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Un individuo de unos 40 años y completamente ebrio, según testigos de lo ocurrido, robó a plena luz del día de ayer un coche patrulla de la Policía Local en Sansomendi, se dio a la fuga y lo estrelló en una rotonda de Adriano VI.
Axier Burdain
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El vehículo sustraído a los agentes estaba en doble fila, abierto y con las llaves puestas. (A.L.)
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Los vecinos comentan que los agentes habían llegado para atenderle porque estaba ebrio, pero nadie sabe cómo acabó haciéndose con los mandos del coche patrulla. Lo cierto es que el vehículo de la Policía Municipal estaba en doble fila cerca del número 12 de la calle Antonio Machado, abierto y con las llaves puestas. Apenas eran las 10.00 horas y nada hacía sospechar que el vehículo corría peligro, aunque la realidad, como reza el dicho, supera a la ficción y la escena acabó siendo más surrealista que aquellos finales de los sketches de Benny Hill en los que todo el mundo acababa persiguiéndose de forma absurda.
El origen del jaleo se remonta a las 9.00 horas del lunes, momento en el que un ciudadano bastante perjudicado por la ingesta de alcohol deambulaba por Sansomendi tras haber pasado una larga noche o después de haber madrugado mucho para retomar sus costumbres. En cualquier caso, recaló en el bar El Encuentro, donde se enfrascó en disputas poco edificantes con el resto de la parroquia. Después de dirigirse a gritos al respetable para manifestar sus enormes ganas de jugar al mus, la paciencia del dueño del local dijo basta y éste llamó a los municipales, que pusieron al individuo de patitas en la calle. No lo llegaron a detener porque, según explicaron a los testigos, no había ocasionado daños mayores.
Al cabo de unos minutos regresó al bar, de donde fue conducido nuevamente al exterior, esta vez por parte de los responsables del establecimiento. El hombre decidió cambiar de aires y probó suerte en el vecino bar Gasteiz. Pidió un pintxo y un vino, pero el hostelero, con buen criterio, accedió sólo a lo primero. El individuo salió, volvió a entrar, pidió un café con leche, ojeó unos boletos, se tomó el café, salió otra vez y se sentó en un banco. En ese momento entraron en juego los agentes locales.
Una patrulla de la Policía Local y un motorista habían aparcado sus vehículos en doble fila y, por motivos que aún se desconocen, el coche estaba vacío y con las llaves puestas. Fuentes del cuerpo consultadas por este diario aseguraron que habían acudido precisamente a ocuparse del borracho y precisaron que en ciertos casos se suelen dejar las llaves en el contacto para activar los rotativos (sirena) del vehículo y que estos marquen su posición. Sea como fuere, los policías no vieron al individuo. Entre la confusión éste se dio cuenta de que era su oportunidad y se llevó el coche. Tal cual.
Los ocupantes legítimos del vehículo se lanzaron a la carrera a pie tras el coche que, guiado por el borracho, enfiló a toda pastilla la avenida de Los Huetos. El motorista también se puso a perseguirle y un Nissan Patrol del Grupo de Acción Rápida (GAR) de la Guardia Civil, alertado por los vecinos que reclamaban a gritos su intervención, se sumó a la caza cuando el grupo pasó por las cercanías del cuartel. Según los testigos, se vivieron momentos de tensión porque los vecinos eran conscientes de que el individuo no se encontraba en condiciones de conducir y que en cualquier momento podía producirse un accidente.
El fugitivo, de unos 40 años, superó el Seminario y acertó a doblar hacia la calle Méjico, pero al llegar a la rotonda de Adriano VI en San Martín se le agotó la suerte y acabó estrellándose. Una vez detenido, dio 1,40 en la prueba de alcoholemia que se le practicó. El concejal de Seguridad Ciudadana, José Manuel Bully, ya ha ordenado que se inicie una investigación para esclarecer lo sucedido.

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