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Los comparseros se mofan de los recortes y el título verde, mientras vitoria entera se rinde a Don Carnal
jaione sanz - Domingo, 19 de Febrero de 2012 - Actualizado a las 05:14h
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Imagen de los carnavales 2012. (José Ramón Gómez)
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Y llegó la hora del arrebato, la desvergüenza, el cachondeo, de mezclar churras con merinas. Ayer, el Carnaval estalló en Vitoria y hasta la meteorología se puso de parte de los gasteiztarras para calentar la celebración más irreverente. Como siempre, la ciudad amaneció a medio disfrazar, trasnochó disfrazada y se acostó con los complementos de otros. Pero, a diferencia de años pasados, esta vez la fiesta fue más verde que nunca -y no sólo en sentido figurado- gracias a la alargada sombra de la Green Capital. Los pintores, pregoneros y muchas de las comparsas hicieron un guiño al título, como homenaje al galardón que nos acompañará todo 2012 pero también con un puntito crítico, que por algo esta efeméride se presta a la mofa como ninguna otra.
A las 13.00 horas, dieciséis veteranos de la brocha llegaron a Renfe tras "pintar las estaciones de Achuri y Amara de San Sebastián". Desde allí partieron a la plaza del Arca, acompañados por una charanga y en bicicleta, para luego entonar ante todos los asistentes y con ellos la canción más popular del comienzo de la fiesta. La otra, la de "Carnaval te quiero", pero con adaptación de la letra a la vitoriana, se la dejaron a Las Tigresas del Edén. Dos cabareteras con taca-taca y sed de hombres. "Querían fichar a la Conchita Velasco y a la que tiene la tienda de ropa en la calle Fueros, la Norma Duval, porque como estamos en la Vitoria green había que traer a presentadoras de altura y verdes", explicó una. "Porque son verdettes", replicó la otra. Pero, ay, al final no pudo ser.
Han sido tales los recortes en Cultura, que "la Chopo, la Pina, la Encina que tiene un cuerpo serrano" optó por un dúo más barato. "Sacó la tijera y a reciclar. Porque aquí se reciclan hasta los mocos y seguro que por eso somos la Capital Verde", puntualizaron Las Tigresas del Edén. La gente que llenaba la plaza del Arca aplaudió las pullas de las cabareteras. Y la risa explotó cuando el dúo decidió explicar el motivo por el que llevaban sendas boas verdes. "El chiquito este, ese que tiene moto... Pues nos han dicho que le gustan las plumas. Y nos las hemos puesto porque hay que llevarse bien con el alcalde", apuntaron con mucha mala baba.
Era un día de guasa. No faltaron los chistes durante la presentación de los disfraces de las comparsas -¿las cabareteras habrán acabado ligando con el samurai del Ampa de San José de Calasanz?-, ni el baile prometido por este dúo de fieras -no hubo bis "porque no hemos traído el Ventolín"- , ni el tradicional pregón. El Ayuntamiento de Vitoria ha decidido que a partir de ahora sean las comparsas las que proclamen el manifiesto que da inicio a la fiesta. Y ayer le tocó romper el hielo a la asociación cultural San Viator, que salió disfrazada de Paz y amor en la Green Capital. De hippies, en definitiva, con una divertida Ana Rosa Gutiérrez al mando. "Ha sido una idea genial", reconoció la oradora respecto al gesto del Consistorio de dar el protagonismo a quienes llenan de imaginación y color las calles de la ciudad.
Ahora bien, si el gabinete Maroto esperaba un pregón amable en respuesta a su iniciativa, no pudo salirle peor la jugada. San Viator ironizó sobre el reinado verde hasta hartarse. "Aunque el mundo esté fatal, no hay que preocuparse, que vivimos en la Green Capital". Un galardón logrado... ¿Por qué? Entre otras razones, seguramente, "porque tenemos mucho verde por habitante, y la hierba debe de ser de la buena, porque si no nos hubieran premiado, pero hay que tener cuidado, que la hierba adormece y pueden engañarnos". Palabra de hippie que aún no sale de su asombro al contemplar el proyecto del Anillo Interior, esa idea salida de "la lúcida mente" del alcalde para llenar de "salvaje naturaleza" la Avenida. "Pero si nos gusta o no, da igual, porque somos Green Capital".
Disfrazado El Caminante, tomado el vermú, comido y echado la siesta, el Carnaval regresó con fuerza por la tarde. A las 19.00 horas, la ciudad celebró el primer desfile de comparsas con 4.804 participantes, la mayor cifra de todos los tiempos. "En esto no hay crisis", aseguró un hombre-pulpo del Centro Gallego, colectivo que se sumó a la marcha bajo el título En Vitoria no hay mar... Pero somos Green Capital. No fueron los únicos que hicieron el guiño. También se acordaron del título los Robin Hood de la Peña Barcelonista, los brujos de la asociación cultural de la parroquia Buen Pastor, los hippies de San Viator, los marcianos de Corazonistas y, hurgando maliciosamente en la polémica sobre green y the green, los golfistas de Ariznabarra.
Capitalidad aparte, la comparsa de Abetxuko se lanzó a la conquista del centro con sus cosacos, el Ampa de Presentación de María pitufeó, la asociación Leba-Leba recreó Gnomeo y Julieta, Araneko se vistió de elfo, el centro andaluz Séneca celebró el 200 aniversario de la Pepa, Errekatxiki le dio al estilo gótico, Vera Cruz se subió al arca de Noé, Kristobal Deuna Eskaut Taldea sumergió a los espectadores en el paraíso de los dioses, San José de Calasanz homenajeó a las gheisas, los scouts de Esperanza remaron por Venecia, Carpe Diem desenvainó sus espadas, el Hogar Extremeño trajó a los duendys y Zabalgana festejó el folklore vasco.
Se notó que hacía diez agradables grados, porque el recorrido rebosó espectadores, desde portal de Legutiano hasta el parque de La Florida. "¡No veo! ¡Súbeme!", gritaba una pequeña gusana al gusano mayor al comienzo del desfile. "Vamos hacia Ortiz de Zárate, que igual aún encontramos hueco por allí", propuso un impaciente pingüino a su pareja. La gente tenía ganas de desfile, aunque para esas horas todas las calles eran puro espectáculo y no sólo las destinadas a las comparsas. Tigres, leones, piratas, ladrones, reyes y princesas, sadomasoquistas, chinos, primas de riesgo, créditos fantasma, forenses, cantantes... Clásicos, diferentes, metafóricos, transgresores... Los había para todos los gustos.
A las 20.30 horas, arrancó el espectáculo itinerante de danza Naturaren indarra.Tras la cena, la plaza de España se llenó de música con la orquesta Nueva Alaska. Y a medianoche, una kalejira de samba subió a un Casco Viejo rebosante de Carnaval. Había llegado la hora de los trasnochadores y todos estaban dispuestos a rendirse a los encantos de la fiesta. Seguramente pocos de esos estarán hoy presentes en el desfile matinal de las comparsas. Seguramente a unos cuantos la resaca les dure hasta la quema de la sardina de este martes.
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