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adiós a la racha en el buesa arena >

La implacable lógica

Un voluntarioso Baskonia cede ante el inagotable potencial de un rival superior

oscar san martín - Domingo, 21 de Marzo de 2010 - Actualizado a las 11:18h

N'Dong y Mickeal  impiden el avance de Teletovic en un momento del partido de ayer

N'Dong y Mickeal impiden el avance de Teletovic en un momento del partido de ayer (ALEX LARRETXI)

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vitoria. Casi dos años después, el Buesa Arena asistió a un desenlace desfavorable en la fase regular. Queda el triste consuelo de que el honor de profanar el templo vitoriano correspondió al mejor equipo de Europa en la actualidad. Si este Barcelona ya constituye en condiciones normales un rival prácticamente imbatible, para este malherido Caja Laboral en busca de una identidad y lastrado por las lesiones mucho más. Y así quedó patente tras el constante querer y no poder firmado ayer por un cuadro alavés estrellado ante la lógica cruel e inapelable de la nítida superioridad culé.

Todo voluntad, pundonor y corazón, la tropa de Ivanovic acabó al menos el duelo con la conciencia tranquila por haberlo dado todo. Frente a un plantillón colosal, un muro de hormigón sin fisuras, hizo básicamente lo que pudo. Firmó una esperanzadora puesta en escena que invitó a soñar, opuso durante la trama toneladas de fe para remediar lo irremediable y derramó hasta la última gota de sudor en el epílogo para contener todas las embestidas blaugranas, pero finalmente debió rendirse ante una triste evidencia. La impuesta por un arrebatador forastero que acreditó el porqué de su inmaculada trayectoria y apeló en los compases finales a la magia de Ricky Rubio y Lorbek para contrarrestar el orgullo local.

Antes del salto inicial y vistos los tétricos precedentes de los últimos enfrentamientos ante colosos de la canasta, flotaban muchas dudas en el ambiente. Los más desconfiados barruntaban incluso otro ejercicio de impotencia y la pesada losa de otra paliza sobre las espaldas antes de afrontar el cruce previo a la Final Four. A la postre, nada de eso sucedió, si bien cuesta asimilar, entender y explicar que un equipo y un público acostumbrados hasta no hace mucho a degustar el caviar más sabroso deban conformarse hoy en día con una derrota honrosa.

Para abatir a un rival así, hace falta esgrimir argumentos más sólidos. Y el Baskonia se halla lejos de mostrar esas hechuras que le permitan dar un salto de calidad para competir ante rivales de semejante potencial. Sus cimientos no son lo suficientemente robustos, malvive por la lentísima puesta a punto de algunas piezas llamadas a marcar la diferencia, adolece de consistencia para completar cuarenta minutos al más alto nivel y, en definitiva, es víctima un día sí y al otro también de algunos males endémicos que destapan su fragilidad. La vuelta de Splitter, cuya inactividad se dejó notar, debe suponer el punto de inflexión hacia la resurrección definitiva. De todo ello se aprovechó un Barcelona que mantuvo un ritmo inmisericorde, hizo gala de una interminable amplitud de recursos y castigó con una crudeza asombrosa todos los errores azulgranas. Tras un celestial comienzo, el desigual estado de unos y otros devolvió tristemente las aguas a su cauce. Varios rebotes defensivos que se fueron al limbo para regocijo de Ndong, tres minutos volcánicos de Navarro y la pérdida del rigor atrás obraron la previsible reacción visitante.

contra un imperio El Baskonia navegó entonces a contracorriente desde el segundo acto. A base de impulsos, anteponiendo el corazón a la cabeza, intentó poner tiritas para subsanar la herida. Barac sostuvo un juego interior donde un genial Lorbek llevó la voz cantante y Marcelinho imprimió alegría en la dirección. Sin embargo, se echó de menos la pujanza de otros. Teletovic, convertido siempre en el termómetro baskonista para lo bueno y para lo malo, fue engullido por los grilletes de Pascual, Oleson y Herrmann volvieron a mostrarse incapaces de dar un paso al frente, mientras que Splitter purgó su falta de rodaje.

En la acera de enfrente, la exprimidora blaugrana halló notables y variadas soluciones. Con una rotación amplísima para hacer y deshacer a su antojo, el técnico visitante fue minando paulatinamente las fuerzas alavesas. Pese a ello, hubo un atisbo para la esperanza (72-76). Una infantil pérdida de Teletovic frustró las últimas esperanzas. Un contragolpe culminado por Navarro, la perfecta antesala de dos triples a cargo de Ricky -su sangre fría con 19 años no es propia de este mundo- y Lorbek, supusieron el baño de realismo. No queda otra que resignarse.

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