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Con paso muy firme

El Alavés suma su tercera victoria consecutiva a base de seriedad atrás y aprovechamiento de sus ocasiones

Borja Mallo - Domingo, 9 de Septiembre de 2012 - Actualizado a las 05:13h

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Borja Viguera estuvo muy activo desde la mediapunta.

Borja Viguera estuvo muy activo desde la mediapunta. (Foto: Alex Larretxi)

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Vitoria. El Deportivo Alavés quema etapas en su crecimiento a ritmo de récord mundial. Diferentes estilos, diferentes propuestas, diferentes rivales, pero siempre un mismo resultado: la victoria. Asentado en unas sólidas bases defensivas que en esta ocasión llegaron a tambalearse en algún momento, el conjunto vitoriano mostró una capacidad excepcional para aprovechar al máximo sus ocasiones. Primero, para desequilibrar el partido en una jugada aislada y después, justo cuando más sufría, para dejar el resultado visto para sentencia con un contragolpe de libro. A partir de ahí, tiempo para el disfrute de lo que pudo ser una goleada mucho mayor ante un Real Unión al que le queda tiempo por delante para llegar a ser lo que pretende. Mientras unos intentan gatear, El Glorioso camina con paso muy firme.

No pudo tener un mejor arranque el cuadro albiazul. Casi sin comerlo ni beberlo, pero, eso sí, sin olvidarse de buscar la suerte. El factor del azar es fundamental en un deporte como el fútbol, pero el que se queda sentado esperando no suele verse beneficiado. El que corre, pelea y busca cada balón, por perdido que parezca, tiene muchas más papeletas para que la moneda acabe cayendo de su lado.

Algo así ocurrió con el gol que abrió el partido en apenas tres minutos jugados. Otermin se entretuvo con el balón entre los pies de manera completamente innecesaria retrasando un despeje que se le fue complicando con el paso de los segundos ante la amenazadora presencia de Negredo. Vio la presa accesible el madrileño, desconcertado el guardameta sin acertar a quitarse el balón de encima, y ahí que fue con toda la fuerza y la intención del mundo -basta con comprobar la colocación del pie- para cazar el mal despeje y rematarlo en su segada a la puerta vacía.

Dentellada a un partido que se ponía en franquicia desde su inicio. Mordisco que a punto estuvo de ser mortal para el Real Unión al oler la sangre del moribundo un Alavés que durante diez minutos se volcó con insistencia sobre los dominios fronterizos en busca de dejar todo resuelto cuando antes. No hubo acierto en los metros definitivos, pero el conjunto vitoriano demostró que tiene unas ideas muy claras, insistiendo siempre por las bandas y buscando a Viguera para generar desequilibrios por el centro.

Tras ese arreón inicial que tuvo como fruto el gol de Negredo, el equipo de Nacho González fue perdiendo el control del balón con el avance de la primera parte, aunque eso no se tradujo en una sensación de peligro por parte del conjunto de Imanol Idiakez, que apenas se prodigó más allá de un centro envenenado de Colinas que rebotó en el larguero. Poco o casi nada es lo que concede este Alavés a nivel defensivo y si los rivales no son capaces de aprovechar esos resquicios los partidos se ponen muy favorables a un bloque solidificado a través de esos cimientos atrás.

No se dio por avisado el cuadro albiazul con esas intentonas irundarras y de esa incapacidad local de manejar el ritmo del partido y controlar con tranquilidad el balón acabó brotando la incertidumbre. El equipo de Idiakez adelantó líneas en el arranque de la segunda parte y comenzó a percutir con insistencia, sobre todo en una banda derecha en la que Manu García sufrió mucho. Una sensacional mano de Miguel desbarató la mejor ocasión visitante, pero la sensación de peligro no se alejaba al estar el duelo completamente descosido.

Eso sí, este Alavés ha demostrado que sabe desenvolverse también en escenarios diferentes al inicialmente dispuesto. Con espacios, el equipo se mostró definitivamente dañino. Primero fue Sendoa el que dispuso de varias acciones para sentenciar, pero fue una contra con genial pase en profundidad de Jonan a Guzmán la que provocó el gol definitivo al transformar el extremeño el penalti que sobre él mismo cometió Otermin en el mano a mano. Al final, la goleada pudo ser de órdago, pero la cuenta se quedó en tres, el último obra de Barahona ya en el tiempo de descuento.

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