
Crímenes, criminales, asesinos en serie e investigaciones. En ese ambiente se desenvuelve con cierta solvencia Vicente Garrido, cuya experiencia confiere a su voz un rango superior cuando se trata de sentar cátedra en la materia. Todo un lujo para los aficionados al tema.
vitoria. Vicente Garrido es, entre otras muchas cosas, doctor en Psicología, criminólogo y profesor en la Universidad de Valencia. Dadas sus condiciones, su experiencia y sus capacidades docentes, el pasado jueves participó como ponente en el I Congreso sobre Delincuencia Organizada que se ha celebrado a lo largo de esta semana en la capital alavesa y que ha contado con la colaboración de DIARIO DE NOTICIAS DE ÁLAVA. Satisfecho con la experiencia, desvela ahora parte de los contenidos de su último libro, una obra titulada El rastro del asesino, y esboza el perfil del criminal en serie que vive en nuestra sociedad y cuyas actuaciones trascienden más allá de las páginas de los medios de comunicación.
Detectives, policias, investigadores, forenses... ¿Es cierta
la imagen del criminólogo que nos ofrecen las series de ficción
que tanto abundan en la actualidad en las diferentes cadenas
de televisión?
No, porque hay que tener en cuenta que ese cliché ha pasado por
el tamiz de una producción dramática. Eso no hay que olvidarlo.
No obstante, es cierto que la idea se aproxima. Se trata de analizar
las escenas del crimen con objeto de poder determinar las características
más probables de los agresores identificando aspectos tales como
la premeditación, la planificación, el tipo de arma, la sofisticación,
la violencia ejercida... Si se leen correctamente, estos detalles
ayudan a la ciencia forense tradicional, que se ocupa de estudiar
los elementos físicos relacionados con la comisión de cualquier
crimen: casquillos de bala, sangre, fibras...
¿Guarda algún parecido la figura del asesino del celuloide o
de las series televisivas con la que se observa en la realidad?
Normalmente, el cine ofrece la idea de que el asesino es alguien
culto y con recursos, pero en general, los asesinos en serie
que acumulan víctimas tienen una vida convencional, lejos de
ser alguien refinado o dotado de una gran capacidad intelectual.
Casi nunca tienen ningún interés en lanzar esa especie de pulsos
o desafíos a las fuerzas policiales que vemos en la pantalla
o leemos en los libros publicados, sino que se trata de gente
normalita, con un coeficiente intelectual normal y un trabajo
del montón que intenta vivir una experiencia que asocia con el
poder y que le produce satisfacción.
También perduran conceptos que no sé si son los acertados. ¿Todos
los asesinos son psicópatas?
La mayoría lo es, si hablamos de los asesinos en serie. Para
cometer este tipo de crímenes es necesaria una insensibilidad
moral y una falta de conciencia muy característica. Si hablamos
de sujetos que matan sin ningún tipo de motivación de lucro,
que no forman parte de grupos terroristas o de mafias, casi siempre
nos referimos a psicópatas.
En cualquier caso, ¿es posible descubrir a un psicópata?
No es ni siquiera posible descubrirlos antes de que actúen porque
vivimos en una sociedad que garantiza el derecho al anonimato.
Otra cuestión es si el sujeto comienza con formas delictivas
menores y se convierte, con el tiempo, en asesino.
¿Ocurre como con el tópico del consumo de drogas que sostiene
que se empieza fumando porros y se acaba enganchado a la heroína?
Algunos sí, porque varios asesinos en serie presentan antecedentes
por otro tipo de delitos, como por ejemplo, por agresiones sexuales.
Al comenzar a actuar alcanzan una especie de liberación que les
lleva cada vez a más. Pero hay otros muchos que no cumplen con
ese perfil.
¿Por qué ejerce tanta atracción la figura del psicópata?
Se trata de una curiosidad natural, para nada malsana. Cuando
ciertas personas violan los principios más básicos de la sociedad
se produce en nosotros una doble reacción: horror y fascinación.
Existe satisfacción al observar algo que tú nunca harías pero
que, por la propia naturaleza de la transgresión, constituye
un auténtico espectáculo.
¿Por qué nuestro entorno no se caracteriza por presentar una
elevada tasa de crímenes?
Si comparamos la última década con la anterior, observaremos
que el número de asesinos en serie ha aumentado en el Estado.
Antes, en una década, aparecían uno o dos, mientras que ahora
todos los años surge alguno. La última fue la asesina de Barcelona
que atacaba a ancianas en sus domicilios, aunque también hemos
tenido al asesino de la baraja, a Tony King, al camionero que
asesinó a dos mujeres en Girona... En los últimos años han aparecido
tantos como en la década anterior.
¿Recuerda algún caso peculiar en la CAPV?
Por supuesto. Está el caso de Koldo, el asesino de Vitoria, que
mató a una abogada y a un empresario y al que los investigadores
policiales atribuyen las muertes de una profesora de inglés y
del cordelero de la calle Paz. Finalmente sólo se le condenó
por dos asesinatos, aunque existían pruebas firmes para un tercer
crimen. No se pudo demostrar aquella acusación.
De todas maneras, no es habitual que aparezcan asesinos en serie
en Álava...
No, claro que no, pero es que hay que tener en cuenta que Vitoria
es una ciudad pequeña. Normalmente, los asesinatos que se producen
en el contexto rural obedecen a motivos pasionales o de venganza,
como el caso del alcalde de Fago. El asesino en serie es urbano
y la gran mayoría de ellos actúan en Madrid, Barcelona y Valencia.
En la CAPV existe un grave problema de saturación en los penales
y parece que la única solución pasa por construir centros más
grandes. ¿Está de acuerdo con esta forma de tratar a los delincuentes?
El sistema penitenciario que existe en la actualidad tiene un
grave problema. La tasa de ingresos se ha disparado desde la
entrada en vigor del nuevo código penal, que eliminó la redención
de penas con el trabajo, es decir, la posibilidad de reducir
la condena con tareas dentro del penal. Ahora, salvo que el recluso
salga en libertad condicional, debe cumplir la condena íntegra.
Paralelamente, se ha producido un aumento de la criminalidad
y todo ello ha llevado a la saturación de los centros penitenciarios.
¿Cree viable alguna solución?
En España se da un inconveniente que no se da en otros países
europeos y es que no existen las penas sustitutivas de cárcel
salvo para los delitos o faltas muy menores. En muchas películas
hemos visto la figura del oficial de libertad condicional, que
se encarga de controlar que los condenados realicen una serie
de trabajos en beneficio de la comunidad. Trabajan para el Ministerio
de Justicia y supervisan a gente que, en ocasiones, ni siquiera
ingresa en prisión. En España, o te ponen una multa o vas a la
cárcel. No tenemos penas alternativas y no comprendo como ningún
gobierno se decide a afrontar este grave problema.
> axier burdain
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