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DESAGRADABLE SORPRESA

9.500 pesos argentinos... cero euros

Laura vive en argentina desde 2008; de vuelta a casa de visita, su sorpresa es que ninguna entidad le cambia moneda

m.m. - Domingo, 9 de Septiembre de 2012 - Actualizado a las 05:13h

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Las entidades no permiten sacar euros con tarjetas de débito argentinas.

(R. Plaza)

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Donostia. Llegó a su tierra natal el pasado 1 de julio para reunirse con su familia y amigos y pasar las vacaciones en casa. Se trajo en el bolsillo parte de los ahorros acumulados en sus cuatro años de trabajo en Argentina: unos 9.500 pesos argentinos que, al cambio oficial (5,59 pesos por cada euro), supondrían actualmente casi 1.700 euros pero, en realidad, valen bien poco fuera de su país de origen. Cero.

Laura Cambra, una joven de 28 años que partió desde la localidad navarra de Burlada a Buenos Aires para estudiar un cursillo de seis meses nada más terminar su carrera de Publicidad y luego decidió quedarse allí a trabajar, ha visto cómo sus pesos argentinos son rechazados en todas las entidades financieras que ha consultado. Un problema añadido en un momento en el que la incertidumbre económica en el país sudamericano le ha llevado a replantearse regresar a Euskadi con su novio para instalarse definitivamente. ¿Qué pasaría en ese caso con sus ahorros?

Partió de Buenos Aires sabiendo que el Gobierno argentino acaba de endurecer las ya exigentes restricciones de cambio de moneda iniciadas a finales de 2011 incluso para viajes de ocio y trabajo, pero no pensó que la cosa era tan grave. Para su sorpresa, ninguna oficina de cambio autorizada ni entidad financiera de las varias a las que ha acudido desde que puso el pie en territorio español, le ha querido cambiar sus billetes argentinos. Ni siquiera el Banco de España.

Sus 9.500 pesos se han convertido en un lastre, el equivalente a un montón de piedras en el bolsillo. Para colmo, "tampoco se puede sacar dinero con una tarjeta de débito; lo único que puedes hacer es pagar cosas, pero no sacar dinero", algo de lo que Laura "no tenía ni idea". Su familia le ha tenido que ayudar y ahora, el dinero que ha obtenido trabajando en un restaurante fue su único colchón para su mes de vacaciones.

Laura se siente atrapada. ¿Cómo puede ser que nadie le cambie su dinero al cambio oficial fijado por el mercado y los bancos? "Me dicen que han estado cambiando hasta 20 días antes de llegar yo aquí, pero que ahora no lo hacen".

En este sentido, el Banco de España aclara que "la prestación de cambio de moneda es libre, como la de los demás servicios bancarios", según se recoge en el artículo 178 de la Ley 13/1996, de 30 de diciembre, de medidas fiscales, administrativas y del orden social (BOE de 31). El supervisor bancario español recuerda, además, que no realiza cambio de divisa a particulares.

Pero el origen del problema está en Argentina, en el conocido como "cepo al dólar" y que no es otra cosa que una restricción cambiaria para evitar la fuga de divisa y mantener las menguantes reservas de dólares, que en Argentina han pasado de 52.000 millones a 46.600 en el último año, encendiendo la señal de alarma en el Ejecutivo Kirshner.

La explicación es sencilla. Cuando un ciudadano argentino cambia pesos en otro país, lo que hace la entidad financiera que los coge es tratar de colocar estos pesos argentinos a otras entidades -no pueden vender a particulares- o bien devolverlas al país de origen a cambio de dólares u otra divisa. Por contra, la respuesta que ahora envía el Banco Central de Argentina es que no se venden dólares ni otras divisas.

Consecuencia: como los bancos de otros países no pueden canjear los pesos de aquel país, no los aceptan. "No tiene ningún sentido acumular pesos", aseguran varios expertos.

¿Qué hacer, entonces, con ese dinero? "Gracias a Dios, tengo la suerte de que voy a volver a Argentina, porque tengo a mi pareja allí, por lo que podré utilizar los pesos en el día a día", explica esta joven.

La otra solución, admite Laura, sería acudir al mercado negro, resurgido desde las nuevas restricciones del Gobierno hacia el dólar. "El cambio oficial en Argentina de un dólar es de unos 4,5 pesos y como no te lo venden, en la calle te lo pagan a 6, por lo que te dan mucho menos. Si me quisiera volver, no tendría otra solución, pero perdería con el cambio".

Uno de los temores instalados en el país sudamericano es el de una nueva devaluación de la moneda, opción que descarta la presidenta del Banco Central de Argentina, Mercedes Marcó del Pont, quien aun así defiende el cepo al dólar.

Las entidades no permiten sacar euros con tarjetas de débito argentinas. Foto: r. plaza

"Los amigos me dicen que no vuelva, que el trabajo está muy mal"

la 'eterna' crisis argentina, la enorme inflación y la dificultad de ahorro hacen que laura piense en regresar

DONOSTIA. El revés sufrido al comprobar que sus ahorros no valían nada fuera de Argentina aumenta la incertidumbre que ya había llevado tanto a ella como a su pareja, Diego, un diseñador gráfico de 32 años y nacionalidad argentina, a replantearse la opción de abandonar el país sudamericano, donde ambos cuentan con trabajo estable.

Las escasas expectativas de prosperidad en una economía hiperinflacionista -algunos analistas calculan un 25% anual de subida de precios y los datos oficiales marcan un 10%- acrecientan la inquietud de muchos ciudadanos.

Según apunta Laura, ahorrar en Argentina es una quimera para una familia trabajadora. "Hay un montón de inflación . Los precios suben todos los días. Cada dos semanas se encarece un mismo producto. Por ejemplo, ahora todo vale el doble de cuando yo llegué allí, hace cuatro años". Como muestra un botón: mientras un salario normal podría situarse en una horquilla de "entre 600 y 800 dólares, alquilar una sola habitación en la capital bonaerense supondría unos 350 euros", dice.

Tampoco ayuda el pasado reciente: el peso argentino sustituyó a los australes en 1992 y su cambio originalmente era paritario con el dólar, hasta que la crisis del corralito en 2001 y 2002 dio pie a la confiscación de los ahorros de los argentinos por valor de unos 70.000 millones de dólares, su conversión automática a pesos y la posterior devaluación.

Laura admite que siempre tuvo en la cabeza la opción de regresar. "La idea de volver siempre estuvo ahí. Ahora estamos en dudas. ¿Qué conviene más? Muchos amigos me dicen que no vuelva, que aquí no hay trabajo".

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