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Profesionales y usuarios del volante creen que la AP-1 no alivia de saturación al tráfico

en general, consideran que la red viaria del territorio es "segura" y "de calidad"

Critican la gran densidad de tráfico que soporta la N-I y ven peligrosidad en el enlace con el peaje de Armiñón

axier burdain - Domingo, 30 de Mayo de 2010 - Actualizado a las 09:16h

Álvaro posa junto a su herramienta de trabajo, el camión.

Álvaro posa junto a su herramienta de trabajo, el camión. (Jorge Muñoz)

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vitoria. Para ser felices quieren un camión, o un turismo y, sobre todo, una carretera que les permita llegan sin problemas a su destino. Conducen a diario por la red viaria alavesa, son profesionales de las dieciséis ruedas o usuarios de las cuatro y en líneas generales consideran que los trazados que posee y mantiene la Diputación son "bastante seguros" y "de calidad". Casi todos conocen bien las ventajas y desventajas que se esconden bajo el asfalto de la carretera N-I y aunque hablan maravillas de las condiciones de la recién inaugurada autopista AP-1 -los que la emplean, aunque sea ocasionalmente-, entienden que el nuevo trazado que enlaza Álava y Gipuzkoa no ha servido para aliviar la congestión que padece la N-I, auténtica arteria rodada del territorio. "Cada vez hay más vehículos y este aumento representa un incremento de la peligrosidad", explican. Benito y su trailer cubren a diario una ruta que les lleva por Logroño, Burgos, Irun y Rentería, de manera que conocen al dedillo las calzadas provinciales. La inauguración de la AP-1 no ha provocado, a su entender, disminución alguna de tráfico en la N-I. El transportista lo sabe porque recorre asiduamente su trazado. "No veo demasiado problema con esta carretera, el asfalto sigue estando en buen estado y es seguro, pero tampoco creo que haya disminuido la densidad de vehículos", explica. En cuanto a puntos negros dentro del territorio, no ve demasiados, si bien advierte cierta peligrosidad en el enlace con la AP-1 en Armiñón, enclave para el que propone dos carriles de salida en lugar de uno y una ampliación de la zona de peaje.

Julián revisa el remolque de su camión tras estacionar en el Ruta de Europa, uno de los puntos de encuentro de los transportistas en suelo alavés. Viene de Huelva y suele conducir hasta París, Rouen o Calais, así que también conoce a fondo el tramo alavés de la carretera N-I. Al igual que su compañero, considera que la seguridad de la vía "es buena, al menos en la parte alavesa, porque al llegar a Gipuzkoa la cosa cambia". Aunque conoce la existencia de la AP-1 nunca la ha usado porque no es partidario de sumar peajes a su ya abultado capítulo de gastos. "Si puedo evitar pagarlos, lógicamente me los ahorro. Estoy harto de pagar peajes. Tenemos que pagar tantos que al final no va a quedar más remedio que subir el precio de los portes. Y la mayoría de los transportistas piensa como yo, de manera que no creo que su puesta en marcha haya restado muchos coches ni camiones a la autovía N-I", evalúa.

Manuel recorre la misma ruta internacional que Julián y es de la misma opinión que éste a la hora de valorar el estado de las carreteras de la provincia. "Es bastante bueno, sobre todo si lo comparamos con lo que nos encontramos entre Burgos y Madrid", señala. En cuanto a la siniestralidad, entiende que "se ven accidentes, pero en este caso la culpa no es del estado de la carretera". Actualmente ve la N-I "con la misma densidad" de tráfico que antes de que llegara la AP-1 y sólo lamenta que en el tramo de la A-1 que circunvala la capital alavesa se haya prohibido que los camiones adelanten. "Cada vez soportamos más restricciones, resulta agobiante", reconoce. Finalmente, asegura que le sienta "fatal" que el precio de los productos que se sirven en las áreas de servicio del territorio sea "tan caro". "Con lo que te cobran aquí una consumición, en Huelva te tomas dos", lamenta.

Álvaro es de Tarragona y su ruta cubre toda la cornisa cantábrica. A la hora de analizar la calidad de las carreteras alavesas, sobre todo el tramo de la N-I que es la vía que más emplea, resulta algo más crítico que sus compañeros. "No está mal, pero podría estar mejor. La que está de lujo es la autopista AP-1, aunque es bastante cara. De aquí hasta Mondragón sale casi por diez euros. Sólo la he cogido cuando andaba con prisa y la verdad es que está muy bien", explica. Cree que la única forma de aligerar de tráfico la autovía pasa por ofrecer tramos gratuitos, como sucede entre Armiñón y Ameyugo con la AP-68, porque a su entender la llegada de la autopista de peaje entre Álava y Gipuzkoa no ha contribuido a aliviar el resto de la red.

Amador no es asiduo de la red viaria alavesa. Sólo ha realizado un par de trayectos por la geografía del territorio, pero le ha llamado la atención la gran cantidad de camiones y de transportes especiales que transitan por este tramo de la N-I. "Convierten la ruta en algo lento y peligroso. Si de lo que de verdad se trata es de conseguir reducir la siniestralidad -sopesa-, deberían desviarlos por la AP-1".

Íñigo, por contra, viaja a menudo y por razones de trabajo por las carreteras de Álava. A bordo de su turismo suma muchos kilómetros al año, fundamentalmente en el trayecto entre Vitoria y Bilbao por la A-68, aunque también es usuario regular de la N-I. En términos generales no ve mal la situación de las carreteras del territorio. Como la empresa le abona los desplazamientos también echa mano de la AP-1 cuando tiene ocasión. "Si vas con prisa, el tiempo vale dinero. La autopista seguramente haya liberado algo de tráfico del resto de la red, aunque sólo de turismos, porque apenas se ven camiones", concluye.

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