Publicidad
Herramientas de Contenido
[Entrar | Registrarse]
El lunes o martes, a más tardar, ambas partes deberán sellar un acuerdo
La última reunión de ayer deja poco margen; las posturas siguen enconadas
a. goñi - Sábado, 21 de Julio de 2012 - Actualizado a las 05:14h
votos
comentarios
La plantilla mantiene viva la movilización desde hace más de dos meses. (DNA)
Vista:
vitoria. A falta del último asalto, los dos púgiles continúan en pie, exhaustos, sin fuerza para seguir golpeando. La lona, salpicada con restos de la batalla, aguarda la caída del más débil, sin embargo a estas alturas del combate no existe ninguna certeza de quién podrá ser. Los dos gladiadores se esfuerzan por mostrarse enteros, escondiendo sus miserias ante el rival y midiendo las pocas fuerzas que les restan, conscientes de que un certero golpe podría ser a estas alturas letal de necesidad. El símil boxístico bien podría servir para ilustrar el conflicto laboral que desde hace más de dos meses mantienen en Vitoria los trabajadores de Celsa Atlántic, popularmente ya instaurada en el imaginario colectivo como Laminaciones Arregui, con la dirección del grupo catalán, empeñada en mantener el ERE de extinción que presentó el pasado 10 de mayo para la totalidad de su plantilla (358 trabajadores). Una medida auspiciada, supuestamente, por la reiteración negativa de las cuentas del último trienio de la compañía y un exceso de producción de fleje. Argumentos "falsos" para el grueso del comité de empresa y dudosos, cuando menos, para la Inspección de Trabajo del Gobierno Vasco, que en el dictamen sobre este caso que esta misma semana ha remitido a ambas partes deja bien claro que no existen motivos suficientes ni convincentes para cerrar las plantas que Celsa tiene en Vitoria y Urbina. El informe, que no es vinculante -la Reforma Laboral incapacita al Gobierno Vasco en materia laboral-, sí podría tener un peso significativo en la demanda judicial que los trabajadores presentarán a título colectivo e individual.
Casi 70 días después de que el conflicto estallase, la situación es crítica en todos los aspectos. Al margen de la huelga general convocada por el comité el pasado 8 de mayo, el enconamiento con la empresa primero y entre los propios trabajadores después ha propiciado un clima "insoportable" que se ha saldado, de momento, con 91 despidos, numerosas movilizaciones, plantes y amenazas por parte de la dirección y acuerdos improductivos con el Departamento de Industria. También ha dado tiempo para que el trabajador Edu Iñiguez de Heredia recorriese mil kilómetros a pie hasta la sede de Celsa en Barcelona y para que un grupo de críticos con las decisiones del comité, cerca de 90, rompiera de forma unilateral la huelga y se reincoporasen asus puestos de trabajo, con las consiguientes "presiones y amenazas personales", según denuncian. El último de los episodios de este culebrón ha sido el anuncio de la sección sindical de UGT en Laminaciones de desvincularse de su sindicato en Euskadi al anunciar éste el pasado jueves a través de una nota que sus nueve delegados de Arregui se desvinculaban "temporalmente" de la huelga para instar a la empresa a buscar una solución.
Este hecho, aún lleno de sombras por los verdaderos motivos que llevaron a la formación liderada por Asier Giraldo a desligarse de UGT-Euskadi para establecerse después como independientes, no hace sino confirmar que la tan manida unión sindical que se asegura existe en el comité no es para tanto. Sólo hace falta escuchar a los "esquiroles" que acuden cada día a la fábrica o echar un vistazo a las perlas que unos y otros se vienen regalando en los últimos días en las redes sociales para confirmar este extremo. Si a eso se suma la falta de liderazgo de UGT en todo este conflicto -muchos trabajadores cuestionan la poca "rentabilidad" de tener mayoría sindical-, el resultado bien podría dar lugar a un sorprendente acuerdo el lunes o martes de la semana que viene, como muy tarde, para que la empresa levantase de la mesa su expediente de extinción. Es al menos la teoría, un tanto enrevesada, que sostiene un veterano delegado sindical alavés conocedor de este caso, consciente de que todo lo que no vaya por línea del acuerdo "será muy malo para todos". Y en este sentido, cree que es el momento de que ELA y sus cuatro delegados den un paso adelante. "Si no lo hacen ellos no lo va hacer nadie", asegura con la rotundidad de quien atesora una dilatada trayectoria sindical. "Paradójicamente podrían salir como los grandes beneficiarios de este conflicto después de haber estado instalados en el no de forma permanente", añade.
nuevos despidos Pero una cosa es la teoría y otra muy distinta la práctica. Y el último encuentro mantenido ayer en Vitoria entre ambas partes no ofrece buenas perspectivas. Según varios testigos, apenas se avanzó nada. Las posturas continúan enconadas y la empresa "se ha movido muy poco", advirtió lacónico un delegado sindical. En este escenario, las esperanzas parece nimias.
Además, la readmisión de los 91 despidos que, en público, plantea y defiende el comité de empresa en bloque es una exigencia que, en privado, muchos delegados asumen ya como imposible. A lo sumo, según ha podido saber este diario, Celsa podría estar en disposición de acoger, y ya se vería la fórmula, a no más de 24 trabajadores. El resto es prácticamente ciencia ficción. Pero es algo "hipotético", que está sobre el papel pero que resulta difícil de abordar siquiera con los trabajadores porque el comité no quiere, explica una fuente de la empresa que exige anonimato. "La descalificación es permanente, los insultos también. Es todo muy desagradable".
El hartazgo en la otra parte, la de los trabajadores, también es mutua, por lo que el clima que se respira en Arregui no sólo es insoportable sino que la gobernabilidad es prácticamente imposible. Y en este contexto no es descartable que Celsa se canse y tire por el camino de en medio, despachándose la próxima semana con otro rosario de despidos como el que ya protagonizó, vía notarios a domicilio, hace unas semanas, con los consiguientes 91 parados. "Es de esperar que no se llegue a esto e impere el sentido común, pero las cosas están muy mal y este comité no sabe por dónde le da el aire. Es imprescindible que esté a la altura para que el lunes haya fumata blanca sí o sí", concluye el veterano sindicalista.
Publicidad
Gracias por su comentario
Publicidad
Publicidad
Publicidad