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garikoitz montañés - Domingo, 4 de Julio de 2010 - Actualizado a las 11:01h.
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John Pitman Weber trabaja en la parte del mosaico del mural que se está elaborando en el Cantón de las Carnicerías. (Foto: marcos ruiz)
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vitoria. John Pitman Weber (1942) trabaja en el Casco Medieval gasteiztarra desde hace algo más de tres semanas. Llegó a la capital alavesa gracias al programa Cultural Envoys, de la embajada de EEUU en España, para dejar su sello en el Itinerario Muralístico La Ciudad Pintada. La contribución del artista de Chicago ya se percibe en los nuevos murales del Cantón de las Carnicerías, cuya principal novedad es que combinan mosaico -la parte donde Weber es "el capo"- y pintura. La característica de esta obra doble es que está separada por uno caño, por lo que juntos conforman un todo en torno a un tema común: cómo la naturaleza se abre camino.
Con las gafas manchadas de yeso, el mono de trabajo y a pie de andamio, este experto en arte público y trabajo con voluntarios explica -en un fluido castellano con acento mexicano- las peculiaridades de esta obra, la primera que le ha traído a Euskadi, y de este proyecto "excepcional" para vestir de arte las fachadas de la almendra medieval.
Lleva casi un mes en Vitoria. ¿Qué recuerda de su primera impresión de la ciudad?
Que es una ciudad tranquila, con vida propia. La verdad es que no he tenido demasiado tiempo para recorrerla [una de las costumbres del artista al realizar una obra en una nueva ciudad], porque trabajamos en el mural seis días a la semana. Pero al menos ya he visto el Casco Viejo y los barrios cercanos.
¿Qué diferencia a este trabajo de otros en los que ha colaborado?
Chicago es casi completamente plano, así que nunca había trabajado en un mural en desnivel, con un ángulo de casi 30 grados. Pero esta obra también es llamativa porque se coordinan dos fachadas de un tamaño importante y se combinan pintura y mosaico. Es todo un reto.
Usted ha trabajado en numerosas ocasiones colaborando con voluntarios. En un mundo a veces tan individualista como el arte, llama la atención ese trabajo comunitario [en este caso son casi 90 personas entre artistas, voluntarios y jóvenes].
Nosotros creemos que, para que una obra de arte funcione de forma natural, debe haber comunicación con el público. Para ello, la colaboración con los voluntarios es una ayuda. Debemos escucharles, porque ellos conocen el lugar mejor que nosotros.
¿Todavía le sorprende cómo el arte puede ayudar a cambiar todo un entorno?
Una obra de arte público siempre tiene dos consecuencias: provoca un deseo en otros vecinos de calles próximas de más obras artísticas y una demanda al Ayuntamiento de mejores calles, de más oferta cultural... Una obra así cambia mentalidades. Tiene un mensaje clave: que es posible cambiar un entorno, cambiar el mundo. Quizá no globalmente, pero al menos sí su pequeño mundo.
El trabajo voluntario también resulta clave para sacar adelante proyectos artísticos en plena crisis...
Pero el Itinerario Muralístico es anterior a la crisis, así que creo que tiene más que ver con una cultura de la participación que con la situación económica.
Fomentar esa participación está muy vinculada a la idea de democratizar el arte. Al final, este mural estará abierto a todo el público, a cualquiera que pase al lado.
Exacto. Es clave que el arte salga del taller a la calle.
Además, a usted le ha permitido salir de Chicago. Ha visitado Inglaterra, Francia, Nicaragua...
(Ríe). Viajar es algo muy importante para mí. Las hermanas Werckmeister [Christina y Verónica, impulsoras del Itinerario Muralístico] también han viajado y han sabido unir aquí movimientos del pasado, ejemplos de otras culturas y un punto de originalidad.
¿Y dónde está la barrera entre la tradición y la renovación? ¿Qué le parece la revitalización que se lleva a cabo en el Casco Medieval de Vitoria?
La mayoría de las ciudades del mundo no han resuelto bien cómo dar vida a sus cascos antiguos. En Vitoria, sin embargo, me parece que hay un especial interés por conjugar lo pasado y lo actual, los ciudadanos que estaban y los que llegan.
"Los voluntarios son una ayuda para que una obra de arte funcione y conecte con el público"
"El Casco tiene interés por unir pasado y presente, los viejos y los nuevos ciudadanos"

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