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Los toros de Victoriano del Río y de Cortés fueron flojotes y colaboradores, con un importante fondo de nobleza Con ellos Ponce y 'El Juli' cortaron una oreja cada uno
Lázaro Echegaray - Sábado, 7 de Agosto de 2010 - Actualizado a las 04:17h
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Ponce en plena faena el día 7 en Vitoria (M.R.)
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Se notó el cartel y se notó el sábado. El público se decidió a acudir a la plaza de toros. Todo confluía para que se diera una buena tarde. Y el respetable no salió decepcionado. No en valde ayer pudimos ver en el ruedo a tres de los más destacados matadores del momento.
La corrida de Victoriano del Río, en la que el cuarto y el quinto salieron con el hierro de Toros de Cortés, segundo de la casa, resultó movible, noblota, rajadita y, por tanto, algo mansa. Bien presentada en general y rota en igualdad por el cuarto de la tarde, que resultó más cuajadito. Si hay que ponerle un pero se lo ponemos al tamaño, faltaría más. Pero fue corrida bonita, de elegantes láminas. La primera parte del festejo transcurrió entre incidentes con los aceros y con las personas que los manejan. Hubo fallos al entrar a matar, pases en falso en banderillas, errores de descabello y con las puntillas y en ésas Ponce y El Juli perdieron alguna que otra oreja. Que a la corrida se le podían haber cortado todas porque el respetable estaba por darlas. A Ponce se le demostró el cariño que se le tiene con la gran ovación que recibió al brindar su primero al público. En las tablas le esperaba un toro sosote, el más soso de la tarde. Falto de fuerzas pero pronto en los engaños. Ponce desplegó con él casi todo su repertorio. Todo técnica y espacio entre toro y torero. Aunque el valenciano cazó el toro a la primera con el estoque, la muerte se complico y ahí se fue el primer trofeo de la tarde. El cuarto fue un toro de esos que le gustan a Ponce. Un toro de Cortés con más cuerpo que el resto del encierro, rajado. Era toro para él. Al incio de la faena de muleta una de las orquestas de la plaza comenzó a tocar Valencia y así Ponce ligó la primera tanda, la plaza rompió en aplusos.
Pudo ser tarde de más trofeos pero tanto los espadas como las cuadrillas anduvieron mal con los aceros
El diestro consintió al toro todo lo que hizo falta: le dejó que eligiera sus terrenos, que eran los de la puerta de toriles. Ponce le cerraba al toro la salida, se adaptaba a a él, lo dominaba dándole pases de pecho al hilo de las tablas. Escuchó un aviso tras un pinchazo, algo habitual y dejó después una estocada con muerte. Se le pidió con fuerza la segunda oreja. No pudo ser. Tras la faena de Ponce El Juli salió a dar réplica. Tenía delante un torito también rajado y noblote, pero muy falto de fuerzas. El Juli movió siempre los trapos con gran suavidad tanto en el capote como en la muleta, donde también consintió y donde el toro viajó muy mecido. La faena tenía su estructura, sus tiempos y su medida, cortita, alternando las manos, permitiéndole, no obligando, dejándole venir. Había que cuidarlo mucho. Está El Juli hecho un cañón con el estoque. La muerte se hizo esparar por eso de que la puntilla no atinaba. También El Juli paseó su oreja en ese toro.
Bravura El anterior fue un toro bueno, que embestía por los dos y obedecía al toque. Pero sacaba la cara al salir del embroque, como avisando de que en cuanto pudiera se largaba. Ése ha sido un mal muy común en la corrida de ayer. La estocada cayó bien pero la racha de los metales empezaba ya a hacerse notar. Castella encontró un toro muy bueno en el que cerraba la tarde. Tenía ese toro algo más de trapío que los otros y venía avisando desde el caballo, en donde lo dejaron muy crudito, de que era un toro con recorrido y ritmo. La faena de Castella fue la típica de él. Esperando a los toros en los medios con la muleta preparada para hacerle el pase cambiado.
La afición mostró su reconocimiento a Ponce con una gran ovación cuando éste brindó su primero
Pasó luego, todo en un ladrillo, a meter al toro en la muleta por la derecha. Había que cuidar a ese toro también y en él tenía que estar la oreja del francés. Muy en su línea, éste empezó a recortar terrenos, a meterse entre pitones para sacar ahí embestidas con el toro muy encima. Pero no se podía apretar. Ni había intención.
Burel ahogado El toro empezó a ahogarse. Es algo que le pasa a Castella con mucha frecuencia. Quizás ese toro hubiera funcionado mejor dándole más espacio, dejándolo venir de lejos para que desarrollara toda su embestida. Pero ésa no suele ser la taurmaquia de Castella. Terminó adornándose con manoletinas ceñidas y siguió dejando algún que otro pinchazo.
Castella se quedó sin trofeo. No tuvo oportunidad en su
primero, que perdió las manos en cada embestida del diestro francés.
Totalmente falto de fuerzas. Para remediarlo se metió el torero entre
pitones, se dio un arrimón que no terminó en nada. Y también falló con
el estoque. La tarde resultó entretenida. El público del coso
gasteiztarra se divirtió. Eso sí, pedirle la segunda a Ponce tras un
pinchazo y un aviso es demasiado bondadoso. Pero en este caso se perdona
por las ganas del personal. Por otro lado, se supone que ayer pisaban
el ruedo los mejores hombres de plata del toreo actual. Y se vieron
errores no son normales. Pero una tarde mala la puede tener cualquiera y
ayer les pasó a ellos.
Gracias por su comentario
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