Diario de Noticias de Álava

y el domingo...

Los tres Reyes Magos, en versión del dibujante vitoriano, retratado en la foto de abajo ante la ilustración que ejerce de portada en 'Los domingos'.

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hAY imágenes, sensaciones de la infancia, que se graban indeleblemente en nuestro interior. Son los primeros recuerdos, ese cimiento breve y endeble, pero imperecedero, que nos acompaña de por vida, esbozando el punto de partida de nuestro camino, una referencia que jamás nos abandona.

Escribió el francés Jean Baptiste Alphonse Karr que "sólo se inventa mediante el recuerdo", y el artista alavés Mauro Entrialgo recoge el eco de su frase en su nuevo álbum, Los domingos (Edicions de Ponent), un paseo por esas instantáneas de la primera pubertad que todos guardamos y que él comparte, con humor teñido de reflexión -o viceversa- en un peculiar volumen autobiográfico.

"Hace varios años estaba viendo mi colección de libros de cuentos infantiles y me apeteció sacar uno bien editado, cambiando un poco de registro en cuanto al dibujo e intentándolo dirigir hacia niños", explica el autor vitoriano. "Hablé con uno de mis editores y me dio libertad total para que hiciera lo que quisiera". Este contacto con Paco Camarasa, reciente premio Yellow Kid al mejor editor europeo, inició este trayecto hacia el pasado que, como todo proyecto que se precie, fue creciendo y mutando en su gestación. "Yo había estado apuntando cosas que me gustaban a mí de pequeño, y al final me empezaron a parecer más interesantes que el libro que quería hacer para niños. Al final se fue convirtiendo en este libro para adultos que habla sobre la infancia".

El fondo ya no era el mismo, pero sí las formas, ya que Entrialgo se lanzó al papel con el modus operandi original. "Ya que trata sobre la infancia respeté la tipografía muy grande, las páginas grandes, las tapas duras, los dibujos abundantes", explica el artista, que, retrocediendo a su vez en su experiencia como dibujante, volvió a calzarse los métodos más artesanales para retratar su pasado. Comienza el buceo temporal, y Mauro se lanza a las aguas de una disciplina clásica, la acuarela. "Hace mucho tiempo que no utilizaba técnicas manuales y me apetecía variar un poco. La idea era acoplarse al formato. Los libros de niños suelen utilizar muy poco los colores planos por ordenador que uso yo desde hace casi diez años. Como el proceso del libro iba a ser largo, empecé comprándome unas agendas que llevaba a todos los sitios, y fui practicando un poquito con la acuarela mientras por otro lado iba escribiendo anotaciones. La gente dice 'ahora te has pasado a la acuarela', pero en realidad llevaba ya tres años haciéndolas, lo que pasa es que sin publicar por ningún sitio".

"Poder disfrutar de los recuerdos de la vida es vivir dos veces", dejó escrito para la posteridad el poeta latino Marco Valerio Marcial. Entrialgo ha registrado esa doble experiencia en un álbum que nos descubre sus primeros paisajes. Sus piezas de construcciones guardadas en el bote de Colón, su odio hacia el tomate frito o su operación de amígdalas son pequeños pasos en la visita a sus territorios, que adquieren en ocasiones, más allá de la nostalgia o la más pura carcajada, un tono cercano a lo mágico.

Con nombres y apellidos, el creador nos habla de su tocayo abuelo, fundador de La Brasileña y capitán de barco mercante, de las monjas del colegio de las escolapias en Ajuria Enea, de las huellas de disparos en el coche de su tía Maribel, pequeñas piedrecitas que nos guían hacia nuestros propios recuerdos. "Contar cosas te sirve de terapia, pero, por otra parte, el motivo del libro es reflexionar sobre la memoria y el recuerdo, y, para que la gente haga el mismo ejercicio que he hecho yo, la forma más sincera de hacerlo era mostrando mis propios recuerdos. Si cuentas tus propias cosas lo que estás contando es más sincero y llega más a la gente".

De hecho, la lectura ha tenido en varios casos prolongación posterior. "Por lo que creo que ha funcionado el libro es porque, a partir de leerlo, mucha gente me cuenta que han empezado a recordar cosas de pequeño de las que nos se acordaban, o se han puesto a preguntar a los familiares por algunos detalles que no tenían muy claros. Todos tenemos historias parecidas, y a partir de las mías quiero que la gente recuerde las de cada uno de ellos".

Como todo creador, el vitoriano se ha nutrido siempre en su trabajo de lo que sucede a su alrededor, pero nunca con una rúbrica tan personal, algo que explica el propio espíritu del libro. "En esta ocasión se prestaba más a que fuera real porque, como el libro habla un poco de la fiabilidad de la memoria, arriesgarme a poner nombres y hechos es arriesgarme a que la gente me diga 'oye, esto no fue así'. Por eso en alguna parte del libro hablo de que lo cuento tal y como lo recuerdo. No puedo asegurar que es como sucedió exactamente".

Y es que uno de los atractivos del recuerdo es su capacidad independiente de conservación y crecimiento, fundiéndose con experiencias colindantes de manera inexplicable. La familia del autor ya se ha encargado de matizarle algunas páginas una vez publicado el libro. "Mi padre me ha dicho que he puesto que le echaron de la fábrica pero no que no hizo nada malo. Y me ha dicho que la había liado con el coche de un tío mío. Pero igual que me han dicho que algunos detalles no eran exactamente como yo los recordaba, por ejemplo una hermana mía al leer una cosa ha dicho '¡ay va, esto era verdad'; y es que no había pensado en ello desde hacía tiempo".

El resultado es, de este modo, un tributo "la gente que ha tenido que ver conmigo", no exento de pudor. "Pero la diferencia respecto a estas historias de las televisiones y de la prensa rosa, que hablan de la vida íntima de cada uno, está en que yo soy el que abro las puertas de lo que quiero contar, puedo matizar y contar sólo aquello que quiero, no abrir totalmente mi vida y que cada uno pueda coger lo que le de la gana".

El leit motiv , el punto de partida del volumen, son los domingos que le dan título. "Son días que incitan a la reflexión. Como no estás trabajando y tienes toda la semana encima, las tardes de los domingos siempre las he asociado al recuerdo, a la capitulación de lo que ha pasado durante toda la semana, y a veces ésta se expande a lo que te ha pasado durante toda la vida. De hecho, también un domingo es cuando se me ocurrió hacer la historia". (Y, dicho sea de paso, cuando se escribe este artículo). El último día de la semana, además, abre en esta ocasión un posible horizonte, ya que el proyecto es que esta pieza inaugure una serie de libros, de distinto formato y enfoque, para cada día de la semana. "El sábado, que se relaciona con la juerga nocturna, hablaría de la adolescencia, el jueves el mercado y las cosas relacionadas con el dinero, con cómo conseguir dinero, trabajar..."

Dice en el prólogo el periodista Rubén Lardín que somos nuestros recuerdos. "Yo suelo decir que somos genes y circunstancias, y los recuerdos son lo que queda de las circunstancias que hemos vivido". Para Mauro, el propio proceso creativo ha avivado algunas de esas circunstancias en forma de historias. "Hay algunas que siempre he tenido ahí, pero hay otras que al empezar a escribir ni me acordaba y me han venido porque las he asociado".

Ese misterio se recoge en 48 páginas con poso nostálgico, en un momento en que el valor de lo personal, del sello de identidad de los recuerdos, a medio camino entre la realidad y la imaginación, se revaloriza. "En esta época que vivimos es curioso, porque hay cada vez mayor acceso a material documental. Todo el mundo tiene videocámara, en Internet puedes acceder cada vez más a piezas como vídeos de anuncios de cuando eras pequeño, cada vez hay más grabación de la vida y es más difícil que se creen estas leyendas, porque tienes acceso al documento original".

Original e insólito, este trabajo se sale de la línea habitual de Entrialgo, reinventando su producción y permitiéndole mostrar de una tacada material nuevo, acostumbrados a sus recopilaciones. "A los que nos dedicamos a hacer historietas, como vivimos más que nada de las colaboraciones periódicas en revistas, nos es difícil sacar libros que estén compuestos por material inédito. Lo hacemos muy poquito a poquito y en tiempos libres". Sacar un poco de ese tiempo para leer este volumen es una buena opción. "El recuerdo que deja un libro es más importante que el libro mismo", dijo Bécquer. Los domingos lo atestigua.

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