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Jagoba Beobide sostiene al equipo albiazul en su debut como titular en choque liguero
Nacho González apoya su esquema sobre las espaldas de un grupo de jugadores tremendamente solidarios y generosos
david pejenaute - Domingo, 9 de Septiembre de 2012 - Actualizado a las 05:13h
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Beobide y Manu García, dos jugadores que no se arrugan ante nada, se apropian de un balón en una disputa ayer. (Foto: alex larretxi)
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vitoria. Jagoba Beobide está llamado a convertirse en un futbolista de peso en el nuevo Deportivo Alavés de Nacho González. El jugador formado en Zubieta encaja como pocos en el perfil que demanda el preparador vitoriano para el dúo que sostiene desde el centro del campo el esqueleto albiazul. Beobide pone músculo para que otros brillen. El guipuzcoano, bravo, generoso, kamikaze en ocasiones, lo barre todo. Cada pelota suelta es una cuestión de vida o muerte, que casi siempre resuelve con una energía que puede convertirle en uno de los grandes ídolos de la grada de Mendizorroza.
Nacho González anda escaso de jugadores para determinadas posiciones. Pero ha reunido a un puñado de jugadores capaces de dotar de solidez a un equipo que no parece destinado a manejarse con artificios u ornamentos innecesarios. Beobide forma parte de esta cohorte de pretorianos. Jugadores como Luciano, Javi Hernández, Beobide, Manu García, Asier Salcedo o Jaume, que ayer cedió su puesto en el once al guipuzcoano, conforman los cimientos de este equipo, que a expensas de lo que pase esta tarde con el Lleida ayer se volvió a acostar como líder del segundo grupo de la Segunda División B.
Los pretorianos de Nacho González derraman el espíritu beligerante de un equipo que, más allá de su condición de aspirante a todo, está demostrando en este arranque liguero mucha más capacidad para lanzarse al barro que sus versiones previas. Cada partido cuenta. Cada jugada en una batalla. No se concede ni un metro. Ni una pulgada. Y así, el equipo ha cerrado sus tres primeros compromisos ligueros sin haber recibido un gol. Casi, de hecho, sin ceder ocasiones al rival.
Pero eso no es gratis. Tiene un coste físico, de entrega. Y este Alavés tiene crédito de sobra para asumirlo. La tremenda solidaridad con la que cada jugador se ofrece en las coberturas, en la presión, ofrecen una fiabilidad deliciosa al cuadro albiazul. Beobide marca el paso. El guipuzcoano no duda a la hora de jugarse el tipo en cada lance. Ni siquiera se esconde cuando hace falta jugarse la cabeza. Aparece en todas partes, como un ciclón, haciendo gala de una capacidad física de la que muy pocos futbolistas pueden presumir en esta categoría.
Todo le está saliendo de dulce al Glorioso en estos albores del curso. Seguramente es pronto para dejarse atrapar por los sueños, por las ilusiones, pero la grada de Mendizorroza, aún algo más vacía que en ejercicios precedentes, ayer volvió a vibrar como en las grandes ocasiones. Porque el equipo contagia. La fidelísima afición vitoriana sabe reconocer el derroche de este grupo de gladiadores. Y puede ganar o perder, pero por ahora el equipo se ha ganado el favor de un público que no sería de extrañar que poco a poco fuera creciendo en número. Sobre todo porque además gana.
Los pretorianos, base de la receta de éxito que González quiere aplicar al combinado albiazul, volvieron a sostener al equipo, incluso en los momentos en los que el rival apretó. Aguantaron y permitieron que los virtuosos, con un Guzmán espectacular, acabaran de rematar el partido que se había puesto muy de cara gracias a la fe de Negredo. Luego, ya en los estertores del choque, Asier Barahona tuvo tiempo de saldar una deuda. El menudo extremo albiazul se estrenó como goleador y mandó un cariñoso recuerdo a su padre.
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