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La Llanada, desde la antigüedad, ha sido tierra de paso. Este corredor entre montañas ha servido de cruce de caminos con las comarcas vecinas y también como ruta entre Europa y la Península. Unos caminos ahora casi reservados para los peregrinos.
Fernando Sánchez Aranaz
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El camino de Postas. (F.S.A.)
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No es ningún secreto que la Llanada alavesa ha sido, desde siempre, una tierra de paso. Ésa, la de ser un cruce de caminos, es su principal característica a través de la que adquiere su significación histórica.
Geográficamente, la Llanada es un corredor entre montañas. Al norte las sierras de Aratz, Aizkorri, Urkila y Elgea, al sur las de Entzia e Iturrieta, que continúa en los Montes de Vitoria. Estas sierras son, las del norte, continuación de las llamadas sierras exteriores meridionales pirenaicas, de naturaleza caliza, yuxtapuesta a la cadena pirenaica silícea más antigua. Esta cadena continúa hacia el oeste por los montes de Anboto, Gorbeia, Gibijo, Gilarte y Garobel, para terminar en el puerto de Angulo. Las sierras del sur, por su parte, son continuación de las sierras prepirenaicas.
Entre ambas cadenas, a lo largo de toda la cordillera, se extienden una serie de llanuras, de las cuales la Llanada de Álava es la más occidental. Forma una especie de embudo, cuya parte estrecha comunica por el este con la Sakana, estando su parte ancha taponada a poniente por las sierras de Arrato y Badaia. El río Zadorra es el eje de esta comarca natural que puede subdividirse en dos zonas. Al este la Llanada propiamente dicha, denominada a veces Llanada oriental, y al oeste la cuenca de Vitoria.
Como puede suponerse, han sido muchos los caminos que a lo largo de la historia han atravesado la Llanada. Pueden clasificarse por su orientación como longitudinales, los que siguen la dirección este-oeste, y transversales, los que van de norte a sur. Estos caminos han comunicado tradicionalmente la Llanada con sus comarcas vecinas, siguiendo las rutas de la pequeña trashumancia de los ganados entre el llano y las sierras del norte o del sur. Vestigios de aquel tránsito son los dólmenes de Egilaz y Arrizala. Así las montañas se convierten no en frontera, sino en nexo de unión. Prueba de ello son las extensas relaciones familiares entre las gentes de la Llanada y las de los valles guipuzcoanos adyacentes.
calzada romana Sin embargo, los caminos con mayor trascendencia histórica de la Llanada son los que unen el continente europeo con la Península Ibérica. En la actualidad, los principales caminos longitudinales son la N-I y la vía del ferrocarril, que confieren a la Llanada su carácter de corredor, de lugar de paso. En el pasado, el principal camino longitudinal fue la calzada romana iter XXXIV, llamada Vía Trajana, que iba de Burdigala (Burdeos) a Asturica (Astorga), que pasaba la cordillera por Roncesvalles y proveniente de la Iruña de Pamplona y Aracoeli (Arakil), atravesaba la Llanada por Alba (Albeniz), Agurain, Tullonio (Dulantzi), Suessatio (Arkaia) y la Iruña de Veleia. Este camino fue utilizado con preferencia hasta la conquista de la parte occidental del Reino de Navarra, por parte de los castellanos, en el año 1200. Estuvo en uso prácticamente hasta el siglo XIX. La labranza y la concentración parcelaria han impedido que hayan quedado restos de esta calzada, en su tiempo espléndidamente pavimentada, más allá de la toponimia. En Alegría-Dulantzi todavía es llamado Camino de los Romanos.
A partir de 1200, el camino hacia Europa ya no puede pasar por Sakana y lo hace por el paso de Lizarrate, el más oriental de los caminos transversales de la sierra norte. Este puerto, más tarde llamado de La Santísima Trinidad (Santa Tria), hoy conocido como San Adrián, que venía usándose desde antiguo de manera secundaria, se convierte en principal para unir Gipuzkoa y Álava, de tal manera que el paso por la montaña se sustituye por un túnel, obtenido horadando la roca para ampliar una cueva preexistente, sobre el que se construye un castillo. Este camino enlazaba con la vía romana en Egilaz, pero, a partir de la concesión por el rey de Castilla Alfonso X del fuero a Hagurahin en 1256, con la categoría de villa y la adopción del nombre de Salvatierra, se dirige a la nueva villa. De esa manera, el camino a partir de entonces pasa por Zalduondo, Agurain, Gazeo, Ezkerekotxa, Aiala, Arrarain, Añua y Estibaliz. Más tarde por Alegría y Elburgo, fundaciones del año 1337, ideadas precisamente para concentrar la población y el comercio en las orillas del camino.
camino de postas A partir del siglo XV comienza a usarse una nueva vía para llegar a Vitoria, más corta y rápida, utilizada por aquellos viajeros que, tras cruzar el túnel de San Adrián, no precisaban pasar por Salvatierra. Esta vía descendía a Galarreta (el lugar de la Calzada), Luzuriaga, despoblado de Udala, Heredia, Audikana, Mendixur, Arbulo y de allí a Vitoria por Ania e Ilarratza. Con la prosopopeya de la época se le conocía como Camino Real de las Postas al Reino de Francia y otros Reinos del Norte. Había, así, un camino más comercial, el del sur, y otro más rápido, el del norte, que por esa característica sería utilizado para postas y diligencias.
En el siglo XVIII, en el contexto de las reformas borbónicas, se establece el paso del Camino Real, que iba de Madrid a Francia, entre Álava y Gipuzkoa, por el puerto de Arlaban, el más occidental de los caminos transversales entre Gipuzkoa y la Llanada, con un itinerario más largo pero más cómodo, que está ya en funcionamiento en 1765, con lo que el Camino de Postas va perdiendo importancia. A este camino le daría la puntilla la construcción de la vía férrea, a partir de 1858, que sigue más o menos el trazado de la calzada romana. La carretera N-I, ya en el siglo XX, describe un trayecto paralelo y más rápido, sobre el camino de Salvatierra a Vitoria, construido en 1820.
Estos caminos eran recorridos por viajeros de todas clases, mercaderes, ejércitos y por los peregrinos a Compostela, los únicos que en la actualidad siguen recorriéndolos con cierta asiduidad. En definitiva, nos encontramos ante dos caminos con amplia tradición, con un uso diverso, en el que son relevantes las huellas de las peregrinaciones a Santiago. Los Caminos de la Llanada, principalmente en esta faceta de Caminos de Santiago, constituyen una de las principales señas de identidad de la comarca, tanto desde el punto de vista sociocultural, como del patrimonial y del turístico.
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