Editorial
Reconducir el debate del auditorio
lo largo del año que dejamos atrás hace catorce días, el tan traído y llevado proyecto de auditorio ha marcado sobremanera el debate municipal de Vitoria-Gasteiz y, sin embargo, el hecho de que a la hora de negociar los presupuestos para 2006 nos encontremos en una situación de bloqueo calcada a la de hace un año evidencia hasta qué punto la discusión ha resultado también estéril. Ha sido un debate que ha agotado demasiados esfuerzos en cuestiones adjetivas -ubicación, dotación presupuestaria o elementos accesorios del edificio- antes de abordar y resolver el sustantivo inicial: qué tipo de proyecto se plantea, con qué funciones y finalidad y qué representa esta pieza en el contexto de desarrollo estratégico de la ciudad. El alcalde
Alfonso Alonso
ha hecho casi una cuestión de empeño personal que el proyecto se redujera a un palacio de la música -descartando otras funciones como centro de grandes eventos y congresos- tal y como lo había diseñado el arquitecto
Navarro Baldeweg y que estuviera ubicado necesariamente en el paseo de La Senda. Dos condicionantes que, además de la cerrazón del alcalde para discutirlos y de los desmedidos desfases presupuestarios que ha ido acumulando el proyecto, han terminado por dejar el debate en vía muerta. El alcalde, necesitado de buscar el apoyo de los socialistas para salvar su delicada situación de minoría y evitar una nueva y desalentadora prórroga presupuestaria, se planteó ayer la posibilidad de renunciar a la partida de su proyecto estrella. Pretende allanar así las negociaciones de los presupuestos municipales con el PSE, formación que, al igual que el resto de los grupos de la oposición, no parece dispuesta a asumir el empeño de Alonso por el palacio de la música. El movimiento del alcalde llevaría a suponer cierto propósito de enmienda que sería muy saludable para retomar el debate sobre el auditorio desde lo sustantivo y enmarcarlo en el dibujo global que exige la ciudad para encajar en su desarrollo urbanístico los grandes proyectos pendientes. Sería un paso atrás para dar dos adelante. Por el contrario, si se limita a guardar en el cajón el proyecto a la espera de mejores tiempos, desaprovechará una ocasión para reconducir el debate del auditorio -así como el soterramiento o el tranvía- desde una visión global, espíritu abierto y predisposición negociadora.