Publicidad
Herramientas de Contenido
[Entrar | Registrarse]
por Íñigo Muñoz - Lunes, 1 de Marzo de 2010 - Actualizado a las 08:03h
votos
comentarios
SIEMPRE que llegan los Juegos Olímpicos de Invierno revive en bares, salones y alguna esquina el debate sobre si el curling es o no es un deporte. Confieso que he pasado horas muertas frente al televisor observando las evoluciones de equipos masculinos o femeninos, da lo mismo, sobre el pasillo de hielo con círculos concéntricos, y eso sin conocer en profundidad las reglas del juego. No sé qué me atrae, si la singular postura a la hora de lanzar el pastillón con mango, el frenesí de las barredoras, los gritos, la habilidad de ese giro con efecto, el quítate tú para ponerme yo... Es algo inexplicable, y más inexplicable aún encontrar amigos a los que les ocurre lo mismo. Sin ánimo de ofender, más aún sabiendo que en Vitoria hay cierta afición a este deporte e incluso, creo, grupos que lo practican, otro colega sitúa el curling junto a otras disciplinas que, sin ser olímpicas, disfrutan de horas de programación en las tedetés: los dardos y los bolos. Respiren. Pregúntense qué une a estos dos últimos juegos. ¿Lo tienen? Claro que sí: unas cervezas. Son ambos ejercicios cercanos a la barra de un bar, más alineados al ocio que al chándal, al menos para los profanos que buscan en ellos pasar un buen rato entre trago, lanzamiento y carcajada. Y el curling, pues lo mismo pero en los países septentrionales. Lo cual obliga a pensar que muchas tabernas del norte del globo están equipadas con avenida helada, escobas y zapatillas deslizantes, y eso quizás es mucho pensar. Dejémoslo, pues, olímpico. El curling es más deporte.
Gracias por su comentario
Publicidad
Publicidad
El Congreso abre al público el registro de actividades de los 350 diputados
Conferencias, creación literaria y presencia en fundaciones, las actividades más comunes
Publicidad