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El hospital gasteiztarra culmina con éxito las intervenciones, pioneras en osakidetza
La técnica pretende evitar secuelas en atributos básicos como el lenguaje, la capacidad motora o la visual
carlos mtz. orduna - Viernes, 24 de Febrero de 2012 - Actualizado a las 05:15h
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Quirófano visto desde el exterior. (Gorka Estrada)
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Vitoria. La medicina ofrece posibilidades que parecen propias de la ciencia ficción. ¿Sería posible extirparle un tumor cerebral a un paciente mientras los especialistas le mantienen despierto? ¿Incluso hablando simultáneamente con él? No hay que viajar demasiado lejos para ser testigos de esta suerte de milagro de la ciencia. Tampoco ver una serie televisiva de médicos de ésas que tanto proliferan. El Hospital Santiago de Gasteiz ha logrado un nuevo hito dentro de su prolífica historia al convertirse en el primer centro de la red de Osakidetza en culminar con éxito dos intervenciones quirúrgicas de estas características. Muy pronto serán más, según ha podido saber DIARIO DE NOTICIAS DE ÁLAVA, gracias a los extraordinarios resultados que se han obtenido y, sobre todo, a los beneficios que este tipo de cirugía aporta a los pacientes. El principal, evitar en lo posible las secuelas que podrían originarse en atributos básicos como el lenguaje, la capacidad motora o la visual si la intervención se realizase mediante las técnicas convencionales.
El servicio de Neurocirugía del hospital de la calle Olaguíbel sirve de epicentro para llevar a cabo las operaciones, que requieren de un abordaje multidisciplinar. Anestesistas, radiólogos, intensivistas, neurofisiólogos y neuropsicólogos, entre otros especialistas, también colaboran en el proceso. Los tumores intraaxiales que afectan a áreas funcionales complejas del individuo como las ya citadas son los mejores candidatos para ser eliminados mediante esta técnica. Una vez informados el paciente y su familia sobre las posibilidades terapéuticas de la intervención, los especialistas realizan un complejo estudio para realizarla con las mejores garantías y seguridad clínica.
Entre los exámenes previos destaca una resonancia magnética (RM) especial, gracias a la cual puede llevarse a cabo la intervención con un neuronavegador, algo similar a un GPS en el cerebro, para que durante ella sólo se actúe sobre las zonas de interés. Se trata de un sistema que realiza cirugía guiada por ordenador gracias a las imágenes generadas por la RM, que permite la reconstrucción tridimensional de éstas. La prueba dibuja los caminos que sigue la información de la corteza cerebral dentro de la materia gris y la punción a seguir por los cirujanos. A partir de ahí, el paciente ingresa para la intervención, que en un principio se realiza con éste dormido y con un sistema de intubación específico.
Durante la primera parte de la operación el especialista abre la ventana a través de la que operará al paciente mediante la disección de tejidos y huesos y, posteriormente, lo despierta por completo. Es éste un momento crucial dentro de la intervención, debido a la ansiedad que puede generarle al paciente una situación así. Para ello, un grupo de psicólogos charla con él para que se encuentre lo más cómodo posible y evitar así sensaciones de angustia.
En este punto, los neurofisiólogos, gracias al neuronavegador y un estimulador de la corteza cerebral, mapean el cerebro tanto en su corteza como en su profundidad, lo que les permite quitar el tumor sin lesionar el cerebro sano y parar cuando tienen riesgo de lesionar alguna de las áreas que pretenden salvaguardar gracias a esta técnica. Los cirujanos se ayudan también de los radiólogos, que constantemente realizan ecografías intraoperatorias para ver de forma continuada y real el estado del cerebro y los restos tumorales para eliminar la mayor cantidad posible de estos.
En todo momento, el neuropsicólogo habla con el paciente para comprobar que no se producen alteraciones en sus funciones básicas. Una estimulación cognitiva que permite guiar el proceso de resección tumoral y que sirve para informar al neurocirujano cuando se produzcan alteraciones en el patrón del habla debido a la intervención. Cuando esto sucede, el neuropsicólogo informa al cirujano para que se detenga momentáneamente y guíe el camino de la intervención para minimizar las secuelas. El paciente no sufre dolor durante la operación, porque el cerebro no tiene terminaciones sensitivas.
Diez días y en casa Los especialistas, antes de concluir, envían una muestra de tumor al servicio de Anatomía Patológica, que informa sobre sus características, por si es preciso añadir un tratamiento adicional al paciente a través de la cirugía, como pudiera ser la quimioterapia colocada dentro del cerebro. Finalizada la operación, el paciente pasa a la UCI, donde permanece entre 24 y 48 horas y se le realiza un TAC de control.
Si no existen complicaciones postoperatorias, en siete u ocho días más el paciente recibe el alta. Al igual que durante la operación, el seguimiento posterior no corre únicamente a cargo del servicio de Neurocirugía, sino que también colaboran en él psicólogos y psiquiatras que evalúan la evolución del paciente.
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