Diario de Noticias de Álava

Por un puñado de votos

El alcalde, Alfonso Alonso, preside un Pleno municipal del Ayuntamiento al que asisten los portavoces del PNV, Mikel Martínez, (arriba) y del PSE, Patxi Lazcoz, (abajo).

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Unos dicen que Álava es territorio experimental y otros que juega con ventaja quien gobierna en Madrid. Lo cierto es que la suerte está echada y, en Vitoria, el color del Ayuntamiento se decidirá por un puñado de votos, a tenor del triple empate PNV-PP-PSE que auguran las encuestas electorales, con una ligera ventaja para los nacionalistas. De ser así, la nueva legislatura comenzará como la anterior, con un gobierno en minoría. Y el futuro alcalde saldrá de los pactos entre partidos.

Alfonso Alonso sabe bien lo que significa gobernar en minoría. Hace cuatro años repitió triunfo sobre la coalición PNV-EA por poco más de un millar de votos e inició su andadura con sólo nueve de los 27 concejales que conforman la Corporación. Esta debilidad es, precisamente, la que ha perseguido sus cuatro años de mandato en Vitoria. Si hay que elegir una imagen, ésa sería la de un alcalde solo -él defiende que respaldado por ocho ediles más-, enfrentado al resto de formaciones, incluso en los tribunales.

La incógnita sobre la identidad del futuro alcalde de Vitoria abre varias puertas. La que más ha trascendido, la del acuerdo entre nacionalistas y socialistas, con Alcaldía para Patxi Lazcoz, a quien algunos sondeos sitúan como tercera fuerza. Significaría que el PSE tiene de nuevo la llave para gobernar, igual que hace cuatro años.

Los socialistas iniciaron la legislatura aupando a Alonso a la Alcaldía. Poco queda ya de aquella estrecha relación que permitió a los conservadores sacar adelante los presupuestos y al PSE introducir partidas "más de izquierdas". La relación Alonso-Lazcoz se ha ido enfriando más y más a medida que avanzaba el curso político y, tras la ruptura del pacto presupuestario, la tensión entre ambas formaciones se ha hecho palpable, sobre todo, en proyectos como el auditorio del paseo de La Senda en el que el PSE ha dejado de creer debido, según argumentan, a la "nefasta" gestión que los populares han hecho del proyecto diseñado por Baldeweg.

Sí respaldó el PSE la reordenación de la manzana de la plaza de toros. Meses después, la alargada sombra del "pelotazo inmobiliario" en los apartamentos tutelados para mayores de FCC ensombreció la entente cordiale . La sucesión de acusaciones sobre irregularidades urbanísticas -plaza de toros, chalés de Ali e Ibaiondo, pisos tutelados...- han dejado desde entonces en entredicho la actuación del concejal Jorge Ibarrondo al frente del Departamento de Urbanismo.

Los escándalos del ladrillo, sumados a los presuntos tratos de favor a familiares de algunos ediles del PP han desatado una comisión de investigación -la tercera contra Alonso- y centrado una segunda mitad de legislatura, caracterizada por el bronco discurso y la crispación en la que ha desembocado la política municipal. Además, la decisión del alcalde de actuar de forma unilateral en proyectos como la reforma de la plaza de la plaza de la Virgen Blanca o la construcción del aparcamiento de Renfe poco ha contribuido a paliar la bronca continua instalada durante meses en la Casa Consistorial.

El PNV inició la legislatura como primera fuerza de la oposición, pese a sus nueve concejales -los mismos que el PP-, y con la resignación de ver cómo los socialistas les apartaban del poder para aupar a Ramón Rabanera a la Diputación, aunque no había ganado las elecciones. Esa desconfianza hacia el PSE es la misma que lleva a los nacionalistas a barajar un gobierno tripartito (PNV-EA-EB-Aralar) similar al que Ibarretxe mantiene en el Gobierno Vasco. Nacionalistas y Ezker Batua ya han unido sus fuerzas con anterioridad contra Alonso. Lo hicieron en la fallida moción de censura, que el PSE decidió no respaldar.

inclinar la balanza Precisamente, esa inferioridad numérica es la que dificulta un gobierno tripartito a no ser que EB-Aralar incremente sus dos escaños actuales y EA mantenga su representación en el Ayuntamiento. Si bien, parece difícil que ambas formaciones sean cruciales para inclinar la balanza hacia uno u otro lado, sí puede resultar relevante a la hora de sumar aliados para proyectos concretos, en un hipotético gobierno en minoría.

El protagonismo de los partidos minoritarios ha seguido una línea ascendente en el Ayuntamiento. El cerco estrechado sobre el gobierno de Alonso a raíz de "dudosas" actuaciones urbanísticas les ha hecho contar en no pocas ocasiones con el apoyo de nacionalistas y socialistas, sobre todo, a medida que se acercaba el periodo electoral. Antxon Belakortu, el único edil de EA, no ha dudado en salir a la palestra para destapar casos como los de los chalés de Ali e Ibaiondo, cuyos expedientes han acabado sobre la mesa del fiscal jefe de la Audiencia Provincial de Álava. Tampoco José Navas (EB) se ha amedrentado al denunciar una treintena de irregularidades en las obras de la plaza de toros. Su discurso le ha llevado, incluso, a enfrentarse en los tribunales con el alcalde.

Menos probable parece un nuevo pacto PP-PSE a tenor de la distancia que hoy en día separa las sedes de Génova y Ferraz. El bloque constitucionalista no parece atravesar su mejor momento debido, sobre todo, a la política antiterrorista de Zapatero. En Vitoria, ambas formaciones también han escenificado su ruptura esta legislatura. Alonso y Lazcoz han protagonizado acalorados enfrentamientos por el auditorio o el soterramiento del tren, pero no hay que olvidar que han entrado en campaña con un pacto de silencio sobre el tan esperado proyecto ferroviario.

Imposible parece a primera vista un acuerdo entre las dos primeras fuerzas municipales (PP-PNV), aunque Josu Jon Imaz insista en que sus pupilos están dispuestos a dialogar con todos. A pesar de mantener una relación cordial con Alonso, Mikel Martínez ya advirtió de que se iría del Ayuntamiento si desde Sabin Etxea le obligan a pactar con los populares . Las desavenencias han sido muchas. Los nacionalistas consideran "nefasta" la gestión de Alonso, al que acusan de haber hecho retroceder la ciudad en estos ocho años y no haber sabido aprovechar la ventaja que Cuerda les dejó. El PP, por su parte, tacha de excluyentes a los jeltzales, a los que no ve con liderazgo suficiente para gobernar la capital alavesa.

Sin embargo, incluso ellos han vivido momentos de vino y rosas. No hay que olvidar que el PNV pactó con Alonso cinco proyectos estratégicos para la ciudad -reforma de Gamarra y Mendizorroza, tranvía, centro cívico de Ibaiondo y frontones de Lakua-, acuerdo al que luego se sumó el PSE.

Pero, quizá, la oposición más dura le ha llegado a Alonso del pueblo. De una parte, desde la propia plantilla municipal. Así, el alcalde ha tenido que enfrentarse a la ira de las educadoras de las escuelas infantiles, los agentes de la Policía Local, las trabajadoras de la limpieza, los empleados del Aterpe... De otra parte, el enfado también le ha llegado desde la calle. Ante los vecinos de Aranbizkarra tuvo que dar marcha atrás a la urbanización de Tres Santos y ante los de Adurza, al desdoblamiento de la calle Iturritxu. Lo dicho, la suerte está echada.

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