afectan a sus clientes. No han hablado, han soportado el injusto chaparrón, y ese gesto les honra. En esta triste historia sólo existe un culpable y se equivoca o actúa de mala fe el que apunta en otra dirección.
Soy el primero que quiero que esta situación se solucione. Pero tengo la firme convicción de que las instituciones no pueden sumergirse en un mercadeo o en una extraña subasta para comprar o rescatar la dignidad. Quienes amamos al Deportivo Alavés deberíamos buscar fórmulas imaginativas que nos permitan recuperar el club, exigir a los responsables de esta sangría que hagan frente hasta el último euro de la deuda, aunque todos nos tengamos que implicar y realizar sacrificios.
La era Piterman ha sido un profundo error que todos estamos pagando. No podemos ni debemos permitir que su mala sombra sobrevuele eternamente sobre nuestro nuestro Deportivo Alavés, ni que logre su objetivo de huir de sus responsabilidades y, para más inri, con una sonrisa de satisfacción.
* Ex presidente de Caja Vital Kutxa en respuesta al debate de 'la Pregunta a los lectores'
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