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Jon Larrauri - Lunes, 10 de Mayo de 2010 - Actualizado a las 08:07h
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Mark Webber. (P.V.)
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Montmeló. En la parrilla de la Fórmula 1 cohabitan pilotos ordinarios, notables y extraordinarios y Mark Webber pertenece a ese segundo grupo. Su calidad al volante, indudable, no aporta a su coche un plus de rendimiento, pero cuando los ingenieros y mecánicos ponen en sus manos el mejor monoplaza, rápido y fiable a partes iguales, no tiene ningún problema a la hora de alcanzar la bandera de cuadros en primera posición. Lo hizo ayer en el Gran Premio de Catalunya, donde obtuvo su primera victoria de la temporada de manera autoritaria, casi dictatorial. Dominó la carrera de principio a fin el australiano, sin cometer errores, sin sufrir el acoso de los rivales debido a la gran cantidad de tierra de por medio que fue capaz de poner desde el momento en el que se apagó el semáforo rojo. Hizo lo que en Red Bull se espera de él, pero pese a todas las virtudes que atesora, que son muchas, no posee las suficientes para acceder al tercer escalón, a la división de los pilotos extraordinarios, donde a día de hoy sólo tienen cabida Fernando Alonso y un par más de compañeros de profesión.
Alonso atesora una habilidad que los propietarios de los equipos adoran: es capaz de llevar un monoplaza más allá de su límite. Si su montura sólo opta a la décima plaza, él la coloca en la novena. El asturiano es especialista en encontrar petróleo en los terrenos más adversos, circunstancia en la que poco tiene que ver el azar y mucho la perseverancia y la constancia, características que definen perfectamente al bicampeón del mundo. El de Ferrari no ganó ayer la batalla, pero se posicionó de manera excelente en la enconada lucha por adjudicarse la guerra, ya que consiguió acabar segundo -superado únicamente por el inalcanzable Webber- cuando nada hacía pensar que pudiera pasar de la cuarta plaza. ¿Por qué? Por su envidiable costumbre de no dar nunca nada por perdido, por su deseo de empujar hasta el final para incomodar y transmitir incertidumbre al rival que le precede, se encuentre a la distancia que se encuentre. Ayer, esta táctica volvió a rendirle extraordinarios dividendos.
No parecía la carrera de ayer demasiado favorable para el lucimiento de Alonso ante su público. Los Red Bull habían copado las dos primeras posiciones de la parrilla de manera soberbia y parecían inalcanzables, mientras que Lewis Hamilton sacó el 100% de su McLaren para partir tercero, justo delante del Ferrari del asturiano. Mal asunto para Alonso, conocedor de las escasísimas oportunidades para adelantar que ofrece el trazado de Montmeló. La salida no cambió el decorado de la carrera (Fernando le enseñó el morro a Lewis, que a su vez intentó colarse por dentro de los Red Bull, pero todo quedó como estaba) y el asturiano no tardó en interiorizar que sólo el trabajo estajanovista, su conducción machacona a prueba de fallos, podía hacerle pasar de la cuarta plaza de la que partía. No tardó en perder la estela del trío de cabeza, pero los cambios que se produjeron a su alrededor (por delante Hamilton adelantó de manera magistral a Vettel a la salida de su parada en boxes, mientras que por detrás Michael Schumacher ascendió a la quinta posición al dar buena cuenta de un endeble Jenson Button en parecidas circunstancias) no le descentraron. Por momentos, parecía que su silueta roja se quedaba en tierra de nadie, sin posibilidades por delante y sin riesgo por detrás, pero aún no había dicho su última palabra.
La baza de Ferrari La Scuderia no ha conseguido todavía alcanzar la explosividad de Red Bull en las tandas cortas ni el majestuoso ritmo de carrera de McLaren, pero juega con una baza a su favor: nadie cuida los neumáticos mejor que su monoplaza. Así, en la vuelta 42 de las 66 de las que constaba la carrera, Alonso, que hasta entonces se había movido en un segundo plano pero no había cejado en su empeño de perseguir al trío de cabeza, comenzó a enlazar, una tras otra, vueltas rápidas. Cuando sus rivales empezaban a sufrir, él empezaba a disfrutar, hasta el punto de que trece giros después Vettel tuvo un problema de frenos que le llevó a darse un involuntario paseo por la gravilla, dañando una rueda y quedando obligado a una inesperada parada en boxes. El bólido rojo era ya tercero y una vez más parecía haber alcanzado su límite, pero Alonso, fiel a su ideario, no se relajó. No le importó que dar caza a Hamilton pareciese una quimera. Él siguió a tope y al final obtuvo su recompensa cuando en la penúltima vuelta el neumático delantero izquierdo del británico dijo basta y el McLaren acabó estrellándose contra las protecciones. 24 segundos después de que Webber destruyera a todos sus rivales, Alonso entró segundo en meta, construyendo un nuevo peldaño en su escalera hacia el título. Por el momento es segundo, a sólo tres puntos de Button (70 contra 67), pero esos seis puntos de más conquistados a base de pundonor y de no enarbolar nunca la bandera blanca acostumbran a ser de los que desequilibran Mundiales.
Schumacher, notable Sin tanto brillo como Webber y Alonso, el tercer gran triunfador del Gran Premio de Catalunya fue Michael Schumacher, quien ayer constató su gran mejora con respecto a los cuatro primeros Grandes Premios al acabar cuarto. Schumi adelantó con pulso firme a Button en la salida de boxes en la vuelta 17 y durante 59 giros fue capaz de mantener a raya a un monoplaza más rápido que el suyo. El pupilo de Ross Brawn no cometió ningún error de pilotaje y parece que ha concluido con éxito el plazo que él mismo pidió en Bahrein para reciclarse después de tres años viendo las carreras por televisión.
Por detrás del germano y el inglés entró, sexto, un Felipe Massa que pasó totalmente desapercibido durante todo el fin de semana (la suerte tampoco le acompañó, ya que Chandhock le estorbó cuando estaba en plena batalla con los monoplazas que le precedían). Más satisfecho estaba su compatriota Rubens Barrichello con una novena plaza que le supo a gloria después de dos días de entrenamientos nefastos, mientras que Jaime Alguersuari, décimo, entró por segunda vez en su carrera en la zona de puntos. Menos suerte tuvo Pedro Martínez de la Rosa. El piloto de Sauber había depositado muchas esperanzas en su carrera pero tuvo que abandonar en la vuelta 18 por los daños sufridos por su monoplaza tras colisionar con Sebastien Buemi.
Gracias por su comentario
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