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josu ortubay montañero

"No albergo ningún sentimiento de revancha hacia el Everest, pero no creo que vuelva, ya lo conozco"

Josu Ortubay puede descansar tranquilo. A pesar de no haber conseguido hollar el Everest, zanja satisfecho una aventura que le ha permitido enfrentarse a un reto que incluso sus compañeros de expedición consideraban descabellado. Todavía débil, aunque feliz, ordenaba ayer sensaciones.

david pejenaute - Miércoles, 26 de Mayo de 2010 - Actualizado a las 08:06h.

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Ortubay en el campo base avanzado del Everest.

Ortubay en el campo base avanzado del Everest. (Ortubay)

Vitoria. Postrado en su tienda, con los labios resecos y todos los dedos de las manos afectados por congelaciones, atiende al teléfono con ciertas dificultades. Su aventura no ha terminado. Nunca lo hacen hasta que todos han completado el descenso. Y en el momento en el que contesta la llamada de DIARO DE NOTICIAS DE ÁLAVA sus dos compañeros, Pedro y Alfredo, los García, siguen a mitad de camino entre la cima y el campamento base avanzado, donde Josu Ortubay trata de hidratarse y reponer fuerzas para emprender el camino de regreso a Vitoria. Todavía queda mucho, está muy lejos. En las faldas del Everest, a más de 6.000 metros de altura, las noticias resultan todavía confusas. "Parece que Alfredo sufre congelaciones. Cuando bajaba me crucé con cuatro sherpas que iban a su encuentro. Ahora me dicen que van a pasar la noche en el campo uno", musita, con la voz entrecortada, soltando el aire entre toses y buscando en todo momento algo de líquido que echarse a la boca. "Ahora mismo me bebería una piscina de lo que fuera. Jamás en mi vida había sentido tanta sed", asegura.

Bueno, Josu, ya está, ya has podido enfrentarte al Everest como querías. ¿Qué sensaciones te asaltan en estos momentos? ¿Con qué sabor te quedas?

"Vivir en estas condiciones ya es un reto cumplido"

No sé, me pasan muchas cosas por la cabeza, pero principalmente ahora mismo estoy preocupado. Me siento inquieto porque nos dicen que tanto Pedro como Alfredo están teniendo muchos problemas en la bajada. Es todo muy confuso, porque casi me llega más información a través de la gente de Vitoria con la que he podido hablar que de los que estamos aquí.

¿Consideras que has culminado con éxito el objetivo que te marcaste a pesar de no haber podido llegar a la cima?

Aunque pueda parecer extraño, así lo siento. Sabía que me enfrentaba a un reto muy complicado. Antes de salir, en Vitoria, le dije a todo el mundo que tenía el 99% de posibilidades de quedarme sin cima y sólo un uno de lograrlo. Lo tenía interiorizado, así que no ha supuesto un golpe muy duro. Pasar tanto tiempo en el Everest, vivir el día a día en unas condiciones tan duras, ya es de por sí un objetivo complicado.

¿Lo has llegado a pasar mal?

Sí, es muy duro. Pero a la vez, no sé, todo es tan real, tan puro...

¿Cuál ha sido el momento más duro que has atravesado en todo este tiempo?

No te puedo decir uno sólo. Quizá estas últimas horas, con la incertidumbre de no saber cómo están mis compañeros, hayan sido de las más duras. Cuando estaba llegando al campo base avanzado me he cruzado con cuatro sherpas que salían en misión de rescate. Me han dicho que iban a ayudar a unos españoles, y allí arriba no había más, así que esto aún me ha preocupado más.

¿Pero no ha habido ningún momento en el que te hayas replanteado toda la aventura?

Es que es muy duro. Si tengo que decirte otro momento en el que lo pasé mal es cuando caí en la cuenta del riesgo que tenía el estilo que me había fijado para ascender. Cuando te están repitiendo tantas personas que es muy peligroso, te lo piensas.

¿Cómo se puede vivir a más de siete mil metros de altura durante semanas?

No se puede. Es algo que ya os he ido comentado en el diario. Ahí arriba cada día se muere un poco. El cuerpo humano no está diseñado para vivir en esas condiciones. Espera David, acaba de entrar alguien en mi tienda, creo que traen noticias.

(Josu deja por unos momentos el teléfono satélite, se escucha una conversación de fondo, parece que en inglés).

Me dicen que Pedro y Alfredo van a tener que pasar la noche en el campo uno. Al parecer, Pedro sufre congelaciones y necesita descansar. No queda mucho para que anochezca y supongo que no habrán querido arriesgar demasiado.

¿Qué hora es allí ahora mismo?

Nos movemos más por horas solares que por otra cosa, pero según el horario nepalí son las cinco menos cuarto. Pronto oscurecerá.

¿Más tranquilo?

Por lo menos sabemos que han podido continuar la ascensión. De todos modos, hay mucha gente ahí arriba. Además de los sherpas que me he cruzado, está el que iba con ellos, los dos alemanes con los que compartimos permiso y el sherpa de éstos. También han tenido que cruzarse por el camino con una expedición inglesa que iba a atacar la cumbre. Llevaban medicamentos y oxígeno, que de hacerles falta a mis compañeros podría venir bien.

Te preocupas mucho del estado de salud de tus compañeros, pero tú también has sufrido congelaciones. ¿Son graves?

No, no demasiado. Aunque tengo todos los dedos de las manos afectados, sólo tengo un par que tienen mala pinta. Me recuperaré.

Hablas como si fuera algo sin importancia. ¿Cómo se tratan? ¿Debéis esperar a volver a España para que os las curen en el centro especializado de Zaragoza? ¿En Katmandú?

No sé cómo estarán Pedro y Alfredo. Si sufren congelaciones graves tendremos que acelerar los trámites para la vuelta, porque las congelaciones importantes requieren de un tratamiento más especializado. Las más leves se pueden empezar a tratar en el campamento base. Hay que tomar una medicina y también meter los dedos en agua a 38 grados con Betadine dos veces al día. Por suerte o por desgracia ya estamos habituados a lidiar con estos males.

Dependiendo del estado con el que encuentres a los García, ¿es posible que tengáis que varias vuestros planes de regreso?

Dependerá de cómo estén, pero incluso quizá tuviéramos que recurrir a un helicóptero para acelerar la evacuación. De todos modos, vamos a tener que modificar algo nuestros planes en todo caso. Si pasan la noche en el campo uno y llegan mañana [por hoy] aquí, llevaremos un día de retraso. Teníamos previsto descender al campo base chino el jueves y llegar a Katmandú el viernes. Pero en función de su estado, ya veremos.

Conforme desciendes el Everest te vas acercando a la civilización, a tantas cosas que ahí arriba pareceran casi lujos. ¿Qué es lo que más has echado en falta a lo largo de todo este tiempo?

Bufff. Ahora mismo, si te soy sincero, cualquier cosa que se beba. Tengo los labios agrietados y una sed brutal. me bebería una piscina de lo que fuera. Creo que jamás en mi vida había tenido tanta sed como ahora. Me duele hasta al tragar saliva. De todos modos, se echan en falta muchas cosas, básicas algunas de ellas. Pero ya te digo, ahora mismo me bebería una piscina de agua, de cerveza o de lo que fuera.

¿Crees que te costará volver a adaptarte a la vida normal, volver a retomar tus costumbres y tus rutinas?

No lo sé. Puede que un poco. Aunque a lo bueno uno se habitúa pronto, y ten en cuenta que aquí no teníamos de casi nada, aunque a la vez todo es tan real, hay tanta vida...

A lo largo de estos días has tenido la ocasión de compartir tiempo con himalayistas de gran prestigio, pero hablabas de ellos como si se tratara de amigos...

Es que al final se puede decir que lo son. Hemos tenido la suerte de conocer a gente increíble. Algunos de ellos, como dices, son personas con mucha experiencia y mucho nombre, pero con nosotros se han portado fenomenal. Es algo que me llevo de este viaje, entablar amistad con gente como Gerlinde (Kaltenbrunner), su marido, o Silvio (Mondinelli). Y por supuesto con mis dos compañeros, con los que he compartido mucho.

¿Volverás?

Nunca se puede decir que de este agua no beberé, pero no lo creo.

Entonces, ¿acaba aquí tu historia de amor con el Everest? ¿No se te queda dentro la necesidad de pisar algún día su cumbre?

Me planteé el reto de acudir aquí e intentar ascender de una manera determinada. Probablemente si tengo la oportunidad de volver a una expedición de este tipo me decante por ir a otra montaña, porque ésta ya la he conocido. No albergo ningún sentimiento de venganza ni revancha hacia el Everest.

Supongo que ahora lo único que quieres es descansar...

Sí, la verdad es que me hace falta. Desde que he llegado al campo base he estado tratando de hidratarme y recibiendo llamadas, pero el cuerpo pide un descanso. Lo necesito. A ver. ¡Creo que viene alguien al campamento! Dame un minuto, creo que traen noticias.

(Josu desaparece durante un par de minutos. Se le escucha gritar, da la impresión que desde dentro de su tienda hacia el exterior).

David, ¡están bajando! ¡Vienen para aquí! Me dicen que Pedro sufre alguna congelación, pero están bien.

¡Enhorabuena! Ahora sí se puede decir que todo ha salido bien.

Gracias. Estoy deseando darles un abrazo. Y descansar. Lo necesito.

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