
Imanol Uribe, ayer, en la terraza de un bar de Donostia, cerca del centro donde se celebra el taller sobre creación cinematográfica que inauguró.Foto: RUBEN PLAZA
Donostia . En el taller participan 32 personas involucradas en diez proyectos audiovisuales todavía en ejecución. Hasta el viernes, reciben asesoramiento individualizado de expertos como el propio Uribe, centrado en la vertiente más creativa del séptimo arte; Peter Andermatt, director y socio fundador de Arena Audiovisual; Vicente Mora, especialista en financiación internacional, guionista y director; Enrique Muñoz, asesor de productores; y José Jacoste, productor cinematográfico.
Le ha tocado ofrecer la sesión más creativa de los talleres. ¿Qué pautas les ha dado a los participantes?
Pues sí, soy un poco el invitado artístico de la función. No había participado nunca en este tipo de talleres y no sabía muy bien qué contar, por eso me he centrado en darles algunos consejos para manejarse en este mundo, que atraviesa ahora mismo una situación muy precaria. Hay que pensárselo mucho para saber qué hacer y cómo hacerlo, y después de eso tener mucha suerte para salir adelante. Creo que ahora mismo hay que reflexionar largo y tendido antes de tirarse a la piscina, valorar si realmente contamos con los medios necesarios para sacar adelante un proyecto o merece la pena esperar antes de llevarlo a cabo de mala manera. No hay que olvidar que las películas más interesantes muchas veces nunca se llegan a hacer. A lo largo de mi vida, he dejado en el camino más proyectos que los que he acabado haciendo. Los últimos tres años, sin ir más lejos, he estado trabajando en una película sobre la princesa de Éboli que finalmente no ha llegado a buen puerto.
Un panorama diferente al que se vivió a principios de los años 80, con el boom del cine vasco...
En el taller he hablado de las oportunidades que surgieron en esa época y las decisiones equivocadas que se tomaron, para ilustrar a las nuevas generaciones sobre los problemas de producción y distribución que se repiten ahora.
¿Esas decisiones equivocadas son las que hicieron que muchos cineastas vascos se marcharan en estampida a Madrid?
Yo estuve aquí durante los primeros años de la transición, entre 1979 y 1986, una época en la que el cine vasco tuvo mucho tirón de público y en la que gente que se había ido a Madrid, como Pedro Olea, regresó. Era un momento de mucha ilusión, pero ni el Gobierno Vasco ni ETB estuvieron a la altura de las circunstancias. Las pequeñas productoras de aquellos años podían sacar una película al año y para vivir con tranquilidad necesitaban de otras actividades paralelas, como la producción de programas de televisión. Allí ETB pudo jugar un papel importante, pero no lo hizo.
Pero parece que el acuerdo alcanzado el año pasado entre este grupo audiovisual y las productoras vascas podría dar la vuelta a la tortilla.
Lo que no hay que hacer, en ningún caso, es producir sin criterio. Ahora mismo, de las ciento y pico películas españolas que se hacen al año sólo consiguen salvar los muebles siete u ocho. Las demás van directas al matadero. El objetivo es hacer una de esas diez películas y no estar en el lado de las 90 que fracasan. Es evidente que no hay mercado suficiente para tantas películas, y eso hace que las salas de proyección se enfrenten y unos proyectos pisen a otros, hasta conseguir que ninguno funcione. Creo que, con las dimensiones actuales del mercado, el ritmo de producción de cine español tendría que reducirse a la mitad para funcionar. Con 50 o 60 películas al año de más presupuesto las cosas irían mejor. El resto de proyectos podrían tener cabida en televisión.
¿Las 'tv movies' son la tabla de salvación del sector audiovisual?
Serían una manera de subsistir si las cadenas de televisión apostaran realmente por este producto. Lo que no puede ser es que todos hagamos cine y ocurran cosas terribles y disparatadas, como que un productor pague una millonada por comprar entradas de una película que no funciona en taquilla para no correr el riesgo de perder las subvenciones que ha recibido del Ministerio, que le pide recaudar 35 millones de pesetas a un producto que a duras penas ha conseguido recaudar cinco millones. Es el colmo del absurdo.
Parece que ha pintado un panorama muy pesimista a los participantes del taller. ¿El empuje de los nuevos creadores choca irremediablemente con la realidad del mercado?
La verdad es que en Donostia hay gente con proyectos que suenan muy bien y con muchas ganas de que prosperen. En el taller está, por ejemplo, Aizpea Goenaga, que está muy contenta con el resultado de su primera película para televisión, Zeru horiek . No quiero quitar las ganas de hacer cine a nadie, pero sí invitar a la gente a la autorreflexión.
Han pasado 12 años desde que triunfó con 'Días Contados' y 25 desde que se estrenó 'La fuga de Segovia.'. ¿Se animaría ahora a hacer una nueva película sobre ETA?
Si el proyecto me gustara, ¿por qué no? Pero no tengo ni idea de por dónde tiraría. Quizá por nada que estuviera ligado con la más inmediata actualidad, porque eso es muy peligroso. Hoy estamos en tregua, pero mañana la situación puede cambiar radicalmente. Hay una fauna muy variada entre la que bucear para hacer una película sobre ETA.
¿Está todo atado para que empiece a rodar la versión cinematográfica de 'La carta esférica en septiembre'?
Toco madera. Espero que todo esté listo. Tras cuatro años sin rodar, tengo mucho mono. Rodar es la peor droga que existe.
¿Se siente cómodo adaptando novelas? Últimamente enlaza una adaptación tras otra...
He hecho guiones originales, adaptaciones libres y otras más fieles al texto original, y en los tres campos me encuentro cómodo. Creo que las novelas son una fuente natural de inspiración a la hora de hacer cine. Pero también me gusta trabajar los textos y aportar algo diferente.
Secuencias submarinas, escenas en un velero... Se presenta un rodaje complicado.
El mar es siempre un lío, pero cuento con un buen equipo.
Salvando las distancias, el éxito que aporta el componente aventurero e histórico de las novelas de Arturo Pérez Reverte puede compararse con el que ha tenido Dan Brown con 'El Código Da Vinci'. ¿Espera beneficiares de ese gancho?
Espero que mi película no tenga nada que ver con El Código.... Lo que me gustó de La carta esférica es la historia de amor y aventuras que relata. Me apetecía hacer una película romántica.
Ha hablado de proyectos que inevitablemente quedan guardados en el cajón. ¿Cuál es el suyo?
Hay uno en torno a San Ignacio de Loiola sobre el que estuve mucho tiempo trabajando en los 80 y al final se quedó en el tintero. Es un personaje que me fascina. Me gustaría hacer una serie sobre él.
¿Las televisiones están receptivas a este tipo de productos, ahora que se está ampliando la oferta y necesitan competir con novedades?
Para nada. A las televisiones les interesan las cosas baratas y de humor, en el mejor de los casos. No están en absoluto predispuestas a proyectos más arriesgados.
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