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Denuncia social

La Diputación revisará al fin el caso de maltrato a animales en Labastida

Un informe desvela que en Álava se dan situaciones así desde hace años

El hombre denunciado comercia con perros y burros a los que agrede

pablo josé pérez - Viernes, 18 de Enero de 2013 - Actualizado a las 05:11h

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Imagen de perros abandonados.

Imagen de perros abandonados. (Foto: EP/ Guardia Civil)

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Labastida. Con no demasiado entusiasmo ante el problema y desde luego con un vago conocimiento del alcance que ha tenido hasta ahora la explotación de animales en Álava, la Diputación aseguró ayer que se dirigirá al vecino de Labastida, identificado como Leo, para regularizar la situación de los burros, así como de dos perros que habían localizado.

Al parecer, el conocido como Informe Vicky sobre el tráfico de perros y gatos, que da cuenta de la situación que se está viviendo en Álava hace años, apenas ha servido para frenar el maltrato animal, ni ha arrojado suficiente luz sobre si los animales que son exportados son todos adoptados y cuidados o una parte se desvía a experimentos de laboratorio.

La Sociedad Protectora de Animales de Álava, que lleva el nombre de Vicky Moore, lleva años trabajando para intentar proteger a los animales. En julio de 2005, denunció ante el Ayuntamiento de Labastida y a la Diputación las actividades del joven (supuestamente Leo) que durante años se apropia indebidamente de perros, no declara su tenencia, los maltrata y amenaza y comercia con los mismos, tal como se anunciaba en una clínica veterinaria de Haro.

La asociación también confirmó que ese individuo guarda los animales en un terreno público, propiedad del Ayuntamiento de Labastida, de dimensiones no apropiadas, que no reúne las condiciones higiénicas y de salubridad que exige la ley. Las casetas que dan cobijo a los animales son contenedores de basura del Consistorio, fabricados con un material que no protege a los animales de los rigores del invierno ni de las altas temperaturas del verano.

El veterinario de la Diputación Foral, Koldo Gotzon Pérez, se desplazó entonces personalmente al Ayuntamiento de Labastida con el deseo de poner fin a la situación denunciada por esta sociedad, realizó una labor de coordinación para que trabajadores de la perrera de Armentia (en Vitoria) y retiraran todos aquellos perros cuya propiedad no fuera acreditada por Leo. Finalmente, los animales trasladados a la perrera municipal no fueron los que indicó el funcionario y los empleados de la perrera no llevaron un lector de microchip, por lo que no pudieron determinar qué animales eran propiedad del denunciado. Fue el joven quien señaló los perros que podían llevarse, que eran los que a él le estorbaban en ese momento. En la actualidad, persiste la ausencia de control de identificación de esta población animal, así como la falta de condiciones higiénico-sanitaria en que viven los animales encerrados en este lugar, como dio a conocer DNA hace unos días.

Posteriormente, la asociación realizó otra denuncia sobre otro paraje situado en el camino a Rivas de Tesero, donde, según les había informado este joven y su tío, guardaban ovejas, burros, perros.... También sin ningún tipo de control. Uno de los días que el colectivo vigiló este emplazamiento pudo observar la presencia de los denunciados acompañados de unas personas que llegaron en una furgoneta, en cuya carrocería se anunciaba la venta de "cachorros de todas las razas".

Posteriormente, tío y sobrino trasladaron los animales que almacenaban en este espacio a un lugar solitario, de difícil visibilidad conocido por los lugareños como Viñas Viejas, ubicado en monte público, también cedido por el anterior alcalde de Labastida. Finalmente, los animales fueron desplazados a otro lugar, conocido como el Alto de Mendigurina, penoso, insalubre, también cedido por el anterior primer edil. Es importante señalar que las ovejas, que tampoco están sometidas a ningún tipo de control, pueden estar destinadas a consumo humano, según Vicky Moore.

Por otro lado, en septiembre de 2006 la misma asociación solicitó al entonces diputado de Agricultura la apertura de una investigación urgente sobre las actividades que se podían estar realizando en un chalé situado a unos 500 metros del hospital de Leza. Según la documentación presentada desde hace años, se podían escuchar los ladridos de perros encerrados en dependencias de la casa. Una situación que parece mantenerse en la actualidad.

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