
David Peterson, ayer, tras su conferencia en la Facultad de Filología e Historia.
D avid Peterson se encontró ayer con un auditorio que ya conocía su fama. Pese a lo que dicta su origen, este galés, aunque vizcaíno de adopción, es una referencia en el estudio de la lengua vasca y, más concretamente, de los toponímicos eusquéricos que existen en diversas zonas de las actuales Castilla y Rioja Alta. Por ello, el aula de la Facultad de Filología e Historia del campus gasteiztarra de la UPV, que hizo las veces de salón de actos, congregó a una buena representación académica, con universitarios y profesores de la entidad de Henrike Knörr, que actuó de cicerone ante el británico.
Con una concurrencia predispuesta, al historiador medieval no le fue difícil inculcar sus conclusiones, reunidas en una tesina que sitúa la presencia de términos originarios del acerbo de los vascos al sur del río Ebro en la confluencia de toda una serie de factores económicos, sociales, históricos y políticos en la península del primer milenio de la era cristiana, o musulmana, según se mire. Entre ellos, uno que implica a este territorio histórico. Y es que, según indica el estudio El euskera al sur del Ebro: cronología y contextos históricos , la profusión de vocablos de origen vasco -Herramelluri, Larrehederra, Zalduendo o Faranluzea, entre otros- en comarcas burgalesas como la Sierra de la Demanda, Bureba o Montes de Oca o en las riojanas adyacentes a Ezcaray, se explica desde un contexto de colaboración entre el Condado de Álava y el reino de Asturias, simbiosis que propició la extensión del euskera alavés -"más moderno" según Peterson- a zonas muy amplias de las sierras castellanas, preferentemente.
Tras estudiar casi 4.000 términos, y descartar aquellos de origen semítico o romance, Peterson identificó la aparición de toponímicos vascos fuera de Euskadi con dos fenómenos enraizados en la historia, cuando ésta apenas si era una sucesión de acontecimientos deslabazados que nacieron en la península visigoda, cuando aún existían el Ducado de Cantabria, con capital en Amaya, todo ello en Burgos, y el Condado de Casio (hoy La Rioja). Ambas entidades sucumbieron al empuje musulman de las tropas de Tarik o Muza. Los primeros cayeron conquistados y colonizados por población bereber, que posteriormente, se rebeló contra los árabes exterminando a éstos y facilitando, allá por 759, la llegada del reino de Asturias y, por ende, de su colaboración con el condado alavés. De ahí la influencia del euskera alavés en una zona de sierras.
Los segundos, pactaron con los árabes. Coincidiendo con la aparición del Reino de Nájera (1025-1054) desapareció la frontera política entre navarros y castellanos, hecho que facilitó una colonización agrícola navarra de alguno de los valles altoriojanos, provocando allí la extensión del euskera navarro.
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