
En vísperas de la Semana del Cine Vasco, López Castillo habla de producción, de autores, de formación y de cine con mayúsculas. Es la cabeza visible del NEFF, un apasionado del medio que observa con perspectiva sus movimientos. De industria y de arte. Fotograma a fotograma.
Guionista, realizador, productor, director de un festival, jurado...
Puede hablar del cine con razón de ser, ¿qué momento atraviesa?
Para mí un momento de creatividad muy bueno. El cine vasco, siempre
con muy poca producción, en los ochenta dio a Imanol Uribe, Montxo
Armendariz y Olea. En los noventa hubo un giro, que tuvo que
ver con la política de subvenciones y otra serie de cosas, y
surgieron Bajo Ulloa, Medem, De la Iglesia, Urbizu. Ahora hay
una generación nueva. Cobeaga, Vigalondo o Dorronsoro en Vitoria.
Está Kepa Sojo, Joseba Vázquez y otro vitoriano, José Antonio
González Vigil, que se ha ido a rodar a Argentina El tango era
una rumba. Y Tinieblas González. Poco a poco, se va haciendo.
Parece cíclico. Cada cierto tiempo, el cine tiene que dar autores...
Sí, pero en unas circunstancias. Soy muy repetitivo, pero las
frases acertadas hay que repetirlas y Orson Welles en El tercer
hombre le dice a Joseph Cotten que en la época de los Borgia,
junto al crimen, también estaba Da Vinci. Y en Suiza, con paz
y democracia, sólo habían inventado el reloj de cuco. Es duro
decirlo así, pero sí creo que una cierta polémica, la violencia
que ha habido aquí, la necesidad de superarlo, ha vuelto a la
gente más creativa, con más ganas de discutir y de debatir y,
por tanto, de imaginarse un futuro mejor.
Algo no cambia. Los autores siguen pidiendo una mayor producción...
Tiene que ver con el desarrollo social. No puede haber cultura
ni cine si tienes que pelear por comer. Es muy difícil que en
Sierra Leona haya una gran producción creativa porque la esperanza
de vida es de 33 años y tienen un euro al día para vivir. Es
muy difícil, cuando uno se preocupa del estómago y de taparse,
hacer películas.
Sin embargo, siempre se le achaca al País Vasco que no hay una
industria, que todos tienen que irse...
Así como el talento creativo se ha demostrado, la industria y
su mantenimiento, que uno pueda vivir de ello, es muy difícil.
Aquí, ahora, con el sistema nuevo de ayudas, de descuentos de
letras, con el acuerdo nuevo con ETB, con la generación de las
televisiones, hay un aumento de la producción. Evidentemente
hay más dinero en Madrid y Barcelona, pero no he visto un descenso
de la calidad y del número de los creadores, a pesar de los que
se van. También hay algunos que vuelven, porque trabajan más
a gusto.
También emergen productoras, como Sonora en Vitoria...
Están apostando. Las productoras siempre tienen una vida media
muy corta, porque es el sector más arriesgado, y desde luego
es donde probablemente hay que hacer más esfuerzos, así como
en difusión. Creo que la crisis realmente gorda, y es ahí donde
los festivales puede que tengamos algo que decir, es en la exhibición.
Gran parte de la industria está en manos americanas. Para proteger
la europea se ha creado el Plan Media y se han hecho algunos
planes de protección estatales. El más importante y el que yo
creo que habría que copiar es el de Francia. El proceso de industrialización
en Euskadi está mejorando. Se está protegiendo muchísimo el documental.
Tiene más financiación, más posibilidades de hacerse con la cámara
de alta definición, y actualidad, desde que Michael Moore ganó
un Oscar. Hay una tendencia y también es la necesidad política.
Con la guerra, las diferencias entre el primer y tercer mundo,
la gente está, cada vez más, reflejando sus conflictos, y el
documental y el falso documental lo hacen.
23 años de Semana del Cine Vasco y todavía está ahí la pregunta
de siempre, ¿existe el cine vasco?
Nadie se pregunta si hay cine español. O si Buñuel era español.
En el NEFF vamos a dedicar el ciclo a Polonia. Me decía una persona
muy autorizada "es que Chinatown no es cine polaco". Pues, bueno,
no, pero Polansky sí. Y no sólo ha hecho cine en Polonia, ha
hecho en Francia, con capital americano... Y Buñuel la mayor
parte de su obra la ha hecho en Francia y en México. El ser y
el estar son cosas bastante indefinibles, especialmente en francés,
donde no existe la diferencia. El verbo es el mismo. Elías Querejeta,
¿es vasco? Evidentemente, joder, ha jugado en la Real y todo.
Para ser de algún sitio hace falta, más que haber nacido allí,
voluntad. En el 94, hicimos aquí un festival de escuelas de cine
y en una mesa redonda salió como siempre esta pregunta. Estábamos
hablando un catalán, un gallego, un vasco, un polaco, un checo,
y de pronto sale un tío que era de color, que era africano, y
dice "es que yo hablo swahili, y hay muy poca producción pero
la hay". El swahili lo hablan 70 millones de personas. Y estábamos
hablando de comunidades de 2, de 6 millones...
Todo el mundo habla bien del Cint, que usted dirigió, ¿se echa
de menos ahora la formación?
En Vitoria, desde luego. Las grandes infraestructuras culturales
no están aquí. Guggenheim, Euskalduna y la televisión vasca están
en Bilbao. En Miramón tienen producción y platós, tienen el Koldo
Mitxelena, ahora el nuevo centro internacional de cultura contemporánea,
tres cines públicos. Aquí la primera experiencia pionera fue
el Cint y creo que se podía haber especializado. Los master los
hacíamos con Bellas Artes y Ciencias de la Información en Bilbao.
Ya estaba reconocido, habíamos ganado 50 premios europeos. Por
una serie de circunstancias, porque estaba enmarcado dentro de
la formación ocupacional, no llegó a reconvertirse. El caso es
que desapareció y yo creo que fue una experiencia de libertad
creativa importantísima.
Se podía experimentar...
Nos preocupamos mucho, porque yo venía del mundo de la producción,
de que la gente que estuviera allí, tanto profesores como alumnos,
pudieran hacer trabajos. Y se hicieron en 8 años, con 500 alumnos,
cerca de 300 productos en ficción, videocreación, experimentación...
De todo y en géneros diversos.
Además cuando empezaba a surgir el mundo audiovisual...
Allí han estado Bajo Ulloa, Dorronsoro, Joseba Vázquez. Ahora
mismo estamos haciendo convenios con Mendizabala, la Escuela
de Artes, con un grupo que hay en Araia, Apota. La preocupación
para hacer cualquier cosa creativa es empezar desde abajo, siempre.
Su proyecto ahora es el NEFF. Cuando toda capital tiene su festival
de cine, ¿qué aporta éste a la infraestructura estatal?
Festivales que hayan elegido la vocación del cine europeo sólo
está Sevilla y nosotros en un panorama de doscientos y pico.
El número de películas que se hacen en Europa es el doble que
en USA. Aquí normalmente se estrenan 400 películas y 250 son
americanas. Pero con dignidad, que estén más de cuatro semanas
en la sala, se estrenan diez españolas. Y se han producido cerca
de 130, hay 500 millones gastados en producción y, sin embargo,
como la distribución de las major controla las salas no nos dejan
verlo. No es justo. Habría que proteger el fenómeno creativo
y hacer como se hace en todos los países salvo aquellos que han
tenido dictaduras: subtitular y respetar la obra en su versión
original. Entre otras cosas porque se aprenden más idiomas. Viene
una distribuidora americana con una sola película buena y obliga
a poner diez, impide que películas mejores no se puedan poner.
Es una estrategia que tienen que abordar los festivales. Convencer
a los exhibidores, a los distribuidores y al ministerio de que
tienen que tomar medidas. No somos dueños de los cines, pero
a lo mejor hay que poner cines porque hay que proteger el visionado
colectivo del cine. Si no, se corre el riesgo de que la gente,
como no encuentre en los cines más que bazofia, se descargue
las películas y las vea sólo en casa.
Da miedo en Vitoria que, por ejemplo, Guridi y Florida eliminen
algunas sesiones...
Ya nos avisaron que los querían vender, ahora quitan varios días
y pronto nos dirán que, como se ha recalificado, hasta luego
Lucas, y los cuidadanos que queremos disfrutar del centro, de
la compañía de la gente, de hacer cosas en común y discutir y
generar nuestra cultura tendremos que ir a otra parte o montar
nuestras propias salas. No sé lo que tendremos que hacer.
¿Qué hay del próximo NEFF?
Para empezar, hemos recibido el doble de películas y de cortos
que el año anterior. Y todavía no ha acabado la fecha tope de
entrega. Esto es exponencial. El año que viene será una explosión
que tendremos que prever. También he viajado por toda España
y estuve en Toronto. Allí vi Babel y observé una tendencia. Parece
últimamente que los festivales no tienen buenas pelis o no tienen
glamour. Las buenas películas normalmente lo son porque llegan
al corazón de la gente y porque tienen que ver con lo que pasa.
Y los buenos actores también están empezando a querer participar
en producciones que digan algo, no estar haciendo solamente cosas
de aventuras, tiros y efectos especiales. Brad Pitt estaba allí,
presentando con Iñarritu, volcado en hablar del tercer mundo.
Quieren aportar. Y eso tiene despistados a algunos festivales.
Venecia tiene una trayectoria y de pronto nace el de Roma con
ínfulas, dinero y estrellas. El NEFF puede traer una estrella,
pero no si no tiene que ver con lo que ha programado. >DAVID MANGANA
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