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Los profesores que formaron a las víctimas para explicar su historia en las aulas narran la experiencia para dna
txus díez - Miércoles, 29 de Febrero de 2012 - Actualizado a las 05:15h
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Los profesores de Ética de la Universidad de Deusto Galo Bilbao y Xabier Etxeberria posan en un aula. (Pablo Viñas)
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Vitoria. En apenas unos meses se cumplirá un año desde que una docena de víctimas del terrorismo entraron en las aulas de varios centros educativos vascos para trasladar a los adolescentes el relato de su historia, de su duelo y de su superación personal tras la tragedia que supone perder a un familiar a manos de otra persona. Desde un punto de vista aséptico en lo político y centrado en la defensa radical de los derechos humanos, la idea de trasladar estos testimonios a las aulas se viene gestando desde hace ya varios años, como explican los dos profesores de Ética de la Universidad de Deusto que han diseñado el armazón pedagógico de una experiencia que, tras los recelos iniciales en la comunidad educativa, comienza a arraigar y a cobrar fuerza.
Razones y precedentes
Un proceso escalonado
Xabier Etxebarria y Galo Bilbao llevaban varios años reflexionando sobre la necesidad de confrontar a los jóvenes vascos en proceso de formación con una realidad, la del terrorismo, que sus mayores han vivido como un tabú desde hace más de tres décadas. "En 2004 empezamos a remover papeles, a ver qué tipo de presencia sería la necesaria. Armamos una argumentación consistente con nuestras apuestas pedagógicas, y a partir de ahí se empieza a trabajar desde la consejería de Educación", señala Galo. Fue un proceso paulatino y escalonado cuyo objetivo, "ineludible para determinado tipo de cosas", como explica Xabier, era llevar los testimonios directos a las aulas. "Esto no es una propuesta de grandes cifras -continúa-, se trata de que cale en el sistema educativo, con autenticidad, y siempre con personas implicadas, que tienen disposición a participar, para avanzar sin prisas pero sin pausas". En su perspectiva básicamente académica, Bilbao y Etxeberria han tenido que lidiar con la gran cuestión que ha dividido y polarizado a la sociedad vasca desde la premisa de que "nunca se utilice este tipo de cosas para fomentar una especie de equivalencia y equidistancia, sino al revés, para romperla. Lo haremos de verdad cuando sea indiferente de qué víctima hablamos", señala Etxeberria. Bilbao le secunda. " Ha habido muchos debates y tensiones sobre este tema, pero nosotros todo lo centramos en las víctimas como tales, podrían haber sido de violencia de género, un tema sangrante y cercano en nuestra sociedad", señala el profesor, que sin embargo admite haber "empezado por lo difícil".
"Lo difícil, pero también lo urgente", puntualiza Xabier, pues precisamente el hecho de que no haya "consenso social" en torno a las víctimas de los terrorismos, la politización de la cuestión, hace más obligado subrayar el lema "todas iguales, todas diferentes".
Preparando a las víctimas
El alumno como objetivo
Etxeberria y Bilbao estuvieron con el grupo de víctimas de diferentes grupos terroristas en varias sesiones, en total unas diez o quince horas de trabajo, a las que se sumó el asesoramiento personal a cada una de ellas, si así lo requería, para preparar la clase magistral. La docena de personas implicadas en el programa no fueron escogidas al azar. "Hay hombres y mujeres, jóvenes y mayores, euskaldunes y castellanoparlantes, víctimas de diferentes tipos de vulneraciones", señala Bilbao. Se buscó a gente preparada para hablar, con destrezas pedagógicas, aunque tampoco era ésta una premisa insalvable para entrar en el programa. Como explica Xabier, "es mejor que uno tenga soltura para hablar, pero lo importante es que haya un testimonio coherente; a veces incluso los silencios, el tragar saliva, es expresión". Además, las personas elegidas, entre las que hay víctimas de los años ochenta o del nuevo siglo, tienen la característica común de haber superado su duelo -necesario tanto para ofrecer un testimonio sereno como para no salir dañados de la experiencia-, de defender los derechos humanos más allá del revanchismo, y de ser anónimas. "Se quiso que fuera así porque hay una presencia distorsionada mediáticamente, así que cuando hablas con gente anónima y discreta es todo mucho mejor", señala Galo, quien explica que incluso las propias víctimas piden acudir a centros alejados de su entorno. Las sesiones formativas con estas "víctimas educadoras" se han cimentado sobre la explicación de qué se quiere hacer con ellas, "justificar por qué queremos que estén presentes", según Galo, y sobre "los rasgos pedagógicos fundamentales que tienen que acompañar a esa presencia". A los participantes en la experiencia se les explicó que debían trasladar a los alumnos una narración de su historia, "de sentimientos, un testimonio moral de victimación muy escrupuloso en cuanto a las aportaciones valorativas, partidarias o ideológicas; deben ser reflexiones enmarcadas en el contexto educativo". Además, se les preparó ante posibles reacciones negativas por parte de los chavales, un supuesto que a lo largo de este año no se ha producido aunque, como apunta Xabier, "si en aula es previsible que haya una reacción general contra las víctimas a ese aula no se va, si un 80% va a funcionar bien, sí se va". Finalmente, a las víctimas -cuyo número se prevé ampliar para llegar a más centros- se les trasladaba que, aunque ellos son protagonistas, el objetivo del programa es el alumno, se trata de una experiencia básicamente pedagógica, no aislada del resto del proceso educativo. De hecho, sus testimonios encajan tanto en una clase de Educación para la Ciudadanía, como en una de Ética o de Historia. "Si es educativo va a generar reacciones, consecuencias y acciones posteriores. No se rompe la dinámica habitual del centro, como si el testimonio fuese una cosa extraordinaria de un día", explica Galo. "Lo que hacemos -prosigue- es pedirle un favor a la víctima, aunque se puedan sentir reconfortados si cuentan su historia, lo más importante es que prestan un servicio a la sociedad". Y además, explica Xabier, "está el efecto concomitante del reconocimiento social de las víctimas en el espacio educativo, a la manera educativa".
Trabajo previo con los profesores
Recelo ante la manipulación
Junto con el trabajo de laboratorio, tocaba acudir a los centros y plantear claramente qué era lo que se quería hacer, la parte más trabajosa del programa, pues como se verá más tarde, ya en las aulas todo fue más rodado de lo que en un principio se pudiera temer. "El gran miedo que tenían era que fuera políticamente manipulado, estamos en una sociedad en la que llevamos años siendo incapaces de ver que estas cuestiones son prepartidarias, y ahí hemos puesto absolutamente toda la carne en el asador", explica Xabier, satisfecho de haber "convencido razonablemente a los profesores". La idea era apelar "al tú a tú y al cara a cara", dado que "desde el punto de vista de los medios era imposible hacer esto" debido a la polarización que imposibilitaba dar una dimensión pública a la experiencia y mantener a la vez su carácter prepartidario. Pese a la política de discreción, costó salvar los recelos iniciales. "Hasta el profesor más afinado en materia de Educación para la Paz pensaba, ¿y si me la cuelan?. Incluso hubo centros que plantearon un proceso por etapas antes de llegar a las aulas, que puede nacer del recelo pero que para nosotros es muy positivo, porque trabajas con el equipo directivo, con el claustro, con los padres", señala Xabier. "Si en alguno de estos puntos se detiene la experiencia y no llega a los alumnos para nosotros no sería un fracaso, porque habríamos puesto la cuestión en la comunidad educativa", añade Galo.
También hubo centros que pidieron una víctima de cada lado para evitar inclinar la balanza en cualquier sentido. La condición se convirtió en oportunidad. "La idea era que sus testimonios se transmitieran sin decir quién es el victimario, y que si lo dicen lo hicieran al final. Eso tiene su impacto, porque las víctimas en cuanto a víctimas morales son iguales. Esa metodología es buena para los chavales, pero sobre todo ha sido muy buena para los profesores, lo importante es que acabas viendo representadas a todas las víctimas en la que yo situaba en el bando de los otros", explica Xabier.
Galo cuenta, por su parte, cómo en una sesión con medio centenar de profesores, muchos de ellos se enfrentaron por primer vez en su vida a un testimonio directo -escrito- de una víctima del terrorismo, en una sociedad saturada y que en muchos casos presenta síntomas de hartazgo ante las víctimas de la violencia política. "Están saturados, pero de reseñas de prensa y titulares, ocurre todo lo contrario con los testimonios directos", explica.
En clase
Sin filtros ni prejuicios
Por fin, las doce víctimas entraron en las aulas y se enfrentaron, probablemente con muchos nervios e inseguridad, a la mirada inquisitiva de decenas de chavales de 3º y 4º de la ESO, y en algunos casos a estudiantes de Bachillerato, ya de entre 16 y 18 años. Según Xabier Etxeberria, los alumnos han vivido la experiencia, en general, "con bastante naturalidad", incluso hasta el punto de poner en algún aprieto, en cierta medida, a las víctimas. "Preguntan cosas que les salen, con espontaneidad, e implican al otro. La víctima no puede soltar el parrafito, se tiene que mojar, lo cual supone una correacción muy positiva y la prueba de la empatía que generan las víctimas", señala.
Galo Bilbao apunta, por su parte, lo importante que es la presencia física para calar en la conciencia del joven. "Los chavales tienen una cultura audiovisual que les acerca a muchas cosas pero que les coloca una pantalla ante esas cosas", por eso los testimonios en las aulas les aportan un plus de realidad. Señala, además, que se les ha hecho llegar a los estudiantes un mensaje positivo por parte de gente que "ha vivido una situación excepcional, durísima, y sin embargo ha salido adelante. No se presentan -explica- como gente anclada en el pasado, transmiten cómo, con su experiencia y conocimiento, hacen su vida".
Otro rasgo que destacan los dos investigadores son las reacciones de jóvenes que ante la violencia avalan la venganza o el recurso a la pena de muerte, y que "escuchando el testimonio se cuestionan muy seriamente sus posiciones", pues "el que lo ha sufrido porque es el hijo, el hermano o el padre de quien ha sido asesinado" le enseña que "hay otras maneras de abordar la situación". Una pregunta frecuente ha sido la de qué haría la víctima si se encontrara con el asesino de su familiar, qué le diría. "Ellas contestaban que le preguntarían qué tal está, eso es lo que les gustaría saber", explica Galo Bilbao.
Aunque tanto los profesores como las víctimas saben muy bien dónde están los límites a la aportación de éstas últimas, los estudiantes lo desconocen, y es frecuente que pregunten a quien ha ido a contar su historia por la actualidad política o judicial. A partir de ahí, explica Galo, "la víctima no se escabulle, pero advierte de que desde ese momento habla como un ciudadano igual que los demás y sin ninguna autoridad moral: Si me preguntas qué pienso te lo digo, pero no he venido a eso ni como víctima te pretendo decir nada al respecto".
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