
Begoña Errazti al frente de los candidatos de EA a la Diputación alavesa y a la alcaldía de Vitoria.
No hay batalla más incierta que la que se libra contra uno mismo y ésa es la apuesta que ha hecho Eusko Alkartasuna para los próximos comicios: medir su base electoral, diluida desde hace casi diez años en la capacidad para concitar votos de la maquinaria del PNV.
Este ejercicio de independencia lleva a la formación que lidera Begoña Errazti a enfrentarse de nuevo con su génesis, con su razón de ser, poner en práctica políticas sociales "más progresistas" que los jeltzales y promover una descentralización política que dote de mayores cotas de autogobierno al poder municipal.
Este último eje político será uno de las principales cartas en los comicios locales. La reivindicación está grabada a fuego en el ADN político de una formación que surgió en 1986, tras varios meses de desavenencias dentro del PNV, con Xabier Arzalluz y Carlos Garaikoetxea enfrentados abiertamente en torno al caballo de batalla de la Ley de Territorios Históricos, la norma que dota a las diputaciones de un ámbito competencial que, a juicio de EA, vacía de contenido a los ayuntamientos vascos. En su búsqueda de un nuevo espacio autónomo, Eusko Alkartasuna se encuentra por tanto cara a cara con su propia historia.
Las raíces de la formación que creó Garaikoetxea tras abandonar el PNV se adentran profundamente en Álava. Es en la capital de este Territorio Histórico donde se celebró su asamblea fundacional. También es donde ha conseguido sus mejores resultados.
La frescura de un proyecto político nuevo y albergar en sus filas al alcalde eterno de Vitoria, José Ángel Cuerda, fueron algunos de los ingredientes que propiciaron una irrupción extraordinaria en su primera cita con las urnas. EA fue la lista más votada en Vitoria y en el conjunto de la provincia en las eleciones locales de 1987.
Cuatro años después, Cuerda se presentó a la Alcaldía por el PNV. EA perdía nueve ediles, mantenía un único representante en la corporación vitoriana y tres compromisarios en las Juntas Generales.
Las alianzas con el PNV en el Gobierno Vasco forjadas en la década de los noventa atemperaron la animadversión personal que mantenían Arzalluz y Garaikoetxea, propiciando el clima idóneo para establecer una coalición electoral primero al Parlamento y luego al resto de instituciones vascas.
El camino recorrido por esa alianza está estrechamente ligado al fenómeno de la violencia y más concretamente a la búsqueda de soluciones al denominado conflicto vasco. La unidad de acción en ese campo sigue, en opinión de ambos socios, haciendo válida la entente que lidera Ibarretxe.
Sin embargo, en Eusko Alkartasuna ha triunfado, no sin controversia, la corriente que apostaba por caminar en solitario en las elecciones del próximo día 27. Buscar, en definitiva, el reflejo de una nueva imagen, la del futuro, en el espejo del pasado, de un camino ya explorado y que cristalizó en buenos frutos.
Para lograrlo, el partido de Errazti tiene la necesidad ineludible de marcar distancias con el PNV. La identificación electoral de ambas marcas puede ser un lastre en ese sentido. En algunos ayuntamientos las agrupaciones locales del partido abertzale han decidido presentar listas conjuntas con los jeltzales.
Es el caso de Agurain, donde el candidato de EA, Iñaki Beraza, lideraba la coalición y era alcalde electo, la ejecutiva de la formación de ha decidido no presentar lista alternativa y previsiblemente se reeditará el actual Gobierno municipal.
PNV y EA también se presentarán juntos en Elciego, donde albergan expectativas de desbancar a los socialistas de la Alcaldía.
La alianza se mantendrá asimismo en otras seis localidades guipuzcoanas ubicadas en las comarcas en las que las diferentes marcas de Batasuna han logrado tradicionalmente sus mejores resultados.
Es precisamente en esos feudos donde Eusko Alkartasuna pone más en juego, la casi segura presencia de plataformas más o menos cercanas a la izquierda abertzale oficial amenaza con poner freno al empuje que experimentó hace cuatro años en esas poblaciones. Además, la formación de Begoña Errazti comparte perfil de electorado con la coalición que conforman Aralar y Ezker Batua.
La decisión de EA de concurrir en solitario a estos comicios ha reavivado la doctrina agorera que sitúa a las personas y a los colectivos ante la tensa decisión de elegir uno de los caminos que ofrece una encrucijada con más posibilidades de errar que de acertar.
La disyuntiva, en términos maximalistas, invitaba a optar entre avanzar en la alianza con el PNV -con el riesgo de perder todo atisbo de identidad propia- o perseguir a pecho descubierto la materialización de sus objetivos políticos fundacionales.
Lo cierto es que Eusko Alkartasuna ya ha superado ese trance, ha escogido su sendero y avanza con firmeza por él. Sin embargo, la fábula no escrita sobre la encrucijada política no recoge en su narración que no sea posible dar marcha atrás y volver al cruce.
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