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¿Se siente seguro al caminar por las calles de su distrito cuando oscurece? ¿Tiene conocimiento de que se hayan cometido robos o asaltos de algún tipo por su zona de residencia? ¿Suele ver a la Policía Municipal patrullando por su calle?.
Agurtzane Salazar
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REsiden en sus barrios desde hace años, incluso décadas, y sin embargo no se sienten como en casa cada vez que abren la puerta del portal. Los vitorianos quieren sentirse seguros, salir de sus casas y caminar sin mirar de reojo. Salir a la calle sin miedo, pero éste, a la hora de caminar por sus calles, no entiende de horarios. En la capital alavesa hay muchas zonas que aparentemente son tranquilas de día pero de noche no lo son tanto. La misma Avenida en cuanto cae el sol se convierte en una vía desértica, en la que apenas quedan cafeterías abiertas para entrar en un sitio público, en caso de solicitar auxilio.
Ariznabarra, Sansomendi, Zaramaga y Casco Viejo son algunas de las zonas de la capital que a los vecinos les quitan el sueño cada vez que tienen que atravesar sus calles con la única compañía de su sola presencia. Sus ciudadanos demandan más seguridad y, en especial, por la almendra: el máximo exponente de la intranquilidad. Una simple mañana de domingo se puede convertir en una pesadilla, cuando los transeúntes se pueden contar con los dedos de una mano y las persianas de los comercios están echadas.
Casco viejo
Miedo a los inmigrantes
Vicenta hace 50 años que fijó su residencia en el Casco Viejo. Durante mucho tiempo calificó su vida allí de "tranquila". Era la época en la que convivía con sus seis hijos. Sin embargo, asegura que la calma se perturbó hace unos cinco años, "desde que hay una mayor presencia de árabes". Está convencida de que existen verdaderos puntos negros en la almendra, aunque no en cuanto a iluminación, ya que la considera óptima. "Procuro salir de casa para lo básico, pero cada vez que hago los recados miro hacia atrás porque en alguna ocasión ya me ha seguido un grupo de inmigrantes". Esta mujer de 73 años explica que lo peor es la alta concentración de foráneos en la plazuela, al lado del bar Los Amigos, cerca de Aldabe. "Tengo miedo a todas horas porque hay una verdadera mafia. Incluso se les ve con la droga en la esquina de La Peña Dulce. Aquella es la peor zona, pero el Casco Viejo en general da miedo".
Vicenta opina que esto no pasaría si hubiese más patrullas policiales por la zona. "Es una pena que no se trate este problema porque si se quitara a esa gente de ahí estaríamos más tranquilos". Esta vitoriana, además de sentir en sus propias carnes el peligro, también ha sido testigo de actuaciones de la Guardia Urbana. "Los agentes estuvieron aquí la semana pasada registrando un piso".
Su temor no acaba cuando llega a casa. "Estoy jorobada porque hay mucho jaleo en la plaza que antes se denominaba Burullería por el botellón de los jueves, viernes y sábados. No me dejan dormir y destrozan todo". Vicenta reflexiona bastante a la hora de darle una calificación al barrio. "Un cinco le daría", cuenta dubitativa.
En un banco situado enfrente del centro cívico Aldabe se encuentra Gertrudis Camacho esperando a su cuñada. "La verdad es que no me da mucha confianza esperar aquí sola y eso que es por la mañana", relata esta mujer de origen andaluz pero vitoriana de adopción ya que vino hace medio siglo a la capital alavesa. El Casco Viejo no es la única zona gasteiztarra que le resta confianza. "A partir de las diez de la noche en Ariznabarra no se ve gente. Da miedo andar sola y tener que ir a Castilla, donde vivo. Sobre todo desde hace cinco años, cuando empezó a venir gente de fuera", afirma Gertrudis, quien propone más vigilancia por esta zona. "Es solitaria, da miedo ir a la calle Castilla y por la zona de la Cruz Roja, un sitio de acogida temporal". Esta mujer habla del peligro de ir sin nadie más a tu lado por la calle. Algo que, por desgracia, desde que enviudó hace con frecuencia. "Cuando salgo tarde me tienen que acompañar. A partir de la una de la mañana es terrible ir por la Avenida y ni qué decir tiene caminar por la zona del Palacio de Justicia".
Pilar Matute, su cuñada, también habla de inseguridad ciudadana en la capital. "Desde que oscurece en los sitios del Casco Viejo da miedo y ya andar por aquí desde las diez y media... ¡ni te cuento!". Un paseo nocturno que es improbable que repita. "Yo vivo al lado de la Avenida y un día después de una cena en el Casco, mi hermana me dijo que me acercaba en coche. Le dije que no, porque sólo creía que se trataba de ir para abajo y ya está". En cuanto empezó a andar por la parte vieja se arrepintió. Vio gente que la intranquilizó. "Lo mejor es sacar las llaves del bolso y el monedero, así si te lo arrancan puedes llegar a casa", recomienda. Este consejo lo pudo poner en práctica después del hurto que sufrió su madre poco antes. "Un inmigrante que iba montado en una bici le quitó el bolso de un tirón". Pilar añade que de este tipo de casos "hay un montón", como el de una amiga suya que vive en la calle Los Herrán, detrás de la estación de autobuses. "Un chico que venía detrás de ella le intentó arrancar el bolso en la calle Francia a las ocho y media de la tarde. Ella se resistió y la tiró al suelo. Pidió ayuda al hombre que venía detrás y resultó que era su compinche porque dijo: "¿Todavía no le has quitado el bolso?".
Pilar también señala el cementerio de Zaramaga como punto negro. "Hace poco robaron a una persona, a la que le rajaron la cazadora y luego le quitaron el bolso".
Mikel Espartero puntúa con un tres la seguridad del Casco Viejo "porque hay mala gente". Vive allí hace 20 años, desde que tenía tres. "Quiero pensar que a mí me respetan porque me conocen ya de vista pero aún así he tenido mis problemas". Mikel recuerda que le dieron una paliza para robarle y que acabó en el hospital. "El otro día iba para Aldabe y vi como a un señor mayor le agarraban del cuello también para atracarle. Es necesaria mucha más vigilancia policial".
Raquel Ortega es otra de las residentes en la almendra. "Últimamente veo más jaleos y eso que está la nueva comisaría, al lado del Gaztetxe", cuenta esta adolescente en el cantón de las Carnicerías. Raquel, de momento, no ha sido testigo de ningún delito. "Debería haber más policías, incluso no estaría mal que instalaran cámaras de seguridad en algunas calles, como hacen en Bilbao". La joven también menciona otros barrios en los que se le pusieron los pelos de punta a la hora de pasear por ellos. "Abetxuko me parece poco seguro. Fui un día y me parece chungo".
Esther Piñero sale de su portal en la calle Herrería para dar un paseo con su nieta. "La policía de barrio en el Casco Viejo brilla por su ausencia. Parece que estás en un pueblo abandonado: No hay casi luz y está solitario", se queja esta mujer, quien asegura no haber sufrido ningún delito. "No me ha pasado nunca, pero sí que oyes que a alguien le han quitado la cartera". Esther también incrementaría la presencia policial en la zona. "Lo haría de una forma menos intimidatoria para los jóvenes, como que en vez de patrullar en coche, lo hagan en bici o en patines". En este sentido, esta mujer propone una medida que le parece todavía más atractiva. "La presencia de los serenos es una buena idea. Deberían volver a ponerlos".
sansomendi
Escasa presencia policial
Adela Martínez reside en Sansomendi, un distrito vitoriano que, asegura, "no está mal", porque se siente tranquila a la hora de caminar por él. Y eso que sale de trabajar a las 21.30 horas del centro cívico. "Alguna vez sí que viniendo del trabajo he visto que unos gitanos le robaban el bolso a otra persona". Aunque afirma no ver mucho a los agentes municipales por sus calles, de los 13 años que lleva en Vitoria señala como más conflictivo el barrio de Zaramaga. "Antes vivía en aquél barrio y una noche me llevé un susto en el parque del Norte. En mi caso fue un exhibicionista, pero en ese lugar son habituales los incidentes", precisa. Enfrente del campo de fútbol, María Lorenza espera a que Zar, su Yorkshire, complete su itinerario matutino por el césped del barrio. "Hace doce años que vivo aquí y nunca he tenido un percance. La seguridad es buena y la iluminación también". Aunque con matices: "Siempre se procura no ir más allá, donde están las familias más conflictivas". En general, María otorga un 7 a la seguridad de Sansomendi. "De noche, cualquier barrio da miedo. Yo procuro y recomiendo siempre alejarse de los parques".
zaramaga
Iluminación escasa
Juan de la Cruz camina como Pedro por su casa por Zaramaga, donde hace 40 años que reside. "Estoy muy tranquilo aquí porque creo que no hay robos. Así que le doy un 7 en seguridad", comenta este hombre. Satisfecho, declara que por estas calles "sí que se ve a los policías".
Maribel e Iván integran un joven matrimonio afincado en este distrito gasteiztarra, al que se mudaron hace cuatro años. A la calle Fermín Lasuen, en concreto. "En principio, es un barrio en el que todo está bien, aunque es cierto que el parque del Norte es más inseguro por su poco alumbrado. Allí hace poco hubo un intento de violación", cuenta el hombre. El matrimonio confiesa que no sabe a ciencia cierta si resulta seguro atravesar las vías del barrio por la noche. "No hacemos vida de noche, así que no sabemos qué tal están las calles por aquí, porque tampoco llegamos a casa muy tarde", explica Iván, quién sí que destaca las molestias del ocio nocturno y, en especial, del juvenil. "Se hace botellón en el parque de la Casa de Las Américas".
Su esposa detalla que el callejón Behenabarra -al lado de la parroquia de San Francisco de Asís- da quebraderos de cabeza a los vecinos de Zaramaga. "Allí son habituales los robos de vehículos. Incluso el nuestro nos los forzaron en una ocasión". La pareja está satisfecha con la presencia policial. "Patrullan en motos", afirman. Y por eso, creen que la seguridad del barrio se merece un 7.
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