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Un buen Alavés, sobre todo en la segunda parte, vuelve a ganar a pesar de su tardanza para sentenciar
Borja Mallo - Domingo, 14 de Octubre de 2012 - Actualizado a las 05:15h
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Óscar Rubio solventó a la perfección todo el trabajo que tuvo en defensa. (Iñaki Porto)
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Pamplona. Nada le hacía más falta al Deportivo Alavés que recuperar las buenas sensaciones que transmite una victoria. Solo había pasado dos semanas sin conseguirla, pero su ausencia comenzaba a generar algunos indicios de angustia. Como si se le hubiese olvidado el camino hacia la misma, como ya le pasó ante la Real Sociedad B, el equipo de Natxo González hubo de sufrir mucho más de lo necesario y de lo merecido para llevarse el triunfo ante Osasuna Promesas en un partido en el que, sobre todo en la segunda parte, dominó con notable comodidad pero en el que no pudo disfrutar de una bien ganada tranquilidad por su falta de eficacia en los remates. Al final, de tantas ocasiones acabaron brotando un par de dianas que devuelven al equipo a la normalidad en el mejor momento.
El cuadro albiazul se mostró en el arranque excesivamente condescendiente con un rival al que le costaba muchísimo dar una salida correcta al balón, que se le trastabillaba entre las piernas al más mínimo intento de presión, que en esta ocasión no fue tan intensa como en anteriores ocasiones. Pese a ello, el control de juego por parte de un Alavés que parecía jugar en casa al estar Tajonar atestado de aficionados vitorianos fue una constante, aunque casi siempre sin la profundidad necesaria como para generar peligro.
El equipo de Natxo González se volcó de inicio por la izquierda con un Manu García descomunal y un Barahona bullanguero. El problema es que los balones al área no encontraban rematador por las caídas constantes de Negredo para generar juego hacia la banda. El flanco diestro, arma mortal de este equipo, se encontraba demasiado desasistido.
Eso hasta que después de tanta carga por la izquierda y de unas cuantas acciones a balón parado de cierto riesgo, la conexión entre Rubio y Guzmán volvió a ponerse en funcionamiento. Pocos jugadores como estos hay en la categoría y un tándem así, seguramente ninguno. De la llegada del lateral desde atrás surgió la ruptura del extremo, que pisó línea de fondo y puso un centro en el área pequeña, donde el batallador Barahona consiguió meter el pie para dejar el esférico muerto a placer para el remate de Guzmán.
Corría el minuto 25 y el Alavés cumplía la parte inicial de su idea a la vez que comenzaba a pisar a fondo el acelerador en busca de dar finiquitado cuando antes el partido. Pudo hacerlo en varias acciones, la más clara un gol anulado por fuera de juego a Jonan cuando el cabezazo de Luciano ya parecía entrar, pero el acierto no llegó y el duelo se fue abierto al descanso con un par de momentos de zozobra de Miguel tras sendas jugadas de estrategia de enorme peligro, el único que generaron los osasunistas en la primera parte.
La incertidumbre por la corta renta en el marcador se mantendría hasta cumplido el tiempo de descuento por culpa de esa ineficacia alavesista en la definición final en alguna de las muchas acciones de ventaja que disfrutó en una segunda parte en la que pasó por encima del rival merced a la excelsa combinación entre Rubio y Guzmán en la derecha. Si en la primera parte apenas se acordó de esta banda, en la reanudación los de Natxo González centraron en la percusión por este flanco su ataque, desechando la izquierda e incluso el centro. Una y otra y otra y otra vez con la misma pareja como protagonista, pero sin el merecido premio.
Así, el partido entró en su sprint final con esa incertidumbre que le queda al equipo que es mejor, que nunca sabe si seguir atacando para buscar el segundo o si replegarse para conservar la renta. Con la entrada de Agustín se reforzó la zaga, que solo padeció a balón parado, pero a la vez se apostó por la velocidad arriba a la espera de que el impredecible colegiado Adrián Lixandru no hiciese alguna de las suyas, como ya pasó con un penalti escamoteado y un fuera de juego dudoso, a añadir a un gol anulado en la primera parte. En el último suspiro, señaló una pena máxima sobre Guzmán que el extremeño se encargó de transformar a lo Panenka, marca de la casa.
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