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Testigos aseguran que el agente le había golpeado antes con la porra en la espalda
Un niño de seis años fue arrollado durante la persecución que precedió al arresto el día 8 en la calle Dato de Vitoria
axier burdain - Sábado, 21 de Agosto de 2010 - Actualizado a las 04:16h
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Un agente, ajeno a la información, trabaja en fiestas. (Foto: dna)
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Los operativos policiales no siempre tienen final feliz, sobre todo si se tuercen desde el mismo principio.
VITORIA.- Tal es el caso de un incidente ocurrido el pasado día 8 en el centro de la ciudad, que concluyó con una accidentada persecución a la carrera, una persona golpeada, un niño pequeño arrollado y un mando de la Policía Municipal de Vitoria con el ojo hinchado de un puñetazo.
Los hechos tuvieron lugar alrededor de las 23.30 horas en la calle Dato, un lugar que a esas horas y en plenas fiestas de La Blanca se encuentra a rebosar de viandantes. Curiosos, blusas, neskas, visitantes, vendedores y tres policías de paisano se dieron cita en ese instante en el mismo punto de Vitoria. Los últimos, un oficial, un agente con experiencia y una novata, se encontraban de ronda a la caza del mantero, es decir, de los vendedores de material ilegal que cada año pueblan la ciudad durante La Blanca.
El oficial en cuestión, responsable del turno de noche y muy conocido entre los hosteleros de la capital alavesa por su excesivo celo a la hora de controlar los horarios de cierre de los locales y también por su facilidad al rellenar formularios de sanciones, localizó a un joven negro que vendía discos en el suelo de la calle y dirigió el trío policial hacia su posición. Según señalaron los numerosos testigos de la escena, sin que apenas mediasen palabras entre el mando de la Policía y el mantero, comenzó un rifirrafe en medio de la calle. El oficial extrajo una porra y comenzó a golpear al joven en la espalda en repetidas ocasiones.
la porra partida en dos Siempre según el testimonio de los presentes, la fuerza de los golpes descargados acabó por partir en dos la porra, circunstancia que aprovechó el mantero para revolverse, propinar un certero puñetazo al oficial en pleno ojo y tratar de escapar a la carrera por mitad de Dato. En ese momento, el oficial inició una alocada persecución a la carrera por la populosa vía, una decisión que tenía muchas posibilidades de complicarse. Los dos compañeros del mando observaban la escena con cara de incredulidad.
Y así sucedió. Mientras trataba por todos los medios de atrapar al joven, cosa que finalmente logró, el agente arrolló de forma involuntaria a un menor. Un niño de seis años que resultó contusionado y cuyo padre anunció en aquel momento que interpondría una denuncia. Finalmente, el atestado policial resultante dio fe de que el mantero sufrió daños en la escápula y un dedo roto, mientras que el oficial presentaba hinchazón en un ojo.
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