Diario de Noticias de Álava

néstor basterretxea, artista

"La vocación es maravillosa, pero también una tirana que te exige un cumplimiento y no te deja descansar"

Néstor Basterretxea posa junto a la ventana de su casa de Hondarribia.Foto: ruben plaza

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hondarribia. Tiene talante de buen anfitrión y de gran contador de historias. La suya es una "vida de película". Así la define él, Néstor Basterretxea, un hombre que sigue buscando y para quien lo importante es "no morirse".

Esta semana debutará en la feria de ARCO en Madrid.

Sí, y es verdaderamente desconcertante. Nunca he estado en ARCO, ni siquiera como visitante. Voy de la mano de la galería Windsor de Bilbao, expondré tres máscaras en madera de la serie cosmogónica, y algunos dibujos.

Y va a presentar una autobiografía, ¿necesitaba contar su vida?

Se titula Crónica errante y una miscelánea , y no se trata de unas memorias rigurosas. El libro se lee con gran facilidad, está escrito con un estilo cinematográfico, porque te advierto de que mi vida parece una película. Supongo que sí tenía necesidad de contarla. Además, todo lo que he escrito es verdad, no hay ninguna mentira. Había una, pero la he quitado. Una tía nuestra, que era una chupa cirios y tenía mucho dinero, se lo dejó todo al cura y el cura se fue con una fulana. Tuve la tentación de seguir con la historia de aquel párroco, pero al final paré.

¿Hasta dónde se remonta?

Empiezo cuando era niño, contando cómo nos hacía rezar el abuelo antes de comer y cosas por el estilo. La parte dedicada a la niñez es muy bonita, cuento cómo nos escapábamos de casa, porque queríamos ir a Nueva Zelanda, y no sabíamos si teníamos que ir hacia la izquierda o la derecha de la carretera de Bilbao.

La Guerra Civil ocupa un lugar importante en su vida, y en el libro.

Le he dedicado bastante espacio, cuento los años de la contienda con emoción, y hago referencias al bombardeo de Gernika y a esos lugares en los que nos íbamos encontrando quienes nos vimos obligados a abandonar nuestros pueblos. Entre otras cosas, cuento como los franquistas asaltaron nuestra casa de Bermeo, que fue cuartel de la Guardia Civil durante 37 años. Mucho después yo me dirigí al Gobierno socialista y pedí a la Guardia Civil 37 millones, de los que sólo me dieron tres. Fue un tremendo abuso.

También le tocó vivir de cerca la Segunda Guerra Mundial.

Cuando se declaró yo me encontraba con mi familia en París. Esto también aparece en el libro. En Francia no hubo drama, porque los franceses no aceptaron meterse en guerra contra los alemanes. Mi abuela María, que era una especie de santa para nosotros, mis cuatro hermanos y yo nos montamos en el último tren que salió de París para el sur y llegamos a San Juan de Luz, por allí andaba la Gestapo, que arrestaba a antifranquistas, les llevaba a España y les fusilaba o les metía en la cárcel, y mi padre era una personalidad. Tuvimos que ir a América, vía Marsella. La idea era llegar a Buenos Aires en quince días, pero llegamos a Argentina después de 465 días de viaje, nos ocurrió de todo.

Y en Buenos Aires conoció a Jorge Oteiza. ¿Cómo fue?

Viví once años en Argentina, pero siempre pensaba en volver, así que nunca me animé a aprender a bailar tango ni nada por el estilo. No quería tener razones para quedarme allí. Así fue, que volví sin ninguna pena por haber dejado aquello. Estaba en el centro vasco Laurak Bat de Buenos Aires con un amigo. De pronto vi a un hombre que bajó las escaleras tan rápido que parecía que no había pisado ningún peldaño. Pregunté por él y me respondieron que era un loco, un escultor de Orio... Pero yo me fijé en su cara, y no la olvidé. Después, a los tres o cuatro años, iba caminando por la calle Florida de Buenos Aires y me encontré con él. Me presenté y en aquel momento nos hicimos amigos para toda la vida.

¿En qué situación se encontraba?

Entonces él no tenía ni para comer, y decidió volver a Madrid, donde estaban sus padres. Se encontró con la España franquista del Valle de los Caídos y empezó a predicar que "la materia prima del arte es el espacio". Puso todo patas arriba, porque no aludía ni a la patria, ni a la grandeza, ni al espíritu, ni al cristianismo. Ofreció varias conferencias, y en una de ellas le escucharon los arquitectos de Arantzazu. Quisieron que fuera él quien diseñara la basílica. Tenía que haber un concurso, así que lo trucaron. El truco fue ponerle como contrincante a un artista casi insignificante, un buen hacedor, pero nada más. Yo vine aquí de viaje de bodas, pero sólo podía estar en España un mes. Me encontré con Jorge, y él me convenció para que me presentara al concurso para pintar en la Basílica de Arantzazu. Me presenté y gané, pero como consecuencia me llevaron a África a hacer el servicio militar.

Tuvo que ser duro.

Yo no estaba preparado para eso. Me presenté con un abrigo argentino y una maleta de caballero. "¿Usted a dónde va?", me preguntaban. "Yo soy soldado", respondía. "¿Usted soldado?". No me maltrataron, pero lo pasé mal porque aquello no era lo mío. Tuve que inventarme infinidad de cosas para no echarme al barro y ser objeto de entrenamientos tan duros. Me lo inventé todo, y gané. Lo principal consistía en hacer cuadros a capitanes y coroneles. Esto empezó cuando el primer día de servicio me puse en la terraza a pintar, les dije que era pintor y todos quisieron que les hiciera algo, así que me liberaron de todo. Esto pasó en Ceuta. Luego me enviaron a Tetuán, yo protesté y dije que era un español que vivía en Buenos Aires. A los nueve meses me llamó un comandante y, por fin, me mandó a casa.

Empezó como pintor y luego evolucionó hacia la escultura.

Si algo me caracteriza es que me interesa todo. Quise ser arquitecto, pero no pudo ser. La Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial no me dejaron estudiar, así que decidí ser una persona culta en aquello que me atañía a mí, que era el arte, y me enteré de cuáles eran las herramientas que tiene el artista para expresarse. Me he encontrado con el diseño industrial, el óleo, la acuarela, el grabado... Evolucioné hacia la escultura gracias a una investigación de la conducta de la línea en el plano. Fue una cuestión experimental que me sucedió mientras vivía con Oteiza.

¿En qué disciplina se encuentra ahora más cómodo?

Cuando pido un taxi digo que soy el escultor Basterretxea, el hecho de que pinte despista un poco a la gente. Yo no he dejado de hacer nada de lo que hacía al principio: pintar, dibujar, collages... Pero ahí hay un peligro, porque como dice el refrán, "el que mucho abarca poco aprieta", y mi lucha es la de abarcar mucho apretando mucho.

¿Es posible?

La verdad, no lo sé, siempre tengo mis dudas, pero es mucho más entretenido, me gusta meterme en territorios distintos. También he hecho cine, pero no me considero un hombre de cine. Y hasta he diseñado muebles. Lo que importa es seguir adelante.

¿Qué hay en la mesa de su estudio?, ¿tiene algo entre manos?

He donado una cantidad importante de esculturas a Bermeo. Nos encontramos en la fase final. Hay una plaza en Bermeo, donde creo que tiene que haber más niños que en todo Norteamérica, y ahí van a colocar, a modo de crómlech, 18 creaciones mías.

¿Cuándo trabaja?

Duermo poquísimo, entre cuatro y cinco horas. Hay noches en las que solo he dormido durante dos o tres horas. Antes dormía mucho más, aunque yo creo que me estoy pasando de la raya, tengo que hacer algo. Durante el día me siento delante de la televisión y me quedo dormido.

¿Le gusta la noche?

Sí, por la tranquilidad. Empiezo a hacer cosas y me dan las cinco de la mañana sin darme cuenta.

¿Un artista no se jubila nunca?

Nunca, yo no me puedo jubilar, porque la vocación no es un empleo. La vocación es maravillosa pero, al mismo tiempo, también es una tirana. Te crea una sensación y un sentimiento de seriedad y cumplimiento, de no descansar. Por lo menos en mí. Es muy exigente. Muchas veces me levanto por la noche, empiezo a trabajar y, de pronto, me doy cuenta de que han pasado dos horas, o tres.

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"El talento es un valor increíblemente inesperado, es algo biológico, se trata de un don corporal"
"El abrazo entre Chillida y Oteiza ha sido una farsa terrible y prefabricada, algo vergonzoso"
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