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c. m. orduna - Martes, 7 de Septiembre de 2010 - Actualizado a las 04:17h
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Galdos, en una sala de Txagorritxu, tras la entrevista. (Foto: mikel barazón)
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vitoria. Cuestionado sobre la posibilidad de encontrar en un plazo razonable de tiempo un fármaco eficaz para curar el Alzheimer, Galdos evita establecer fechas. Al contrario, se aferra a todo lo que la ciencia ha conseguido hasta ahora y recomienda abandonar factores de riesgo que desencadenen en patologías de carácter vascular, íntimamente ligadas al Alzheimer . "En este momento, es lo que tenemos", zanja.
El envejecimiento de la población no parece un buen aliado para frenar la expansión de enfermedades degenerativas como el Alzheimer.
Es una enfermedad que afecta sobre todo a las personas mayores de 65 años, aunque hay formas precoces que tienen la particularidad de evolucionar más rápidamente. Por lo tanto, la enfermedad de Alzheimer no debe confundirse con el envejecimiento normal, pues entre los mayores de 85 años algo más de la mitad no va a padecer más que los llamados olvidos benignos, que no progresan y, por lo tanto, no van a precisar atención sanitaria. Según avanza la enfermedad, los fallos de memoria se irán acentuando, los pacientes se desorientarán, serán incapaces de hacer gestiones, comprar, se perderán en la calle, irán perdiendo la capacidad de hablar, las alteraciones del comportamiento serán frecuentes y, finalmente, terminarán siendo dependientes para las actividades más básicas, generando todo ello un gran sufrimiento sobre todo a su familia y cuidadores, con el agravante de que en muchos casos se trata de personas que viven solas. Como la esperanza de vida sigue aumentando, es esperable que la enfermedad lo haga en la misma proporción. Por lo tanto, mientras no seamos capaces de frenar la expansión de la enfermedad, la sociedad tiene ante sí un problema sanitario, sociofamiliar y económico de gran calado.
¿Se nota el creciente volumen de trabajo en las consultas?
Sí. Es cierto que cada vez estamos viendo más pacientes añosos, pues esta franja de edad es más vulnerable a padecer enfermedades. En el caso del Alzheimer, los servicios de Neurología de Txagorritxu y Santiago, para hacer frente a este reto, estamos en la línea de las recomendaciones que animan a crear Unidades de Demencia compuestas por neurólogos expertos y neuropsicólogos. Nosotros hemos dado ya los primeros pasos. Ahora falta que Osakidetza ponga en marcha sus planes. Pero además, estamos comprometidos en formar a los médicos de Asistencia Primaria en estos temas para conseguir una cadena asistencial coordinada que mejore la calidad asistencial de la manera más eficiente.
A día de hoy, ¿de qué armas dispone la medicina para combatir al Alzheimer?
Hay que decir que la enfermedad no tiene un tratamiento curativo, por lo que este aspecto es un reto. Sí existen fármacos como los anticolinesterasicos y la memantina para paliar algunos síntomas. Se trata de tratamientos sintomáticos, que aunque en algunos casos puedan retrasar la progresión de la enfermedad no la van a evitar, por lo que sus efectos beneficiosos son modestos. El reto actual es conseguir fármacos modificadores de la enfermedad. Esto es, aquéllos que podrían frenar su progresión hasta el punto de convertirla en una patología crónica como la diabetes. Hay para ello ensayos clínicos en marcha. Aparte de los tratamientos específicos, hay otros encaminados a mejorar los síntomas conductuales como los ansiolíticos, neurolépticos y antidepresivos. Además, conviene ser una persona activa e ilusionada durante toda la vida. En este momento, es lo que tenemos.
Aparte, la estimulación cognitiva ejerce un trabajo primordial.
Efectivamente, los tratamientos no farmacológicos han demostrado ser eficaces. En primer lugar, habría que empezar garantizando la escolarización, pues está demostrado que la población no escolarizada tiene mayor riesgo de enfermar de Alzheimer. En segundo lugar, fomentar la prevención primaria y secundaria de los factores de riesgo vascular que a su vez resultan ser factores de riesgo de Alzheimer, con modos de vida saludable, controlando la hipertensión arterial, la diabetes o la hipercolesterolemia. De esta manera, podríamos conseguir retrasar el inicio de la enfermedad. Respecto a la estimulación cognitiva, los tratamientos encaminados a activar las capacidades no perdidas han demostrado su eficacia. Es lamentable que estos tratamientos aun no hayan sido asumidos por Osakidetza.
¿Lo más importante al hacer frente a la patología es el diagnóstico temprano?
Sí, pero con matices. Teniendo en cuenta que no disponemos de tratamientos curativos, la importancia del diagnóstico temprano no está en iniciar un tratamiento precoz sino en planificar el futuro una vez superada la incertidumbre diagnóstica para garantizar la supervivencia del paciente teniendo en cuenta sus circunstancias. Es cierto que en investigación existen métodos diagnósticos mas sensibles y específicos que los utilizados a nivel asistencial, pero mientras no dispongamos de tratamientos más eficaces no compensa aplicarlos. Con el protocolo diagnóstico actual, que incluye la historia y exploración neurológica, el estudio neuropsicológico, TAC o RMN y la analítica tendremos una probabilidad de acierto cercana al 85-90% si se realiza en una unidad especializada.
¿Por tanto, es precipitado esperanzarse por adelantos recientes, como el descubrimiento de un test de detección precoz en EEUU?
El problema es que los últimos adelantos científicos sólo permiten un diagnóstico más precoz, pero no tratamientos más eficaces. Todos esperamos que los ensayos clínicos actuales nos ofrezcan más esperanza. A veces, la prensa no especializada ofrece resultados de investigaciones que generan falsas expectativas, pero también es cierto que muestran resultados de gran interés científico, aunque de difícil interpretación por parte de la población general.
¿En qué dirección avanzan las últimas investigaciones?
Los avances, sobre todo, se consiguen en el área del diagnóstico precoz. Se ha desarrollado mucho la técnica de la neuroimagen. Hoy en día es posible visualizar uno de los componentes proteicos responsables de la enfermedad, la beta-amiloide, en el cerebro. También es posible determinar las proteínas beta-amiloide y TAU en el líquido cefaloraquídeo. Manejar estos datos junto al estudio neuropsicológico permite un diagnóstico muy precoz. La cuestión es que para evitar el sufrimiento del pinchazo en la espalda se está determinando la beta-amiloide en la sangre, pero los resultados son algo contradictorios.
¿Se atreve a establecer un periodo de tiempo para encontrar un tratamiento curativo?
No me atrevo a poner fechas. Mientras tanto, seguiremos intentando solucionar los problemas utilizando los recursos actuales, aconsejando y aliviando el sufrimiento a pacientes y familiares. Me causan especial preocupación, dolor e impotencia los más jóvenes, que me recuerdan que el Alzheimer es algo más que un problema del envejecimiento.
"Está demostrado que la población no escolarizada tiene mayor riesgo de enfermar de Alzheimer"
"Es lamentable que Osakidetza aún no haya asumido los tratamientos de estimulación cognitiva"
Gracias por su comentario
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