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El descenso de El Brujo, en carne y hueso, desde la torre de la iglesia anunció ayer el inicio de cuatro intensos días de fiesta que las cuadrillas ya han iniciado con mucha marcha.
Estíbaliz Pérez
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Descenso de El Brujo. (J.M.)
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No hay descanso para los alaveses. Agosto es el mes de los festejos y de la diversión. De hecho, la mayoría de los municipios de la provincia celebra sus fiestas patronales a lo largo de este mes.
Hace tan sólo cuatro días los vitorianos despedían a Celedón después de seis intensas jornadas de fiesta y buen ambiente. Ni tiempo ha habido para guardar luto al afamado aldeano de Zalduondo. Finalizadas hace dos días las fiestas de Labastida, tomaron el relevo las de Amurrio y ayer, los vecinos de Nanclares de la Oca no faltaron a su tradicional cita con El Brujo, popular personaje que cada año desciende desde la torre de la iglesia anunciando el inicio de las celebraciones.
La vestimenta es similar a la del aldeano de Zalduondo que cada 4 de agosto desciende desde lo alto de San Miguel para dar por inauguradas las fiestas de La Blanca en Vitoria. La única diferencia es que El Brujo no es un muñeco, es de carne y hueso y baja él mismo desde la torre de la iglesia de la Asunción de Nuestra Señora, los 250 metros que le separan del suelo.
Poco antes de las seis de la tarde, las cuadrillas de Nanclares se congregaron en el parque Lehendakari Aguirre, para iniciar un pasacalles que les llevó hasta los pies de la parroquia, en plena plaza del Ayuntamiento.
Encabezando el paseíllo, la fanfarre Gesaltza amenizó la espera, a ritmo de trompetas y tambores, a los blusas y neskas allí reunidos con botellas de cava y kalimotxo en mano. La fiesta ya había comenzado antes de que el reloj diera las 6.30 horas. Un mono cabalgaba a lomos de una avestruz y otros divertidos animales sacaban una sonrisa a los vecinos que se unían a la fanfarre de camino hacia la plaza mientras los cabezudos perseguían a los más pequeños.
Las agujas del reloj marcaban las seis en punto cuando el txupinazo dio comienzo a cuatro días de intensa fiesta. Sin embargo, no eran las seis sino las seis y media cuando Óscar Salgado, la persona que encarna a El Brujo, bajaría desde el balcón de la iglesia. "No te fijes en el reloj, siempre marca las seis", avisaba una vecina.
El azar quiso que, justo en el instante en que El Brujo comenzaba a descender por los 250 metros de cuerda hasta llegar al suelo, el clásico sirimiri quiso aguar la celebración al pueblo de Nanclares. Sin embargo, el resuelto Brujo abrió el paraguas y comenzó su recorrido lanzando una lluvía de caramelos a diestro y siniestro.
pequeño susto A medio camino hizo un alto para desear unas felices fiestas a los vecinos de Langraitz, que jaleaban su nombre. Éste es el primer año que Salgado encarna a este peculiar personaje desde que en 1968 una cuadrilla de blusas decidiera incorporar a las fiestas algo que las convirtió en únicas. Patxi, y su hijo José Mari, como les conocen en el pueblo, han sido hasta ahora los únicos brujos de Nanclares. Salvo un pequeño incidente con el paraguas, que se le enganchó con el arnés, la bajada fue un éxito como otros años.
Vecinos y visitantes podrán disfrutar estos días de numerosos actos festivos. Entre ellos destaca por su tradición la bendición de las peras, durante la cual se viste a San Roque con una bandeja de esta fruta. Además, mañana habrá deporte rural y degustación de cordero; el sábado, un novedoso mercado del oeste, y el domingo el descenso del Brujo txiki, entre otros actos.
Gracias por su comentario
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