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Trump, ¿otra vuelta de tuerca del capitalismo?

Por Mikel Askunze - Lunes, 9 de Enero de 2017 - Actualizado a las 06:12h

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Tras el inesperado triunfo de Donald Trump en las elecciones estadounidenses, muchas personas han considerado que el mundo entero ha dado un paso atrás y han buscado explicaciones a esta nueva pesadilla. ¿Estamos a las puertas de una catástrofe planetaria? ¿Se va a desvirtuar la democracia norteamericana y en consecuencia todas las democracias de los llamados países libres? ¿Retrocedemos hacia épocas más negras, después del largo proceso reaccionario que ya sufrimos con la llamada crisis económica?

Pienso que realmente vamos cayendo en picado, pero esto ya lo veníamos haciendo tras la pasividad y escasa reacción de la población ante los recortes económicos, paro, desahucios y distanciamiento cada vez mayor entre ricos y pobres. ¿Podemos hablar aún de democracia, refiriéndonos a los países capitalistas?

Por mucho que manipulen nuestro cerebro, tratando de hacernos creer que vivimos en el mundo libre, la mayoría ya no nos dejamos engañar del todo. ¿O sí? Algo inquietante en nuestra vida política y social tendría que ocurrir para despertarnos del falso sueño democrático. ¿Nuestros representantes nos representan? ¿Existe realmente un cordón umbilical que une a los ciudadanos y ciudadanas con los parlamentarios o los gobernantes?

La respuesta a estos interrogantes viene de lejos. Carlos Marx en el Manifiesto Comunista de 1848 afirmaba: “Hoy el Poder público viene a ser pura y simplemente el Consejo de Administración que rige los intereses colectivos de la clase burguesa”. En el Capital declaraba igualmente: “Tras el poder del Estado de las democracias burguesas está la clase dominante, es decir la burguesía y el gran capital”. En este terreno nada ha cambiado; gobierne Hillary Clinton o Donald Trump, dirija el Gobierno del Estado español el Partido Popular o el Socialista, todos van a ser títeres en la economía política de las multinacionales y de la banca capitalista.

Para hacer más evidente esta dependencia del poder político respecto al económico podríamos utilizar un relato, una fábula que narraba el escritor uruguayo Eduardo Galeano. El cuento en cuestión plantea la siguiente historia: un buen día en un restaurante el cocinero quiso dar una muestra de democracia y reunió a las gallinas, faisanes, patos, cerdos, conejos y otros animales. Se dirigió a ellos diciendo: “Quiero hacer con ustedes una asamblea para que todos se puedan expresar libre y democráticamente, quiero preguntarles con qué salsa desean ser cocinados”. De inmediato todos los animales quedaron asustados y una humilde gallina se atrevió a hablar y dijo: “Yo no quiero ser cocinada”. Ante semejante arrogancia el cocinero gritó: “Eso está fuera de toda discusión. Lo que ustedes pueden decidir es la salsa con la que desean ser cocinados, ahí radica su libertad”. La misma pregunta nos hacen a mujeres y hombres que teóricamente somos ciudadanos: ¿Desean ser cocinados con la salsa del partido de la derecha o con la del partido que se dice de izquierda?

Lo terrible es que con Trump y sus huestes muchos serán cocinados siendo arrojados vivos al agua hirviendo, como ocurre con los bogavantes, las langostas o los pulpos. La democracia ya no da para tanto, ya no nos preguntarán sobre el tipo de salsa que preferimos, seremos abrasados o comidos vivos directamente. A esto es a lo que me refería con el título de este artículo, al hablar de otra posible vuelta de tuerca.

El neoliberalismo capitalista es voraz, no se conforma con nada, siempre quiere más y más a costa de las personas más débiles. ¿No será el triunfo de Donald Trump una buena ocasión para apretar aún más el cuello de los trabajadores, sobre todo de los emigrantes, de las mujeres y de las clases más depauperadas hasta el punto del estrangulamiento?

Hemos sufrido, como ya indicaba antes, una terrible vuelta de tuerca económica y política que ha conducido a las clases medias a la pobreza y a las clases pobres a la miseria absoluta. Una larga historia de luchas obreras, llenas de sacrificios, sudor y sangre fueron logrando algunas mejoras en la situación de los trabajadores. Frente al capitalismo salvaje del siglo XIX se fueron consiguiendo, al menos en Europa, ciertos avances. Se fue estableciendo una regulación laboral con leyes que protegían a la llamada entonces clase proletaria.

Pues bien, esa primera vuelta de tuerca que los tecnócratas denominaron “crisis económica” sirvió para acabar con tanto “vicio”. A partir de esta patraña capitalista, que enriqueció a los bancos y banqueros corruptos con dinero público, se introdujo una desregularización que acabó con las leyes anteriores. Bajo los eufemismos de liberación y flexibilización laboral se despidió de sus empleos a muchas trabajadoras y obreros; eso tuvo como consecuencia inmediata un terrible aumento del paro. Desaparecieron gran parte de los empleos estables y se sustituyeron por trabajos eventuales, sin seguridad alguna. Los salarios fueron revisados a la baja y el poder adquisitivo de la clase trabajadora se hundió. Los recortes sociales agravaron la situación de muchas personas que se tuvieron que resignar a vivir en casa de sus padres o en la calle, tras desahucios continuos. Las personas más vulnerables, muchos emigrantes, mujeres y gente joven se vieron abocados a la dependencia más absoluta y frecuentemente a la desesperación. Frente a todo esto han surgido ciertas reacciones y luchas que se han solucionado convenientemente mediante la represión, la amenaza o el engaño. Sin embargo hay que reconocer que aún quedan vivos ciertos intentos revolucionarios.

El filósofo esloveno Slavoj Žižek confesó que Trump le aterroriza, pero que está convencido de que la Hillary demócrata era un peligro aún mayor

¿La figura de Trump y todo lo que se esconde tras ella supone una segunda vuelta de tuerca? Si es así, que tiemblen los emigrantes, las mujeres y los más pobres, que tiemble la naturaleza deteriorada, a ver si entonces se amedrentan también Trump y sus huestes. No es para menos, las irracionales amenazas de este monstruo y sus voceros asustan a cualquiera. Probablemente tienen la consigna de atemorizar a quienes no entran en sus coordenadas de ricachones. Trump hace proclamas racistas, xenófobas, homófobas, machistas, antiecológicas y cargadas de aporofobia. ¿Qué se puede esperar de todo esto? ¿No estamos ante una explosión de fascismo?

Lo peor es que esta ola se extiende por Europa con el crecimiento de los partidos de extrema derecha o con las prácticas de algunos partidos de derecha que se oponen con las palabras a esas proclamas nazis, pero que las aplican con los hechos, como ocurre en el Estado español con el partido gobernante. Otros partidos llamados de izquierda no reaccionan y no quieren saber nada.

Ante esta situación habría que hacerse algunas preguntas: ¿Por qué las personas más inseguras y cabreadas se dejan seducir por planteamientos vulgares y asquerosos de los líderes fascistas? ¿Nos vamos a dejar estrangular resignadamente o vamos a reaccionar de alguna manera?

Para contestar a estos interrogantes o al menos entender lo que está pasando, cabría citar a Herbert Marcuse que, refiriéndose a la falta de oposición real dentro de este sistema diabólico denunciaba: “Los trabajadores del capitalismo tardío son ciegos para ver sus cadenas y defienden con uñas y dientes su propia explotación.” Otro autor que podría ofrecer alguna luz para explicar este panorama oscuro sería Noam Chomsky, cuando nos habla de la “fabricación de consenso”. En efecto, ciertos poderes económicos y políticos tienen bajo su control todos los medios de comunicación y a través de ellos crean ideologías desde las cuales hacen que la población piense y decida según los intereses de esos poderes generalmente ocultos. Sin duda cabría dar mil explicaciones al boom de Trump y otros similares. Sus asesores lo tienen muy claro y por eso les aconsejan lo que deben hacer: hay que dirigir los mensajes y las campañas a nuestro primitivo e irracional cerebro de reptil y no a la parte racional de nuestra mente. Hay que evitar que la gente piense realmente.

Hasta aquí he intentado responder parcialmente a la primera cuestión, ahora se trataría de evitar que nos sumerjan vivos en agua hirviendo. ¿Qué hacer? ¿Cómo reaccionar?

Nos paraliza nuestro progresivo aburguesamiento, esa tendencia a convertirnos en “advenidos” En efecto muchos de nosotros, aun siendo de clase trabajadora, nos identificamos con los valores y el estatus de la clase burguesa; somos “advenidos” a una clase que no nos corresponde, pero que se nos ha presentado como la referencia ideal. Por ello pretendemos entrar en el club de los burgueses, aunque sea traicionando inconscientemente nuestra auténtica pertenencia.

Otro factor que nos inmoviliza es sin duda el individualismo, propiciado por este sistema y asumido por la gran mayoría de la ciudadanía. No es que seamos individuos en sentido positivo, es decir personas con identidad propia o seres diferenciados de los demás. Por el contrario tendemos a funcionar como masa amorfa, pero luego nos atomizamos, nos sentimos separados del vecino e indiferentes ante el resto de nuestros semejantes. Y así nos va. Pueden hacer con nosotros lo que quieran, somos de este modo perfectamente manipulables.

La situación que vivimos y todavía más la que nos va a tocar vivir debe propiciar nuestra reacción, la de todas las personas que buscan la justicia y la de todos los movimientos de izquierda. El filósofo esloveno Slavoj Žižek confesó que Trump le aterroriza, pero que está convencido de que la Hillary demócrata era un peligro aún mayor. ¿Qué sentido tiene esta afirmación? Para él Hillary Clinton representa la continuidad del sistema capitalista de represión, bajo la capa de lo políticamente correcto. Trump es el monstruo obsceno que horroriza. Žižek abriga la desesperada esperanza de que este ser impresentable, con todo su séquito de gobernantes fascistas, despierte la reacción de la izquierda y de la gente que ahora está adormecida por las buenas apariencias. Ante esta segunda vuelta de tuerca del capitalismo más brutal es preciso crear un: “¡Basta ya!”

Esta nueva cara del sistema neoliberal produce terror. Ellos tienen la fuerza, las armas y el control ideológico, pero son plenamente irracionales. Ellos tienen el poder, pero carecen de razón. Cabría aquí repetir las palabras que Miguel de Unamuno dirigió contra las tropas de otro fascismo, el de Franco: “Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta; pero no convenceréis, porque para convencer hay que persuadir y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha”

Detengamos esta agresión contra los valores éticos y contra los derechos humanos. Este ataque que se está fraguando en Estados Unidos y que se refleja de forma más o menos clara en Europa y en España debe promover una concienciación en todos de lo que está ocurriendo y como consecuencia debe impulsar una práctica de resistencia.

Deseo que la desesperada esperanza de Žižek se cumpla. De lo contrario estamos expuestos a habitar un mundo tan espantoso que podría ocurrir que en esas condiciones ya ni siquiera mereciera la pena vivir.

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