
vitoria. La riqueza medioambiental de Álava está fuera de toda duda. La diversidad de su medio natural –a medio camino entre el clima mediterráneo y el atlántico–, de su fauna y de su flora, amén de la proliferación de espacios protegidos a lo largo y ancho de la provincia, la tiznan de un color verde reseñable. En ese aspecto, destaca la existencia de una serie de árboles en el territorio histórico, que trascienden de su propia existencia y configuran, por sí mismos, parte de la historia de esta tierra. Los ejemplares en cuestión, 10 para ser exactos, están catalogados para su protección por sus cualidades especiales o por sus características extraordinarias, ya sea por su tamaño, edad, historia, belleza o ubicación.
Tales circunstancias son suficientes para que desde las instituciones vascas se entienda que merecen un cuidado especial. Por ello, los ejemplares en cuestión forman parte de la Red de Espacios Naturales de la CAPV. Eso obliga por ley a marcar alrededor del árbol un radio de tres metros sobre el que no se puede actuar.
La decena de árboles se encuentra desperdigada por toda la geografía alavesa. Casi todas las cuadrillas cuentan con el suyo, que en la mayoría de los casos es de especies autóctonas. Incluso, la capital dispone de un ejemplar de secuoya peculiar, llegada desde California en 1858, sita en un céntrico parque de la ciudad, junto al colegio de Ursulinas, en el que permanece escondida de las miradas y del conocimiento de la mayoría de la gente.
El caso es que estos protagonistas arbóreos, catalogados como singulares, constituyen el 40% de los que existen con esa protección en el conjunto del País Vasco, donde hay contabilizados un total de 25 ejemplares de este tipo.
Los que perduran en Álava son un roble pedunculado que se encuentra en Altube. Destaca por "la elegancia de su porte, su belleza y tamaño, que son los que han determinado la protección de este ejemplar, ubicado en uno de los bosques caducifolios más extensos del País Vasco, dentro del Parque Natural del Gorbeia", según destacan desde la Diputación alavesa.
Precisamente, tales características son las que le salvaron de la tala, al ser indultado por el Ayuntamiento de Zuia tras ser marcado para incluírsele en una suerte de leñas. No muy lejos del anterior está otro roble, éste en Izarra. Desde sus 20 metros de altura contempla el paisaje de campiña en el que se haya, también en las Estribaciones del Gorbeia.
Tampoco dista mucho de allí la encina de Artziniega. Es un gigante de 25 metros, muy conocido en aquel municipio ayalés, donde se le considera mucho más que un ser vivo excepcional. No en vano, son varias las leyendas que lo acompañan desde que se le conoce en aquellos lares. Una de esas historias relata que una pastora encontró escondida en una encina la imagen de la Virgen. Otra versión dicta que fue la propia Virgen la que se apareció en las ramas de un árbol de la zona. En cualquier caso, lo cierto es que la centenaria historia del ejemplar es parte fundamental del municipio donde se enclava. De hecho, aparece en el escudo de la localidad. También dice la tradición que, a principios de siglo, bajo la encina se pagaba el impuesto del ganado para entrar en el ferial el 8 de septiembre.
ENCINA JURADERA Otra encina peculiar es la que se encuentra en Angosto. Es la llamada "juradera", y la tradición indica que, bajo su copa, se celebraban las Juntas de los Caballeros Hijosdalgo del Valle de Valdegobía
Características diferentes son las que singularizan el tejo que se encuentra en Izarra. El catálogo destaca de él su "belleza". También es un tejo protegido el que se puede encontrar en Antoñana. Éste destaca por sus "dimensiones extraordinarias y por su forma", idénticas cualidades que caracterizan un tilo que se halla en las inmediaciones.
Con objeto de dar abrigo y protección a al ermita de Santa Teodosia, ubicada en la Sierra de Entzia, en la parte posterior de la misma fue plantado un pequeño grupo de fresnos. Dicho bosquete lo forman actualmente 13 árboles de distintas edades y tamaños, algunos ya centenarios, entre los que destaca un fresno, que reina en la zona con una copa que se asoma a una altura de 23 metros.
Por último, el catálogo de árboles singulares vascos contempla un pino piñonero sito en Lantarón, junto a la orilla del río Ebro. Se encuentra en la única población naturalizada de la especie en Euskadi.
Una secuoya peculiar en el corazón de Vitoria
Por sus dimensiones, dicen los expertos que mide 40 metros de altura, destaca una secuoya sita en el corazón de Vitoria. Escondida en un tranquilo y recogido parque urbano, esta esbelta joya natural pasa bastante desapercibida. Sin embargo, su visita no tiene desperdicio, según indican desde la Diputación alavesa. Lo primero que llama poderosamente la atención es la base de su tronco simétrico y de gran grosor, que llegó a estar circundado por ocho bancos. Su altura sobrepasa ya la de los edificios colindantes, que rondan los siete pisos. Este ejemplar fue plantado en un parque adyacente al colegio de Ursulinas en el ya lejano 1860 por Juan Ibarrondo, quien compró el plantón en la exposición universal de Bruselas en 1858. >césar martín
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