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No es broma. Vitoria acoge a numerosos visitantes que buscan cambiar de aires durante el verano y que se apuntan a conocer la cultura vasca. Acaban sorprendidos, entre otras cosas, por una gastronomía excelente.
Ainara García
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EL verano es una época ideal para viajar a diversos lugares. Los hay que prefieren parajes con playa y chiringuitos. Otros sin embargo, buscan conocer lugares con encanto o escondidos para el gran público. Uno de esos rincones parece ser Vitoria, que acoge durante estos días a numerosos turistas que se acercan a la Oficina de Turismo para informarse de todo aquello que la ciudad les puede ofrecer de su belleza cultural. La urbe no aparece con grandes titulares en las revistas especializadas, pero quien llega hasta aquí anuncia su regreso.
Dando un paseo por el centro, los numerosos visitantes muestran gran simpatía y curiosidad por la historia que define sus calles. "Venimos de Asturias y nos faltaba conocer Vitoria. Nos ha impresionado la gran diversidad de edificios históricos como la Casa del Cordón, la Catedral de Santa María y el Museo de Naipes.", asegura Ramón mientras miraba el mapa.
Mientras, en la plaza de la Virgen Blanca, un grupo de personas escuchan atentamente las indicaciones del guía. La mayoría buscaban unas vacaciones cercanas donde poder disfrutar de la cultura vasca. "No queríamos viajar lejos. La gente está acostumbrada a ir a Benidorm o Salou, pero nunca se para a pensar qué maravillas esconden los territorios de alrededor. Nos encanta viajar y siempre intentamos conocer cada destino profundamente. Por esta razón, hemos escogido una ruta que nos lleva por toda la parte antigua. Mañana conoceremos las feria del ajo, que aquí es muy importante y también la carrera de burros. En Soria no se realizan este tipo eventos, así que no habrá que perdérselos".
Las diferentes calles del Casco Viejo seducen a los numerosos amantes del turismo de mantel. Así es que los bares decoran con suculentos pintxos las barras para reclamar la atención de los ojos y los paladares de los turistas. Todo se prepara al detalle, los menús incorporan platos típicos del territorio, con adornos como el txakoli para conquistar los estómagos de los visitantes. "El País Vasco es conocido por sus platos. Es difícil entrar en un local y no hincar el diente a algunos de los pintxos que se muestran. Se puede decir que aquí sabéis lo que es el buen comer", explica un turista madrileño.
Pero muchos de los viajeros buscan conciliarse con la propia naturaleza y qué mejor sitio que una de las ciudades más verdes de España, como lo es Gasteiz. Los diferentes parques reúnen a curiosos que contemplan la belleza de los árboles y jardines que pintan un gran marco natural dentro de la zona urbana. "Es extraño poder disfrutar de dos mundos diferentes. Aquí tenéis naturaleza y carretera mezcladas, nos encanta poder coger una bicicleta y recorrer la ciudad de un punto a otro, como si el tiempo no pasara. Además la tranquilidad que aporta el ambiente es inmejorable", destaca María, una gaditana que por primera vez visita la capital. "Aunque mi estancia es corta, puedo decir que he visto el gran tesoro que esconden los vitorianos, el cariño y respeto por los parques y zonas naturales", añade.
A pesar de todo, también el Gorbea, durante el verano, consigue compañía. Los turistas no se quieren quedar simplemente con la imagen de ciudad, algunos se plantan las botas de monte y deciden conocer el mítico monte alavés. "Nos gusta mucho hacer senderismo, tenemos amigos que nos han hablado muy bien de esta zona".
Vitoria también es familiar. Muchos matrimonios buscan que sus hijos aprendan a apreciar las diferente culturas y costumbres. La imagen medieval de la capital llama la atención de los jóvenes que por unos días pueden entender cómo era la vida de antaño. "Nuestros padres querían que viéramos algo diferente a los que estamos acostumbrados a ver en Madrid. Cambiar de aires nunca viene mal. Pero jamás había pensado que me fuera a gustar tanto hacer turismo cultural. Al subir al Casco Viejo me dio la sensación de estar en otra época diferente, es toda una experiencia que espero repetir", destaca Álvaro. Por otro lado, parece que los jóvenes también se animan a curiosear los entramados de la ciudad. En la balconada de la iglesia de San Miguel, Eduardo, María y Alejandra se hacen fotos junto a la figura del Celedón. "Hemos visto a través de la televisión la fiesta que tiene Vitoria y como estamos cansados de ir siempre a los mismos sitios, decidimos cambiar el rumbo y venirnos para aquí. La verdad que el ambiente es muy bueno, la gente es amable y siempre te trata muy bien".
Otro de los lugares que muchos de los turistas suelen visitar es Rioja Alavesa. La cultura del vino es una oferta atractiva a los ojos de los visitantes. Saber que a pocos kilómetros de la capital alavesa se encuentra la calidad del buen vino, hace que muchos apuesten por las diferentes rutas que se hacen en las bodegas más conocidas.
La belleza de Álava no sólo se conoce por boca de sus ciudadanos, sino que los propios turistas se convierten en grandes embajadores de su cultura.
Gracias por su comentario
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