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Radiografía de los sordos alaveses

Comunicar con el silencio

60 alaveses tienen desde hace días nervios en el estómago. Este jueves se enfrentan al examen que acreditará si se logran desenvolver en la lengua de signos.

Agurtzane Salazar - Lunes, 24 de Mayo de 2010 - Actualizado a las 08:39h.

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El profesor Marcelo Goiburu haciendo el signo de "noticias"

El profesor Marcelo Goiburu haciendo el signo de "noticias" (J.M.)

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Sucedió hace 130 años pero los sordos es difícil que borren de sus memorias el 11 de septiembre de 1880, su particular annus horribilis. En esta fecha, el Congreso Internacional de Maestros de Sordomudos, que se celebró en Milán, prohibió el aprendizaje de la lengua de signos. Los educadores del siglo decimonónico pensaban que la enseñanza de los signos repercutía seriamente en la integración de los sordos, de modo que diez años después de este encuentro mundial, ésta desaparició en todas las escuelas europeas para imponer en su lugar el método del oralismo que favorece el habla. Comenzó así el hito más oscuro en la historia de las personas que sufren este tipo de discapacidad y de la que pronto se vieron las drásticas consecuencias de esta resolución: los sordos se quedaban rezagados, tanto que sus habilidades lectoras eran las propias de edades más inferiores. Era imposible que aprendiesen una lengua de la que nunca antes habían oído su voz. Desde que hace tres años se oficializó este idioma, las cosas han cambiado hasta tal punto que este mismo jueves 60 alaveses se enfrentan a su prueba de fuego: todos ellos se examinan de los tres niveles de la lengua de signos, en la sede vitoriana de Arabako Gorrak, la asociación de sordos del Territorio Histórico de la calle Palencia y de la que forman parte cerca de 100 alaveses. "La mayoría de estas personas perdieron la capacidad auditiva por culpa de alguna enfermedad, como la meningitis", detalla Marcelo Goiburu (Asunción, Paraguay, 1975), ayudado por su intérprete Felipe Pérez. Goiburu es el profesor y examinador de estos cursos, que desde octubre hasta este mismo mes se imparten dos días a la semana, en dos turnos diferentes, de 18.30 a 20.30 horas y de 20.30 horas hasta las 22.00 horas. las normas Prohibido hablar y escribir Sin embargo, los alumnos que allí acuden tienen sus capacidades auditivas en perfectas condiciones. "Sólo un 1% de mis alumnos es sordo, porque se trata de familiares, amigos o incluso de personas que han aprendido a leer los labios y que quieren aprender este idioma para comunicarse mejor", agrega este hombre que lleva un año al frente de estas clases, desde que hace dos fijó su residencia en la capital alavesa. Estos últimos días Goiburu nota en sus pupilos los nervios propios del examen al que se enfrentan. "En la prueba, les grabo con la cámara y luego, en mi casa, veo cómo se defienden. No se tienen por qué preocupar los que se esfuerzan porque suele haber un gran porcentaje de aprobados". Para los que no tengan tanta suerte y lo suspendan, tienen dos opciones a la hora de repetir el nivel: volver a matricularse en mayo o apuntarse a los cursos intensivos de verano. "Se crearon hace ocho años por la demanda de todos aquellos que no podían acudir a las clases normales". Es por ello que las clases se dan los dos meses de junio y julio de 09.00 a 12.00 horas. "Se pueden inscribir desde ahora hasta justo el comienzo de las clases, pero yo recomiendo que lo hagan antes porque el límite de plazas es de 15 personas por grupo". Tanto en los cursos intensivos como en los normales, las técnicas de aprendizaje se repiten. Dado que todos los estudiantes empiezan desde cero, Goiburu las primeras clases las enseña con mímica. Este profesor, sordo de nacimiento, al igual que sus hermanos y sus padres, no lleva a un intérprete en sus clases, del mismo modo tampoco les habla, ya que este profesor aprendió oralismo a los 5 años. La razón de ello la tiene clara: "Hay unas normas básicas que deben respetar porque les prohibo hablar y escribir. Así el desarrollo es más rápido. Normalmente empiezan asustados y con vergüenza, pero luego se van contentos porque les corto la timidez, se vuelven más creativos, su estrés se relaja y ptencian más el sentido de la vista". Es por ello que los resultados se ven a corto plazo. "Al mes ya tienen fluidez a la hora de comunicarse y los del intensivo la tienen al cabo de la segunda semana". retos de vitoria Más intérpretes A pesar de todo ello, todavía hay muchas personas que no saben que la lengua de signos está reconocida de forma oficial. "Hay que seguir dando pasos para nuestra integración. En Madrid, por ejemplo, hay un gran movimiento asociativo o colegios en los que empiezan a permitir que un niño sordo acuda. Se consigue la igualdad y que el resto de compañeros empiecen a aprender los signos". Vitoria, en cambio, aún está lejos de esas ciudades pioneras en avanzar en la integración de los discapacitados auditivos, quienes se encuentran las primeras barreras a la hora de entrar a un banco o a centros oficiales. "En la mayoría de los sitios públicos no hay intérpretes. Si yo quiero acceder al hospital o al aeropuerto, como ya me ha pasado, nadie entiende lo que el otro quiere decir y todos nos ponemos nerviosos", comenta. Para evitar este tipo de situaciones incómodas, hay que llamar a Arabako Gorrak para que mande a un intérprete. "No tenemos la libertad de cualquier persona para acceder a cualquier sitio, tengo que esperar a que le manden y eso no es natural. El Gobierno sólo pone traductores fijos en institutos y universidades y en el resto nada". Las limitaciones con las que se encuentran en su día a día son múltiples, de las que no se libran ni siquiera viendo la televisión. "Ahora hay subtítulos, pero si surgen entrevistas dentro de un telediario, como la de Zapatero, me la pierdo. Por no hablar de la muy muy muy pequeña pantalla en la que aparece el intérprete en algún programa". Los obstáculos para disfrutar de la gran pantalla son todavía peores. Este profesor, apasionado del séptimo arte, raras veces puede cumplir con su hobby de ver los últimos estrenos de la cartelera. "En Madrid, sí que he ido al cine, pero en Vitoria es imposible. Cuando voy con mi hija, me aburro porque no entiendo nada y ella me lo tiene que explicar porque no lo entiendo". La situación es algo mejor en el teatro y en la danza, "lo entiendo mejor porque las obras son más visuales, pero si tienen mucha trama entiendo que es difícil que un intérprete comunique lo que hacen diez actores". En el ámbito laboral, también considera que se continúa con la discriminación. "Si el Gobierno no cumple con el porcentaje mínimo de discapacitados en las oposiciones, menos en las empresas privadas. Recuerdo que en Paraguay no era raro ver a sordos trabajando en bancos". En cambio, en el autobús y en el tranvía de Gasteiz sí que ha percibido más avances. "Ahora el transporte está bien porque tiene los letreros luminosos que te indican las paradas, aunque hay cosas por hacer. Si hay un transbordo y lo dice el chófer, yo no me entero".

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