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Real Madrid

Adiós a la última leyenda blanca

Raúl González se despide del Real Madrid después de dieciséis exitosas temporadas en las que se ha convertido en uno de los mejores jugadores de la historia de un club plagado de glorias. Todavía con hambre de fútbol, ahora se marcha a Alemania.

Alberto Bravo

- Martes, 27 de Julio de 2010 - Actualizado a las 04:18h

Raúl González con una imagen suya al fondo en el acto de despedida del club blanco.

Raúl González con una imagen suya al fondo en el acto de despedida del club blanco. (Foto: efe)

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Raúl González forma ya parte del panteón de leyendas del Real Madrid. Con su adiós, se fue el gran símbolo del equipo durante los últimos 16 años, un jugador admirado por compañeros y rivales, poseedor de un palmarés único. Ningún jugador ganó más cosas que Raúl durante las últimas décadas: seis Ligas españolas (1995, 1997, 2001, 2003, 2007 y 2008), tres Copas de Europa (1998, 2000 y 2002), dos Copas Intercontinentales (1998 y 2002), una Supercopa de Europa (2002) y cuatro Supercopas de España (1997, 2001, 2003 y 2008). Sólo le quedó una espina clavada: ganar algo con la selección española, la actual campeona de Europa y del mundo. Y tampoco fue Balón de Oro, a pesar de rozarlo en un par de ocasiones.

Raúl se va a sus 33 años como el tercer máximo goleador en la historia de la Liga gracias a sus 228 tantos, sólo por detrás de Telmo Zarra y Hugo Sánchez. Además, es el jugador que más veces ha vestido la camiseta del Real Madrid (740) y máximo goleador de la historia del club (323).

Son motivos más que suficientes para que su asiento figure al lado de leyendas del Real Madrid como Alfredo Di Stéfano, Gento, Puskas, Pirri, Amancio, Emilio Butragueño o Fernando Hierro.

"Raúl se ha ganado con su entrega infinita la devoción indiscutible de una afición que siempre le consideró como uno de los suyos. Entendió, dentro y fuera del campo, todos los valores que impregnan al madridismo", afirmó Florentino Pérez, presidente del Real Madrid.

Pero Raúl no sólo deja estadísticas, sino otros muchos valores. Por ejemplo, su excepcional grado de compromiso con el club, con la camiseta y con su profesión.

Formado en las categorías inferiores del Atlético de Madrid, cambió de club cuando aún era un niño y debutó en el Real Madrid el 29 de octubre de 1994 de la mano de Jorge Valdano, entonces entrenador blanco. Pese a la derrota del su equipo por 3-2 ante el Zaragoza, el delantero fue el jugador más destacado de los suyos.

Su primer gol llegó una semana después, el 5 de noviembre, y nada menos que en el clásico de la capital de España. El Real Madrid ganó al Atlético por 4-2 y Raúl provocó el penal que supuso el primer tanto del Madrid, asistió al chileno Iván Zamorano en el segundo gol y fue el autor de un sensacional tercer tanto.

A partir de ahí nadie pudo parar a quien su compañero Hierro definió como "un Ferrari", por la velocidad con la que fue quemando etapas y alcanzando récords.

Nunca fue un prodigio de técnica, ni de rapidez, ni de elegancia. Pero tuvo el don de la ambición. Nadie fue más competitivo que él. A ello unió un indiscutible olfato de gol, la virtud de estar en el sitio adecuando en el momento justo.

También es cierto que tuvo sus detractores, gente que le acusó de mal compañero, de ejercer una mala influencia en el vestuario, de asumir un poder que sobrepasaba sus atribuciones como jugador. Aunque nada de ello se pudo demostrar. Así, Raúl dio ejemplo palpable de profesionalidad hasta el final.

siempre en silencio Durante los últimos meses de la pasada temporada, ya viendo los partidos desde el banquillo, nunca levantó la voz para criticar a su entrenador de entonces, el chileno Manuel Pellegrini. Y dejó un último gol con la camiseta blanca para el recuerdo, el mejor resumen de su carrera. Ocurrió en Zaragoza, el mismo lugar de su debut. Con un tobillo destrozado, y a punto de ser cambiado, corrió durante 40 metros para perseguir un balón improbable y marcar. Raúl, la última leyenda del madridismo, deja el Real Madrid.

Muchos le ven en unos pocos años ocupando un banquillo, como sucede ahora con su buen amigo Josep Guardiola. Quizá todavía tenga más oportunidades de agrandar su gigantesca leyenda.

"El Real Madrid siempre ha sido mi casa. Han pasado muchos años y ahora reafirmo aún con más fuerza mi compromiso con este club. Siempre estaré dispuesto para lo que necesite", recordó en su adiós.

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