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Desembarco. La asociación Adi Egon!! se instala en Vitoria para ayudar a las familias con problemas de violencia filioparental, es decir, de padres a hijos. La Fiscalía de Menores ya ha comenzado a derivarles casos. Atienden gratuitamente en el 94 470 45 54 y en el 610 233 188.
Axier Burdain - Domingo, 9 de Mayo de 2010 - Actualizado a las 11:09h
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Libe Mariscal y Asier Bilbao en uno de los sofás junto a su despacho de psicólogos de Vitoria. (Alex Larretxi)
Vista:
vitoria. ¿Qué les ha traído hasta la capital alavesa?
Adi Egon!! nace en 2006 para dar respuesta a un fenómeno concreto como es la violencia filioparental. Arrancamos con un proyecto piloto porque no sabíamos muy bien qué aceptación iba a tener y qué necesidades íbamos a cubrir, de manera que empezamos sólo en Bizkaia. La sede de Adi Egon!! está en Bilbao y llevamos desde 2006 dando apoyo psicosocial a las familias que tienen este problema en Bizkaia. El caso es que periódicamente recibíamos llamadas de Álava y de Gipuzkoa y como se trata de un programa consolidado y subvencionado por el Gobierno Vasco, nos animamos. La política es dar servicio en todos los territorios.
¿El Gobierno Vasco ha dado luz verde a su asentamiento definitivo en Álava?
Nos han pedido que vengamos a Álava para hacer una evaluación de necesidades. Estuvimos en la Fiscalía de Menores y nos confirmaron que había casos de violencia filioparental.
¿Existe preocupación en la Fiscalía de Menores alavesa por el aumento de casos de violencia filioparental en el territorio?
Sí que existe preocupación en la Fiscalía. Han aumentado los casos, pero su volumen es aún menor que el de Bizkaia. Lógicamente el volumen de población también es menor, así que es normal. Pero hay bastantes casos y van en aumento.
Aumentan en Valencia, en Cataluña, en la CAV... ¿A qué obedece este aumento del fenómeno?
No tenemos tan claro que aumente el fenómeno. Lo que sí aumentan son las denuncias. Dentro de una década, después de comparar estadísticas, sí que podremos decir que aumentan o que disminuyen, pero ahora resulta muy aventurado. Ésta es una realidad que antes no se denunciaba y que quizás ahora experimente el efecto copia. El tema aparece reflejado en los medios de comunicación y muchas familias que se sienten identificadas nos llaman. Quizás antes no había estas posibilidades, tampoco estaba estructurada como tal la Ley del Menor... Puede que haya un repunte, pero tanto como decir que existe más violencia filioparental que antes pueda ser excesivo. Quizás determinadas actitudes puedan chocar con lo que sucedía hace 20 o 30 años.
¿Resulta más visible?
Tal vez sí que sea eso lo que sucede, que es más visible. Se hace más visible por parte de las familias, sobre todo de los padres que sienten culpabilidad.
Hablando de culpabilidad. Muchos padres piensan que son los responsables de lo que hacen sus hijos porque no les han sabido educar. ¿Es así?
Hoy en día se juzga más y se evalúa más. Hasta hace unos años las cosas se hacían como se podía y no había tanto tiempo para reflexionar. Hoy tratamos de hacer las cosas mucho mejor, hay más escuelas de padres, más formación y uno se pregunta más si es peor o mejor padre. También se relaciona con el cambio de estilo en los valores que se da hoy en día. Cuesta más fijar los límites.
¿Los padres están dispuestos a trabajar codo con codo junto a sus hijos para mejorar la situación?
Muchos creen que se trata sólo de un problema de los hijos. Piensan que con traerte al chaval para que lo arregles, para que lo cambies, ya vale. Cuando les dices que se trata de un problema de toda la familia y que todos son responsables de lo que sucede, algunos sí que asumen la responsabilidad y reconocen que han hecho muchas cosas mal, pero otros no lo aceptan. A pesar de que el origen del problema pueda estar más en ellos que en sus hijos.
¿Estamos pagando un exceso de permisividad por parte de los padres hacia los hijos?
No sé cuál será la pauta común entre los padres, pero entre los que vemos aquí, sí. La mayoría muestra una permisividad importante hacia sus hijos y una baja tolerancia a la frustración, tanto por parte de los hijos como de los padres. Otro problema es que no existe unidad por parte de los padres. Uno va por un lado, el otro por otro, uno desautoriza al otro y viceversa, uno pone un castigo, el otro lo quita... Aunque eso es lo que vemos aquí, lo cual no significa que la generalidad de los padres actúe así.
¿Qué sería lo deseable? ¿Que los padres hiciesen piña y marcasen límites estrictos?
Que hagan piña por supuesto, porque si no, al final los hijos se aprovechan de esta debilidad y se aprovechan en el mal sentido. Ven cuáles son los puntos flacos y actúan. Tienen muy claro el asunto del poli bueno y el poli malo, saben a quién, qué y cuándo pedir lo que quieren.
Los pequeños roces acaban convirtiéndose en grandes problemas ¿Cuándo se da este salto?
Cuando se alcanza la adolescencia. Hasta ese momento hay rabietas, pero no suponen un problema grave. Pero cuando los chavales tienen quince o dieciséis años, son como un armario y rompen la mesa o tiran algo porque quieren salir o más paga, ahí los padres sí que empiezan a ver el problema. Antes era el huevo Kinder, pero ahora te dice que quiere quedarse hasta las tres de la mañana y te pide treinta euros. Ahí los padres se ven perdidos, no saben cómo parar la cosa y es cuando vienen. Nos dicen que se sienten amenazados, asustados, angustiados en sus propias casas.
Vamos, que el problema estalla en la adolescencia pero viene de largo...
Claro. Viene de atrás. Ha habido una ausencia de límites prolongada en el tiempo y de repente explota. Y no hablamos de adolescentes problemáticos, sino de situaciones que se extienden en el tiempo. Empiezas a rascar en la superficie y ves que el problema surgió hace muchos años. No es que de repente el chaval llegue a los catorce años, se convierta en un adolescente muy movido y se haya desajustado. Después, cuando ahondas, los padres te cuentan que desde niño tenían problemas para controlarle, que era hiperactivo... En realidad muchos no son hiperactivos ni han tenido ningún problema en este sentido, pero se trata de buscar una excusa, de tener una explicación al problema. Muchos han ido a psicólogos y a psiquiatras porque quieren oir que el problema está en el chaval, no en ellos.
¿Por qué no acertaron aquellos psicólogos y psiquiatras?
Generalmente, porque el chaval acudía él solo a la terapia y no se trabajaba en la estructura familiar.
En los casos en los que trabajan, ¿hay más violencia física o verbal?
Sobre todo nos encontramos con insultos, gritos y amenazas.
También con chavales que tiran objetos de casa, que se dedican a romper cosas, a
robar, a no ir a clase... Y de forma excepcional también se nos presenta algún
caso de violencia física. Sobre todo empujones y situaciones por el
estilo.
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Gracias por su comentario
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