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Sábado, 14 de Agosto de 2010 - Actualizado a las 04:16h.
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decimos los arqueólogos que un yacimiento arqueológico es un libro cuyas páginas se destruyen conforme se van leyendo. Una vez excavado un estrato o una parcela, ya no es posible volverlo a excavar, no es posible volverlo a leer y de ahí el cuidado extremo que debe tener una excavación, en la que prima la recogida más cuidada de toda la documentación posible para dejarla como herencia a disfrutar no solamente hasta las próximas elecciones, sino para todas las generaciones venideras.
En el caso del yacimiento de Iruña-Veleia es notorio que lo más importante son las inscripciones. Si el Departamento de Cultura de la Diputación Foral de Álava cree que el asunto está zanjado, debe saber que no es así, que con buenas razones un plantel de investigadores -entre los cuales me cuento- considera que las inscripciones halladas los años 2005 y 2006 son auténticas, que los informes de la Comisión Científico-Asesora contenían graves errores como basarse en la palabra fantasma Descartes, la mala lectura Denog o Denoc por la real Denos, que Neure no era antigua en vasco, etc. A la vez, hay palabras que no han podido ser inventadas por ningún falsificador, como Elosi, de significado desconocido pero que explica el nombre del antiguo pueblo aquitano de los Elusates. Por ello, las prisas con que parece que se está realizando la excavación del yacimiento de Iruña-Veleia no sólo afectan al patrimonio arqueológico, como ponen de manifiesto las fotografías y vídeos realizados por www.sos-irunaveleia.org, sino que afectan también, y sobre todo, a la documentación de una lengua que aunque sólo fuera por su antigüedad y singularidad entre todas las de Europa, merece el más grande respeto y los esfuerzos más generosos por preservar y acrecentar el conocimiento de su pasado.
Supongamos, aunque nosotros no lo creemos, que sean falsificaciones las inscripciones encontradas en los años 2005-2006. No por eso han dejado de hallarse otras inscripciones auténticas escritas en latín que documentan el contacto del vasco con esa otra lengua que tanto influyó en el pasado del euskera y también, ¿por qué no?, nombres y palabras en euskera. La metodología de la actual excavación no permite, en nuestra opinión, rescatar tales testimonios.
Como interesados, por nuestra profesión y especialidad, consideramos urgente la paralización de las actuales obras, el cribado de las tierras ya extraídas, la limpieza de la cerámica y otro método de excavación que garantice la preservación de un patrimonio vasco y universal a las generaciones que nos sucederán, huyendo de toda clase de personalismos y afán de notoriedad.
Luis Silgo Gauche
Doctor en Arqueología
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